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Lega-legalización

marzo 11, 2009

Evo Morales pide a la ONU eliminar la hoja de Coca de su lista de estupefacientes prohibidos. Por desgracia no le mueve un propósito liberal: no pretende menos restricciones sobre el consumo libre y responsable de todo tipo de sustancias. Su posición política es particularista e interesada.

Defender la “legalización” de todo tipo de drogas, no solo en su estado puro, sino en todas las formas que pudieran tomar a partir de su alteración química, es apostar por la interiorización de costes, disciplinar la conducta y, en definitiva, una sociedad de individuos más responsables.

El prohibicionismo no logra el resultado propuesto. Es más, conduce a situaciones mucho más inquietantes y perjudiciales. Al tratar de extirpar por la fuerza el acceso al conocimiento actual sobre las diferentes sustancias estupefacientes y adictivas, únicamente se logra consolidar una sensación de miedo irracional, peligro e ignorancia que tristemente llevan a muchos al consumo irresponsable. No hace falta probar una cosa para saber que no nos interesan sus efectos, o no nos conviene la adicción o la degradación que acarrea. Lo importante es que la realidad no nos sea ajena, que el Estado no pretenda edulcorar nuestra percepción, introduciéndonos absurdos reparos mediante propaganda más burda y tremendista si cabe.

Las drogas están ahí, prohibidas o no. La innovación hace que continuamente salgan al mercado negro todo tipo de variedades. Los consumidores acuden desprotegidos (muchas veces no están seguros de lo que compran), como todo el que tiene que recurrir a un mercado negro para colmar sus apetencias. La proscripción hace que los adictos y consumidores estén dispuestos a pagar precios altos. Esos precios son un incentivo muy fuerte para asumir el riesgo que conlleva introducirse en el sector como importador, manipulador y distribuidor. Lo normal es que se convierta en un negocio asociado a otras actividades prohibidas, muchas de ellas efectivamente delictivas.

El tráfico de drogas, en sí mismo, no es una acción que genere víctimas. Los consumidores, mientras que sean voluntarios y no se les engañe respecto a lo que están adquiriendo y sus posibles efectos, son los únicos responsables de toda consecuencia derivada de la ingestión. Su tipificación penal se enmarca en el listado de delitos sin víctima que el Estado define persiguiendo fines muy distintos a la defensa de la libertad individual, la vida y la integridad de las personas. La salud pública justifica casi cualquier intromisión en los actos libres y voluntarios de los ciudadanos.

Es una hipocresía mantener esta situación por más tiempo, sus efectos son perversos: no se consigue un nivel mayor de interiorización de los costes derivados de nuestros actos propios; el consumo de drogas sigue creciendo; el mercado negro resiste incautaciones y persecución, consolidándose un entorno de delincuencia real a su alrededor; el consumidor toma sustancias que no se corresponden con lo que buscaba, produciéndose, en el peor de los casos, efectos adversos e incluso letales.

La legalización de las drogas es la única solución: abolir el prohibicionismo debe ser una de las metas del liberalismo, pero es que además sería imposible que las cosas fueran peor de como van. Empeñados en construir una sociedad de borregos adormilados solo se ha conseguido que crezca el número de adictos e irresponsables. La degradación social resultante nos perjudica a todos.

Saludos y Libertad!

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12 comentarios leave one →
  1. marzo 11, 2009 4:27 pm

    En este caso nunca estoy de acuerdo con vosotros, creo que no se pueden legalizar las drogas hasta que no exista una legislación que regule la irresponsabilidad de las personas, todos somos libres de drogarnos, acabar con el hígado hecho paté por alcohol o que nos exploten las arterias por comer toneladas de bacon pero, ¿debemos costear los gastos sanitarios de la gente que no mira por su salud? y en el caso de hacerlo ¿no se habría acabado con la libertad individual? no sé, creo la legalización sería la peor solución.

    Saludos

  2. marzo 11, 2009 6:39 pm

    ¿Debemos costear los gastos sanitarios de la gente que no mira por su salud?

    Obviamente, no. Aunque en verdad, consecuentemente, nadie tiene por qué verse obligado a sufragar los gastos en salud (sean cuales sean) de otra persona distinta de él.

    Esas son cuestiones que, al menos yo, asumo implícitas al hablar del proceso de legalización. De hecho, tampoco hace falta imaginarse un escenario hipotético: a día de hoy, qué mejor ejemplo que las enfermedades derivadas del tabaquismo o la obesidad.

    Más de lo mismo, realmente.

  3. marzo 11, 2009 7:21 pm

    Llevas razón, Matritensis. Defiendo la legalización con todas las consecuencias.
    Desgraciadamente hoy por hoy, con ciertas drogas interdictas, estamos pagando entre todos las consecuencias que provocan en sus consumidores. La responsabilidad exige que asumamos los costes de nuestras acciones, todos ellos.
    El Prohibicionismo convierte al adicto en una víctima de no se sabe qué, le exonera por completo y crea un sistema de amparo que no hace sino contribuir a que otros tantos caigan en el exceso con más facilidad.
    Saludos!

  4. jashondo permalink
    marzo 11, 2009 11:28 pm

    Yo les dejaba hartarse de coca , lo que no se es si autorizaria los sacrificios humanos y las guerras tribales.

  5. marzo 12, 2009 8:00 am

    “¿Debemos costear los gastos sanitarios de la gente que no mira por su salud?”

    Complejo, pero yo incluiría en ese grupo de “gente que no mira por su salud” a los que van a más velocidad de la permitida por las autopistas y carreteras (además, no miran por la salud de sus conciudadanos, pero esa es otra), a TODOS los fumadores activos (de hecho, que se haga un carnet específico para quienes consumen tabaco (si fumas y te jodes los pulmones, paga tus nuevos pulmones, por vicioso), a quienes tengan niveles elevados de colesterol (si a estas alturas no saben que esa cantidad de grasas que se tragan les va a llevar a la tumba, es su problema).

    De corazón, tienes toda la razón en cada palabra que has escrito. No te vayas a enfadar, eh.

    Para poner algún “pero” (sino, no sería yo), me quedo con tu frase “Las drogas están ahí, prohibidas o no”, y añado: el aborto está ahí, prohibido o no, la gente va a seguri haciéndolo.

    Saludos cautos,
    .

  6. marzo 12, 2009 2:24 pm

    El homicidio está ahí, prohibido o no

    puestos en esas…

  7. marzo 12, 2009 3:19 pm

    En efecto, Matritensis, y el homicidio está debidamente legislado, en todos sus supuestos (homicidio, asesinato, grados de voluntariedad, responsabilidades penales…)

  8. marzo 12, 2009 4:38 pm

    Hoy he leído que en Inglaterra han propuesto subir los impuestos al chocolate (el de comer) para así evitar la obesidad.
    Que esta chorrada la digan aquí entra dentro de lo normal pero no en GB, esto es ya un delirio

  9. marzo 12, 2009 5:01 pm

    Anonimus, estás mezclando cosas que no tienen nada que ver. Las drogas, en sí mismas, no conllevan ningún hecho ilícito ni perjudican a quien no decide tomarlas. El homicidio o el aborto son actos lesivos contra la integridad y la vida de terceros. Tú comparación no sirve.
    Matritensis, el problema son los impuestos… si yo tuviera una empresa dedicada a asegurar la salud es evidente que a un obeso, un cocainómano o un escalador le cobraría una prima elevada. Cada uno se paga sus vicios, los riesgos que conllevan y los costes que finalmente despliegan. Por desgracia en los sistemas de expolio y redistribución como en el que vivimos, pagan justos por pecadores, siempre!
    Saludos!

  10. marzo 12, 2009 8:34 pm

    Y si haces eso te denunciarán por discriminación, esto es así

  11. marzo 12, 2009 11:20 pm

    YSH: permítame una observación sobre su frase “Las drogas, en sí mismas, no conllevan ningún hecho ilícito ni perjudican a quien no decide tomarlas”. No voy a hacer referencia al error médico de la segunda parte de esa frase, que es sobradamente conocido. Tengo, como todos, conocidos que recurren al consumo recreativo y están muy convencidos (y engañados) de que no sufren un “perjuicio”, como usted le llama. Allá cada uno.

    Por otro lado, es de todos conocido que el consumo de drogas o alcohol, en un porcentaje elevado de los casos, lleva parejos “actos lesivos contra la integridad y la vida de terceros” (por usar, si me permite, sus propias palabras). Piense que en los USA no son raras las demandas por agresiones a la integridad moral por parte de personas que han sido insultadas por individuos alcoholizados o drogados. Y piense en quienes cojen un coche, siendo totalmente conscientes de que están bajo los efectos de una droga: si un drogado o alcoholizado conduce, bajo su responsabilidad, y mata a alguien, ese homicidio debería ser tipificado de forma pareja a un asesinato, siempre. Si se legaliza en consumo, deberá definirse en marco en el cual llevarlo a cabo, que debería ser, básicamente, “cada uno en su casa y sin molestar a nadie”.

    El ilícito o perjuicio a terceros no va implicito en el consumo, como usted señala acertadamente, pero tampoco la posesión de armas implica que se vaya a usar ese arma para matar, y sin embargo, como activo de peligrosidad que son las armas, es ilegal poseerlas y portarlas sin licencia. Por ello, la legalización debería incluir un “permiso de consumo” en el que el consumidor se responsabilizase en caso de causar daños a terceros, porque las drogas son tan potencialmente peligrosas como las pistolas o los coches, y si ambos precisan de un permiso para ser manipulados, también las drogas deberían tenerlo.

    Pero hay algo más importante y delicado de legislar. Una persona bajo los efectos de determinadas dosis de drogas, e incluyamos el alcohól, no está en plena posesión de sus facultades o de su conciencia. Ello no es delito, en sí mismo, pero genera un vacío de responsabilidad que es muy peligroso, como muchos países han recogido en su legislación. Básicamente, la barrera está entre quienes consideran que un delito bajo los efectos de las drogas supone un agravante, y quienes lo consideran un atenuante, dada la menor capacidad de discernimiento del individuo.

    Yo me sumo a los que lo consideran agravante: si se legaliza alguna droga, deberá quedar bien claro en el código penal que los delitos llevados a término bajo sus efectos serán agravados. Al fin y al cabo, nadie obliga al delincuente a consumir. Y por supuesto, ello debería afectar ya mismo a las drogas legales, como el alcohol o incluso el tabaco, pero es muy impopular.

    Me gustaría finalizar recordando, de nuevo, que estoy de acuerdo con su artículo, como ya dije arriba.

  12. marzo 13, 2009 12:34 am

    Si queremos ser libres tenemos que ser responsables de nuestros actos, aun cuando los cometamos bajo los efectos de determinadas drogas. Nada debe atenuar la culpa cuando haya sido consumido libremente.
    Saludos!

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