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NATOTAN

abril 4, 2009

Cumbre en Estrasburgo de la alianza militar y estratégica de occidente. Dada la deriva intervencionista e invasiva que ha adoptado la UE en las últimas décadas, enzarzada en un fallido proceso de construcción estatal, la OTAN ha visto reforzada su posición como garante de la seguridad y la paz del mundo libre.

Mientras que existan entes de dominación territorial existirán ejércitos y conflictos bélicos. La seguridad trascenderá lo personal creando problemas colectivos y territorializados que exigirán en todo caso una estrategia defensiva y eventualmente ofensiva. La extensión de las zonas de coordinación y cooperación militar, dadas las circunstancias, aseguran la paz y la libertad más allá de la integración política que pretende tanto europeísta favorable al estatismo.

Quienes se manifiestan con violencia en contra de la mera existencia de la OTAN, lo hacen como parte de su movimiento liberticida abierto en todos los frentes imaginables.

Dicho esto conviene analizar la cumbre y los acuerdos resultantes. Afganistán, como Guerra e invasión justa y bondadosa, ampara prácticas consideradas abominables en otras situaciones. La excusa, luchar contra el terrorismo internacional. La verdad, múltiple y difícilmente explicable por los líderes implicados en la campaña.

Si el coste en dinero, vidas y libertades que conlleva una Invasión estuviera justificado por el mantenimiento de la estabilidad de Pakistán, país vecino, atacado por el terrorismo islamista, potencia nuclear, con un conflicto abierto y complejo con India… que lo digan.

Si lo está  por matar a cuatro talibanes y hallar con vida a Bin Laden, que seguramente haya muerto hace años y no sea sino una marioneta en manos de la propaganda oficial, resulta sangrante e ineficiente.

Si fuera la lucha contra la barbarie, la liberación de la mujer y la reconstrucción de una tierra yerma volcada en el suministro de Opio, hay ejemplos más alarmantes y prioritarios.

Si lo que mueve a los líderes occidentales es asegurar el trazado de un gaseoducto que ponga en contacto con el índico (vía Pakistán) los yacimientos de los –Tan exsoviéticos, estaríamos ante un panorama muy distinto y difícil de justificar.

Si la estrategia es a largo plazo, de estabilización de la zona, presión sobre Irán, junto con la intervención en Irak, consolidando Pakistán como un aliado de occidente y facilitando el tráfico energético de la zona, resultaría que no tendríamos guerra mala (Irak) y guerra buena (Afganistán), sino dos actos de la misma obra, dos fases de la misma campaña.

Lo triste es la forma con la que nuestros gobernantes nos venden sus derroches y agresiones. Justificándolas con la presunta tenencia de armas de destrucción masiva, el miedo al terrorismo, los derechos humanos… Pocos o ninguno aclaran las auténticas motivaciones y el cálculo coste/objetivo así como la calidad ética de aquellas.

Zapatero no es una excepción dentro de este escándalo de mentiras y poses. Todos se pasean por las ruedas de prensa con discursos similares. España mandará 450 soldados del Amor, como lo fueron en la primera guerra de Irak, enviados por el bueno de González, con espectáculo de Marta Sánchez incluido. La que le tocó lidiar a Aznar fue bien distinta. Ausencia de consenso entre las grandes potencias (si con la mayoría de los pequeños aliados), una estrategia de propaganda y justificación torpe y falaz, la etiqueta de guerra injusta adoptada con intensidad por la opinión pública…

Obama continúa la campaña. Una campaña que comprende fases, diferentes países y ámbitos de acuerdo. Su talante y sus medias verdades resultan más digestivos que las servidas por su antecesor. Continuarán las operaciones, eso sí, con un mayor margen reconocido al resto de grandes potencias (básicamente Francia y Alemania).

Se cierra la cumbre con un alto nivel de acuerdo, cesiones y guiños lanzados con estúpida complacencia hacia la nueva administración norteamericana. Mientras el “pacifismo” totalitario quema con relativa impunidad, llena los telediarios y da carnaza a los medios, que contribuye a alimentar la sensación de que semejantes bárbaros tienen principio alguno o luchan realmente contra el sistema. Son marionetas, monigotes que les hacen los coros a los sátrapas mundiales y desvían la atención de un público sediento de llamaradas y estampas de un bucólico espíritu revolucionario.

Saludos y Libertad!

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