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Dragó no sabe teoría

marzo 18, 2009

Le pone ganas, pero es un liberal que cojea. Intenta vender una imagen ácrata y desencantada, pero se queda, muchas veces y por desgracia, en el sofisma y la pantomima.

Publica en “Dragolandia”, su blog en El Mundo, sendos textos de Lenin y Jefferson. Esperemos que el rigor que le caracteriza no le haya hecho transcribir incluyendo iluminaciones e interpretaciones varias, a lo Cayo Lara. Con este simple gesto pretende demostrar que los extremos se tocan, solapan y confluyen. No sabemos si se está proponiendo como alternativa aristotélica o mero Pepito Grillo sabelotodo. Ayer mismo, en su columna en la edición escrita del mismo periódico proponía algo que aquí hemos defendido en varias ocasiones: legalizar las drogas. Pero con un interesante destino: salvar al sistema financiero, nacionalizando el monopolio de fabricación y distribución de estupefacientes, destinando de ese modo todos los beneficios logrados a tapar los agujeros de solvencia que atenazan nuestra economía. Discutible, por su estatismo interesado y por creer que el mercado negro desaparecería sin más dando paso a un servicio más del Estado. Como si los precios de la interdicción se pudieran sostener a golpe de monopolio… este no es el tema.

Después de la divagación, oportuna pero circunstancial, vayamos a los dos textos que nos presenta el escritor tántrico. En el primero se nos presenta un Lenin coherente: si el Estado quiere controlar toda la actividad económica resulta indispensable la nacionalización de la banca. Pero no basta con la titularidad de los agentes, sino que se requiere la fiscalización de todo movimiento financiero, la regulación de toda operación, la supervisión de la actividad en relación con los agentes particulares. Vaya, algo así sucede hoy en día. Lenin triunfó en algo: el sistema monetario y bancario occidental, “capitalista”, reproduce los esquemas del socialismo real, con la salvedad de que existen titularidades privadas sobre los bancos, dependientes en todos los sentidos, eso sí, de un Banco Central público, dispensador de dinero fiat y controlador del tipo de intervención, entre otras muchas cosas.

Yerra Dragó en su comparación. El texto de Jefferson no clama por más socialismo y menos libertad, todo lo contrario. Es un ejemplo de cómo en su época ya imperaba el perverso privilegio que ha conducido a esta y toda crisis económica de origen monetario. El presidente de los EE.UU dice literalmente (según Dragó):

“Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecen en torno a los bancos privarán a la gente de toda su posesión, primero por medio de la INFLACIÓN, seguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron.”

No sé como sigue ni en qué contexto se encuentra este texto, pero la desconfianza que suscita la banca privada dotada del privilegio de emisión de medios fiduciarios gracias a la reserva fraccionaria, no es, en absoluto, un ejemplo de socialismo, sino todo lo contrario. El origen de esta crisis, querido Dragó, no está en el “exceso” de libertad o en la insuficiente o deficiente regulación estatal. Cuatro son los elementos que la han hecho posible, como lo vienen haciendo desde que el negocio de la banca comenzó a vulnerar los principios generales del Derecho que diferencian nítidamente entre las causas y consecuencias de los contratos de depósito irregular y préstamo.

Primero la apropiación indebida sobre los depósitos a la vista, multiplicando la disponibilidad sobre el mismo dinero, expandiendo la oferta monetaria hasta en diez veces su cantidad real.

Segundo el refrendo estatal de esta práctica, concediendo semejante privilegio única y exclusivamente a la banca de depósito, convirtiéndola de forma fraudulenta en banca de inversión, endeudándose a corto (cortísimo) y prestando a largo.

Tercero, dado el 100% de mortalidad de todo banco con reserva fraccionaria llegada la inherente y consecuente contracción, la creación de un prestador de última instancia con el cometido de suministrar la liquidez necesaria al sistema bancario de reserva fraccionaria.

Cuarto, puesto que llegada la crisis resulta imposible salvar el entramado bancario con un dinero de mercado, libre y espontáneo, como son los metales preciosos y en concreto el oro, la expropiación del dinero por parte del Estado imponiendo de una forma u otra un dinero fiat, no convertible, emitido en cantidad y calidad a su antojo.

Ese, Dragó, es el sistema que hoy se hunde. Un híbrido entre lo que defendía Lenin como instrumento sin el que resulta imposible el socialismo real, y todo lo que ha seguido a la vulneración de los principios generales del Derecho refrendando el privilegio de la reserva fraccionaria (y la creación de dinero sostenido sobre un entramado financiero inevitablemente incapaz de garantizarlo y todo tipo de argucias contables) en la banca privada. Esa es la banca que debemos repudiar y condenar todos los liberales: la que opera inserta en el sistema de intervención estatista sobre el dinero y las finanzas.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. marzo 19, 2009 5:30 pm

    Según Snopes, la cita “de Jefferson” es inventada (apareció por vez primera en 1937).

  2. marzo 19, 2009 10:30 pm

    Adam Smith ya advirtió de que eran los grandes capitalistas (con capacidad de influencia política) los principales enemigos del libre mercado y el comercio. Ellos buscarían por todos los medios conseguir ventajas del Gobierno para evitar la competencia interna y externa en forma de monopolios legales, restricciones a la importación, proteccionismo industrial y otras medidas públicas. En España para empezar los bancos son dueños de los partidos políticos, en virtud de las deudas contraídas para la financiación de las campañas electorales. Con ese poder pueden alterar las reglas del juego que deberían ser iguales para todos.

    Jefferson no era socialista, aunque de lo que decía en la oposición a lo que hizo en el gobierno hay un trecho. Fue el Voltaire americano y sigue siendo un personaje interesantísimo y fundamental.

    Un saludo.

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