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V, U o L

abril 13, 2009

La pregunta del millón, ¿qué forma adoptará la crisis? En función del diagnóstico cabe conjeturar bajo todo tipo de presupuestos, y claro, según a quién preguntes y su mayor o menor sesgo ideológico, responderá una cosa u otra.

En España padecemos dos calamidades que se topan pero no excluyen. La crisis financiera internacional también es económica, y espero que ya nadie lo ponga en duda. Parece una obviedad pero es que mucho analfabeto funcional permanece en la dicotomía como recurso facilón del que tirar para construir su interesado discurso. La española es una crisis particular por la intensidad con la que ha sobredimensionado determinados sectores y forma en qué todo el entramado económico ha terminado pivotando sobre los mismos. El reajuste parcial extiende su onda expansiva por todo el mercado, y si a esto unimos el origen financiero de la hinchazón generalizada no es difícil suponer y más fácil comprobar que todo ha acabado contaminado. La expansión del crédito, unos tipos de interés artificialmente por debajo del tipo natural, la generación de masivas burbujas de precios de activos…

Diagnosticadas las causas y planteados los factores fundamentales que operan en el proceso de reajuste, cada cual cree entrever la posibilidad de recuperación en diferentes aspectos. Confiar en el comercio internacional, la rápida recuperación estadounidense y una presunta ingente capacidad inversora procedente de las potencias emergentes, puede aliviar los peores escenarios de aquí a un año. Si así fuera, por muchas trabas y obstáculos erigidos internamente contra el espontáneo reajuste, la confianza en el exterior haría semejante políticas de lo más acertado e inteligente cuando el objetivo es perpetuarse en el poder a toda costa y sobre un creciente clientelismo social. Una crisis en forma de V que devolvería las cosas a un lugar razonable, más o menos sostenible, pero sin los movimientos de precios y estructura productiva indispensables para garantizar una viabilidad a medio o largo plazo. España, en este sentido, tiene margen de endeudamiento, puede enfrascarse en megalómanas obras de infraestructuras, sostener el sistema universal de prestaciones y tirar por unos añitos más con el fraudulento y quebrado sistema de seguridad social.

Zapatero se lo juega todo a este número, a esta previsión. Por desgracia la estrategia se funda en un erróneo diagnóstico y una peor apreciación de las posibilidades ciertas de la economía española. Es más, aun cuando la situación terminara aliviándose, parcialmente, y antes de las próximas elecciones pudiera incluso vender una supuesta recuperación, la tara estructural seguiría ahí, ningún sector sería capaz de retomar su dimensión y pujanza anterior, continuando el paulatino enfriamiento económico hasta llegar al estancamiento absoluto. Soñando con una V acabaríamos en L.

Los que creen que la crisis será en forma de U, en el contexto internacional, y una U algo más abierta en el español, no lo hacen, en su mayoría, por pesimismo derrotista antipatriótico. Nada de eso. Su diagnóstico se aproxima con mayor rigor a las causas ciertas de la crisis. Analizan la situación y los previsibles efectos del reajuste en determinados sectores. A continuación, sencillamente, advierten que dadas las actuales barreras del mercado, la rigidez laboral, la presión fiscal y el grado de intervención, aunque terminaría por llegar, la recuperación se haría esperar unos cuantos semestres.

Lo que importa es que el hacer algo o el no hacer nada parecen acabar en la misma situación: el estancamiento. Poco importa lo agudo del reajuste, lo que quede aún por pasar: que estemos frente a un crisis en forma de U, U abierta, poco puede esperanzarnos cuando el desenlace más probable para la economía española, en ausencia de auténticas reformas, será la mediocridad generalizada.

España ha tocado fondo. Esta no es una crisis del mercado español, sino una crisis del modelo de intervención en sentido amplio. Ya sabemos que es el intervencionismo lo que provoca las turbulencias monetarias y financieras, pero es que en España el escenario económico, la regulación de mercados y el peso específico del Estado, como su modelo y capacidad distorsionadora, son factores determinantes que podrían impedir la recuperación a muy largo plazo. No sabemos qué sector tirará del carro, si será uno de los que copan hoy por hoy una amplio margen en la generación de riqueza nacional, si regresará la construcción hasta la dimensión previa a la crisis, o surgirá una o varias nuevas oportunidades de ganancia capaces de recomponer nuestra estructura productiva. Lo que está claro es que con la actual tara institucional y la más que previsible degeneración fomentada desde el poder por mero cálculo político, España está en serio riesgo de paralizarse y entrar en una dinámica insufrible de autodestrucción.

La única esperanza de este país reside en la valentía con la que su sociedad, a pesar de la trama mafiosa que sostiene nuestro degenerado estatismo, arranque reformas tales como la bajada generalizada de impuestos, sobre todo los que gravan el ahorro y la inversión, la desaparición de regulaciones absurdas, la privatización cierta del mercado de la energía, de las telecomunicaciones y los transportes, el despedazamiento del poder sindical y la abolición de prácticamente toda la legislación laboral… De ahí surgiría nuestra ventaja, las oportunidades que harían de España una potencia en auge, una versión híbrida entre California y Florida, con un mercado ágil y dinámico. No hay nada en este país que pueda superar a la libertad en su capacidad de potenciar todos sus atractivos.

Sea en V, en U, o finalmente en L, no habrá España que retomar si España no cambia el rumbo en lo que a estatismo se refiere. Esta realidad tan íntima impedirá a Zapatero o al que venga, rojo o azul, poder atribuirse el mérito de haber acabado con la crisis.

Rallo: Futuribles cada vez más presentes

Saludos y Libertad!

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3 comentarios leave one →
  1. abril 13, 2009 9:50 pm

    ¿Puedes creerte que durante estos días he estado pensando lo mismo que este post? No estoy de broma, lo digo en serio. No en términos de U, V y L, sino en otros términos, centrándome especialmente en la cuestión de la deuda.

    Las preguntas son dos, de las que se derivan otras:
    1.- ¿A cuánto asciende la deuda? X
    2.- ¿Cómo se va a pagar esa deuda? Si todo sale bien… lo que sea. Vale. Nueva pregunta:
    3.- Y si no sale bien, ¿cuánto nos costaría pagar la deuda? X + Y. Nueva pregunta:
    4.- ¿Qué se ha hecho para prevenir este escenario? Nada.
    5 y última pregunta: ¿Qué se tendrá que sacrificar para poder salir de la crisis?

    Puede que España necesite un Florentino Pérez. De momento, no aparece.

  2. abril 13, 2009 10:45 pm

    Me lo creo, es lo que más nos debería preocupar. Esto se convierte en Argentina y aquí todo el mundo encantado… es horrible.
    Saludos!

  3. newkeynesian permalink
    abril 14, 2009 9:21 am

    Hola a todos, aquí lo que se debe tener en cuenta, antes de nada, es poner de manifiesto que si no hay un cambio de gobierno, digase elecciones anticipadas, el inversor extranjero jamás invertirá un sólo “duro” en este país. Aquí lo que se padece, además de lo que han denominado por ahí como MEMOCRACIA, es un desprestigio abismal de cara al exterior, y eso es mil veces más grave que estar discutiendo cuanto nos va a costar esta panda de guantrapas.

    Pero no nos engañemos, estos personajes no son ni tan siguiera como muchos dicen o ellos mismos se atodenominan keynesianos, si Keynes levantara el gaznate…. los perseguiría a ladrillazos.

    No se han llevado a cabo reformas estructurales, ni el mercado laboral ni en ninguna parte y lo que es peor el sistema educativo, alma mater del crecimiento económico, está hecho unos zorros, dividido entre mil mini-estados de presidentes varios.

    Se ha roto la unidad de mercado, hay trabas burocráticas diversas para abrir cualquier empresa en cualquier región. Dependiendo de donde se desarrolle la actividad de la empresa se tiene que estar sujeto a los tramites de cada reino te taifas.

    Señores, ojala esto fuera Argentina, por lo menos hablariamos el español como dios manda, y tendríamos innumerables fuentes de recursos (innumerables fuentes de reservas de minerales, petroleo…etc) para volver a despegar.

    Si no hay un cambio de gobierno pronto estamos condenados, y quizás hasta en Europa, como uno de los peores socios de la Unión.

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