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La importancia de una buena Defensa

marzo 19, 2009

En cualquier litigio, pero sobre todo en temas penales, un buen abogado puede contribuir enormemente a la mejor garantía de los derechos y libertades del imputado. Pensemos que el Estado sirve toda su maquinaria a Jueces instructores y fiscales en la indagación y averiguación de los hechos y circunstancias cuyo esclarecimiento resulte indispensable para la condena del acusado.

Los abogados penalistas, en casos más o menos complejos, no pueden limitarse a una defensa artificiosa e interpretativa. Su capacidad de manipulación de hechos y previsiones legales, testimonios y declaraciones, su alerta ante los posibles y más que probables excesos cometidos por la policía, el juez o el fiscal, son clave para resistir el envite de un Estado todo poderoso.

Es un tópico aquello de: “¿defenderías a alguien aun cuando supieras que es culpable de un crimen horrible?”. Cada uno es libre de decidir con qué cliente contrata. Caso diferente es cuando voluntariamente se entra en el turno de oficio penal. Excusarse en la defensa de quien te es adjudicado de acuerdo con unos criterios previos y objetivos puede traerte problemas o convertirse en un calvario. Todos los letrados que llevaron la defensa de los imputados por el 11M vivieron en sus carnes la mala suerte de ser los agraciados con semejante regalito procesal. Cuando uno está en el turno de oficio demuestra su compromiso con el derecho a una defensa profesional que tiene todo ciudadano reconocido en nuestra Constitución. Podremos debatir sobre la procedencia o no de dicha garantía, pero el caso es que rige en nuestro ordenamiento y se ubica en la esencia misma de nuestro proceso judicial.

Defender a un asesino confeso que cambia su declaración una y otra vez. Tratar de confundir la investigación, velar por lo que le es favorable a nuestro cliente y procurar la menor pena e incluso la absolución. Es la labor del abogado particular que se enfrenta con la ingente capacidad del Estado de probar y construir una causa en contra de un ciudadano.

En casos como los de Marta del Castillo, donde a nadie se le escapa que los detenidos, ahora en prisión provisional, son autores (en alguna de las formas previstas en el código penal) de su muerte (y algo más), la labor de sus abogados no debe verse como una burla o algo injusto y despreciable. Están cumpliendo un papel fundamental sin el que nuestra libertad, la de todos, estaría aún más a merced del estatismo y sus tretas para perseguir y encarcelar inocentes. Que paguen los culpables, sí, pero siempre reconocimiendo la legitimidad absoluta de sus abogados para buscar todos los resquicios que puedan beneficiarles en el proceso.

Saludos y Libertad!

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