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Aborto Civil

marzo 24, 2009

La normativa que se nos viene encima, Parlamento mediante, siembra de dudas el panorama. No sabemos si el PP recurrirá ante el Constitucional o temerá parecer una estampa deformada de tanto meapilas que habita en su seno. Pero la defensa de la vida bien vale una Misa, o eso creo yo, y si la Iglesia es la única fuente de opinión que se queja no deben dolernos los complejos ni molestarnos ciertas alianzas. Su apuesta, en este caso, es sincera y coherente, y de agradecer, aunque a mucho tarado le suene a reaccionaria e inquisitorial.

A lo que iba: al TC se le presenta una cuestión complicada. No es lo mismo despenalizar supuestos en casos muy particulares, aunque de facto uno de ellos abra la puerta al aborto libre, que directamente introducir un sistema de plazos a modo de consolidación del maltraído derecho de la madre a decidir sobre la continuidad de su embarazo.

Los embriones hace tiempo que no tienen derechos: son creados de la nada, descompuestos, alterados e implantados a sabiendas de su probabilísima inviabilidad gestacional. La ley de reproducción asistida y las últimas reformas y normativas sobre el tema han dejado más que clara la máxima que rige nuestro ordenamiento: el embarazo es un capricho y la vida del humano en formación un mero trámite para dar a luz una imagen de la perfección que ansiamos con enfermiza pasión. Nada de niños deformes, bobos y en breve, feos. Nada de dramas, nada de lamentos, si postergamos el momento de reconocimiento social y plena consideración al segundo del parto, nuestras conciencias tranquilas con todo lo que hayamos hecho con anterioridad.

La prometida nueva ley del aborto, en pos de alcanzar mayores cotas de igualdad, apuesta por reconocer a la madre el privilegio de disposición sobre la vida del embrión-feto-nasciturus. Asumamos que este panorama acabe siendo positivamente válido. Aborto libre con plazo, y sin él para los tarados e indeseables (así es como a partir de ahora toca llamar a subnormales y deficientes, digo yo). La vida pierde todo su contenido y acaba siendo una entelequia ideológica, una pose tenue e inconsistente. Pero es que además, ante semejante situación, percibimos con más nitidez si cabe la consolidación de la dictadura feminista: el hombre no pinta nada pero acaba pagándolo todo.

 

El aborto es cosa de mujeres y en nada se cuestiona al padre de la criatura. Si la hembra decide quitarse de encima al pequeño ser humano, el macho, aun cuando deseara su nacimiento, se queda con las ganas. Claro, es una cuestión de domino, el famoso “nosotras parimos, nosotras decidimos”, más allá de que luego, tras el parto, el hombre quede igualmente obligado por sus actos propios y voluntarios. Es decir, una decisión de la mujer puede, al mismo tiempo,truncar impunemente una vida que ella ha generado “voluntariamente” (con un acto sexual consentido), y que sin hacer peligrar su vida o integridad, ni tener la certeza de que lo que viene no llegará a tener consciencia de sí mismo ni un nivel soportable integridad física o mental, sostener un embarazo y exigir al padre manutención previa al parto y posterior a él, aun cuando éste hubiera decidido de igual forma desentenderse del fruto de su libertad, es decir, abortar con absoluta independencia.

 

Es por eso por lo que siendo coherentes con la normativa anunciada debería acompañar a la extensión del aborto una suerte de “aborto civil”, como derecho complementario de los hombres. Dado que ha sido el Ministerio de Igualdad el patrocinador del proyecto de ley, seamos igualitarios en los resultados, como gustan los socialistas: si la mujer decide porque lo lleva dentro, es razonable que el hombre tenga senda capacidad de elegir en cuanto a las consecuencias que tiene engendrar un hijo.

Si ella quiere proseguir con el embarazo en contrariando la opinión de él, lo justo es que aquel tenga el derecho a desentenderse de su hijo por completo. Si él quiere proseguir con el embarazo, y ella no, puesto que aquella tiene derecho a ejercer un dominio irresponsable sobre su cuerpo, el hijo común morirá causando, eso sí, un daño moral al afectado padre, que debería poder reclamar una indemnización a la abortista en compensación.

Es más, puesto que la ciencia avanza que es una barbaridad, incluso sin experimentar con embriones, judíos, eslavos y demás seres infames, un feto de 5 meses (21 semanas, o Dios mío!), puede ser viable: si la vida es posible fuera del seno materno, el médico abortista tiene en todo caso la obligación de socorrer lo que ella pretende aniquilar.

No deben faltar medios a ese respecto, sacando adelante a esos seres humanos que la Ministra, la progresía y toda la panda de frívolos irresponsables pretenden exterminar sin miramiento alguno. Podría el padre en dicha situación exigir que al menos se intentara, y tal y como avanza la medicina puede que llegue el día en que los embriones y fetos puedan transplantarse de una mujer a otra, liberando a la abortista y satisfaciendo el deseo de alguien de soportar a la criatura.

Vaya, que las posibilidades se abren camino, y del aborto libre pasaríamos a las demandas por daños, el aborto civil o el trasplante gestacional… la vida se abre camino, aunque deje regueros de cadáveres siempre por el mismo capricho del totalitario, por muy capaz que sea de envolver sus decisiones de buenismo progresista.

Saludos y Libertad!

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16 comentarios leave one →
  1. marzo 24, 2009 10:32 pm

    Excelente reflexión. No digo que esté de acuerdo en todo, sencillamente que su reflexión me parece sumamente acertada.

  2. marzo 24, 2009 11:18 pm

    ¿Pero cómo encaja esto de ser anti-aborto con ser indiferente ante el canibalismo voluntario?

  3. marzo 24, 2009 11:25 pm

    Iracundo, respira

  4. Pablo el herrero permalink
    marzo 25, 2009 2:07 am

    Completamente de acuerdo contigo yosoyhayeck. Hace ya algunos años que algunos hombres en nuestra lucha por desenmascarar al hembrismo feminista, en concreto en este tema del aborto, en contraposición al concepto de derecho al “aborto biológico” de las madres, acuñamos el concepto de derecho al “aborto jurídico” de los padres.

    Es este concepto de “aborto jurídico” de los varones defendíamos los mismos derechos que para las mujeres tiene su concepto de “aborto biológico”. Y aparte de otras consideraciones al respecto del aborto en si, en tanto en cuanto no exista tal derecho al “aborto jurídico” de los varones, deberemos definir como hembrista (en el sentido más fascista del término), a toda ley de aborto femenino.

    ¡Ah! Se me olvidaba que en jurisprudencia feminista, su concepto de igualdad entre los sexos, implica siempre privilegios para las mujeres y obligaciones para los hombres.

    ¡¡Seran fascistas!!

    Recibe un saludo yosoyhayeck por tu denuncia.

    Pablo el herrero

  5. marzo 25, 2009 12:53 pm

    Sí, respiro. Pero insisto: ¿cómo se concilia ser indiferente ante el canibalismo voluntario y esta llamada a la proscripción del aborto?

  6. marzo 25, 2009 3:31 pm

    ¿Porque el cuerpo del canibalizado es suyo, lo mismo que la decisión, pero el cuerpo del feto es suyo pero la decisión no?

  7. marzo 25, 2009 5:53 pm

    ¿Pero la ley puede prohibir que alguien haga algo con su cuerpo? Yo ya adelanto que creo que sí, pero este blog se distingue por decir que “no”.

  8. marzo 25, 2009 6:37 pm

    Pues mira, no estamos de acuerdo. Yo no creo que la ley pueda prohibir a un feto que se suicide.

  9. marzo 25, 2009 7:27 pm

    Claro que no. Porque usted habla de fantasías mientras otros hablamos de Derecho: del Derecho que es aquí y ahora, por supuesto.

  10. marzo 25, 2009 10:48 pm

    Bueno, según qué entendamos por “poder”. Poder, poder, el Estado ha podido prohibir y ha prohibido, según dónde y cuándo, hacer todo tipo de cosas con el propio cuerpo: participar en actividades sexuales no reproductivas; participar en actividades sexuales reproductivas; dejarse la barba; afeitarse la barba; suicidarse (aunque no a los fetos por ahora que yo sepa), o seguir viviendo (a diversas gentes: criminales, judíos, ancianos, pervertidos, demasiado tontos…).

    Ahora bien, yo opino que, aunque el mandamás (llámese Estado o llámese X), lo que es poder, pueda prohibir lo que le salga de las narices, no siempre está bien que lo haga.

    ¿Y usted? ¿Admite algún límite a la potestad estatal de prohibir (o de obligar)?

  11. marzo 26, 2009 9:35 am

    Pero es que no se discute aquí mi estatismo sino el hecho de que alguien que dedica el 90% de su bitácora a denunciar cualquier política estatal, por beneficiosa que sea, por ser “ilegítima” haga nada veladas apologías a la persecución, la proscripción, del aborto.

  12. marzo 26, 2009 12:13 pm

    No me suena que nuestro anfitrión rechaze toda coacción estatal; por ejepmlo, que considere ilegítima la p`roscripción del asesinato.

    Los límites de su estatismo no los estará discutiendo usted; yo, sí, porque me parece que vienen al caso ya que usted discute los del antiestatismo de Yosoyhayek.

    ¿Su respuesta significa que no admite límites a la potestad estatal de prohibir y obligar? Si fuera así, ya caigo en otra diferencia ente nosotros: yo soy ateo, usted tiene al Estado por Dios.

  13. marzo 26, 2009 7:14 pm

    En este caso resulta flagrante incongruencia que en este blog se pida la proscripción del aborto cuando en el pasado se han planteado cosas como que los delitos, sean cuales fueran, deberían ser impunes si las víctimas así lo decidiesen…

    Respecto a las ideas que esboza entorno a Dios, Estado y demás pues… ¿qué decir? Resulta evidente que me parece que el Estado no debe hacer algunas cosas por cuanto obran en contra del interés de la mayoría. Un interés éste que no está ligado a ningún peregrino criterio político o histórico sino a la mera observación del discurrir de la sociedad: que nos dice, por ejemplo, que las naciones ricas son las naciones donde prima la inventiva y la libertad de creación, de conciencia. Criterio éste, sin duda ilustrado, que nos lleva a pensar que los ladridos de la Iglesia Católica equiparando bellotas y robles (por usar la imagen empleada por un acertadísimo artículo de El País) son pura reacción y aspiración a mutilar la libertad.

    El Estado no es Dios pero los ciudadanos responsables no podemos permitir que algunos hagan un Estado para su Dios. Es malo para la salud de la sociedad (no olvidemos que las imprecaciones eclesiales contra “la usura” o “las multinacionales” no se quedan atrás respecto a las del aborto) y desde luego históricamente significa el advenimiento del reino del fuerte y el estúpido o una mezcla de ambos.

  14. marzo 26, 2009 11:37 pm

    Iracundo, aún por aquí? No creas, leo tus comentarios, y no está bien lo que haces

  15. marzo 27, 2009 9:50 am

    Pero… caballero. Tenga usted un poco de dignidad y reconozca aquí que todo eso de la anarquía era en realidad una forma de no pensar o de adaptarse a estos tiempos modernos: tan refractarios al fascismo y el nacionalcatolicismo tradicional en la derecha cainita española.

    Hágase usted el favor…

  16. APRIL permalink
    abril 9, 2012 12:18 pm

    PUESTOS ASÍ, ¿PORQUÉ NO EL ABORTO SOBREVENIDO?

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