Skip to content

Megalomanía ineficiente

marzo 13, 2009

Sarkozy diseña un nuevo Gran París para integrar la conflictiva periferia… Es la razón de ser de todo gobernante francés que se precie. Lo llevan en la sangre, fueron los inventores del urbanismo a gran escala, de la construcción de escenarios teatrales para dar cobijo, luz y gloria a su estatismo desaforado. París, ya lo hemos dicho antes, en su belleza y grandeza esconde un espíritu bárbaro, genocida y destructor.

Ahora le toca al nuevo líder, al visionario del siglo XXI que con las limitaciones de la Sociedad Abierta pretende para el corazón de Francia una nueva oportunidad. En competencia directa con las moles urbanas de los países emergentes, no solo en esto el estatismo orgulloso de la vieja Europa se lamenta. No basta con pequeñas operaciones, incursiones ajustadas más o menos sostenibles. Sarkozy pretende un Gran París que alcance en pocas décadas la decena de millones de habitantes. Un paraje idílico que integre a ricos y pobres, franceses de pura cepa, de primera, segunda o cuarta generación.

Para ello ha convocado, con el dinero de todos, un concurso de ideas. Malditos los concursos de ideas como escusa de la megalomanía, son el cónclave soñado para todo arquitecto totalitario. La mayoría de ellos lo son: se creen con la capacidad de diseñar las jaulas sociales donde habitaremos las previsibles hormiguitas dentro de un esquema de imposible previsibilidad. Sus sueños tienden a convertirse en las pesadillas de los ciudadanos. El mejor ejemplo, el urbanismo “social” (como si pudiera existir uno que no lo fuera), ese que trata de planificar la existencia del desamparado o de quien dada la intervención y las distorsiones provocadas por el Estado se ve incapaz de acceder al mercado libre de vivienda. Esas monstruosidades arquitectónicas ponen obstáculos a la coordinación social, calan en sus habitantes forzando el desarraigo y la perpetuación de situaciones insufribles.

Otro ejemplo del totalitarismo que rezuman los arquitectos es la moda actual por integrar utopías con ambientes sostenibles. Una combinación que cree de la nada escenarios de interacción condenados al fracaso, a la degradación. Son muchos los ejemplos urbanísticos y arquitectónicos que demuestran la impronta que tiene en estos técnicos la soberbia y arrogancia propias del planificador social que se cree facultado para diseñar la realidad garantizando resultados específicos.

Sarkozy se enfrenta, él y los arquitectos que han accedido a semejante atentado contra la inteligencia, a los límites de integración urbana y la eficiencia misma del resultado de su obra. Una de las obsesiones de las últimas décadas ha sido dar soluciones integrales a gran escala, ordenar el territorio y articular conjuntos urbanos capaces de albergar a millones de almas, que viven, trabajan y buscan ocio al unísono. Se tanteó el centralismo, de ahí a la descentralización, al sistema nodular, a la red, a la malla, a la integración estratificada… esfuerzos de planificación racional de lo que a partir de un nivel debe ser fruto exclusivo de la espontánea ordenación. Es complicado de ver, imposible si se confía en las infalibles dotes del urbanista convencido, pero también aquí impera con fuerza irresistible el principio fundamental de la vida en sociedad: el policentrismo y el mutuo ajuste individual posibilitan una coordinación imposible en el diseño deliberado.

Sarkozy es francés, es presidente de la República, necesita envolverse de gloria y dejar su granito de arena. No le basta un Pompidou, un arco del triunfo o unos campos Elíseos. No tiene sentido refundar a pequeña escala reproduciendo el espíritu de Haussmann. Necesita que un gran bulevar con su nombre recorra el Gran París de punta a punta, dejar para la posteridad una gran estructura de interacción capaz de ser escenario para sus tropelías, legado de una impronta artificial sobre la vida de los franceses que estén por venir.

Saludos y Libertad!

Anuncios
9 comentarios leave one →
  1. Jon permalink
    marzo 13, 2009 2:21 pm

    Lo siento, pero habiendo crecido en las afueras de Barcelona, en barrios sin planificar, le aseguro que el urbanismo, con toda la planificación que quiera, con todo el intervencionismo, se ve con muy buenos ojos. Por supuesto hay buen y mal urbanismo. Igual que buenos y malos arquitectos. Pero seguro que no vive usted en una casa diseñada por “las fuerzas del mercado libre”.
    Uno, en este tema, es decididamente intevencionista. Eso sí, hay que estar muy, pero que muy vigilante, para que el intervencionismo no se dirija a beneficiar el bolsillo de los amiguetes.
    Ya sé que no es un modelo perfecto, pero la experiencia acumulada es abrumadora.

  2. marzo 13, 2009 4:18 pm

    Yo creo que unos buenos planes urbanísticos son esenciales en una ciudad. De todos modos, París crece hacia afuera desde hace siglos.
    Que Sarko el napoleoncito quiera dejar su impronta es lógico, es megalómano, igual que la ciudad de París.

    Me he enterado de tu crítica pero no he pillado tu idea sobre cómo se deben trazar las ciudades o quién.

    Saludos 😉

  3. marzo 13, 2009 4:42 pm

    Por lo menos es con el dinero de los franceses, no obstante, si le queda bien será un pionero, sino un fracaso, estas cosas se juzgan por sus resultados. Así que habrá que esperar. Los planes urbanísticos son necsarios porque crecer sin control ni plan ccontrae muchos más gastos de remodelación posteriores.
    Espero que le salga bien.

  4. Jon permalink
    marzo 13, 2009 6:33 pm

    Las ciudades son work in progress. No hay nada definitivo. Pero un error a menudo se tiene que sufrir a perpetuidad. Como dice David, los costos de arreglar una mala planificación. o su ausencia, son elevadísimos. .
    ¿Cómo reformar las ciudades surgidas al calor del sprawling en los 50 y 60 en la Costa Oeste de Estados Unidos? ¿Los Ángeles, ese infierno social y urbanístico?
    En conparación, las viejas ciudades de Nueva Inglaterra, o las pequeñas y medianas ciudades del Sur, son infinitamente más agradables y “vivibles”.

  5. marzo 13, 2009 7:35 pm

    Lo admito, soy un pequeño megalómano, me encanta el urbanismo y la planificación del territorio. Pero me temo que existe un límite en alguna parte: no se puede urbanizar el cosmos, y de ahí para abajo me temo que no tiene sentido tratar de suplantar a las fuerzas vivas del orden espontáneo planificando el “Gran París”.
    El post apuesta por la humildad, los límites y asumir que no cabe la perfección a gran escala (ni a pequeña). Es decir, sí a la ordenación deliberada zonal (respetando, siempre, la propiedad privada), no a la megalomanía. Pero repito, los límites son difusos y puede que uno se aplique a una determinada infraestructura mientras que otro sea más o menos extenso y se superponga a aquel. Es complejo.
    Saludos!

  6. junio 19, 2009 6:00 pm

    Reivindico humildemente la autoría de las fotografías aparecidas en este artículo. Un saludo y suerte con su blog.

  7. junio 19, 2009 8:03 pm

    Pues pensaba que las había hecho yo, pero no fue así, lo he comprobado en el archivo. si son tuyas, muchas felicidades, son realmente buenas 🙂

    • junio 24, 2009 1:15 am

      Sabes? Lo mismo me ocurrió a mí al leer tu texto, que pensé que era mio! Lo he comprobado y ciertamente es tuyo, enhorabuena!

  8. junio 24, 2009 10:06 am

    Hombre, no seas así, es que también he subido a las torres y he hecho fotos desde ellas, aunque admito que las tuyas son mucho mejores, jejeje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: