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El arte intervenido

abril 17, 2009

Parece que el cine lo es todo, pero nada más lejos de la realidad. Quizá, por su efecto propagandístico, directo, sobrecogedor y su capacidad de generar mitos, estrellatos y famoseo, haya sido y sea un arma brutal en manos del totalitarismo.

Desgraciadamente no deja de ser la punta del iceberg, el ejemplo más vistoso pero no el único de cómo la intervención del Estado, su mera existencia, corrompe y determina el mercado del arte.

Las administraciones públicas, entes y museos igualmente públicos, invierten cada año en arte, por imperativo legal, un porcentaje de sus presupuestos. Se trata de una corriente millones de euros esperada con avidez por galeristas, marchantes y artistas. El criterio con el que se seleccionan las obras o los proyectos artísticos donde invertir tal ingente cantidad de dinero, depende de un criterio intoxicado. La valoración de las piezas, la calidad del artista o la oportunidad de la subvención a una u otra obra o representación, padece un inevitable sesgo ideológico. No tanto por su contenido, que también, sino por el poder que terminan teniendo esos sibilinos marchantes públicos, o al servicio de lo público, para que uno u otro alcance valoraciones atractivas.

El torrente de gasto público termina por condicionar qué artistas o tendencias son atractivas, pese a su estética y atractivo (que podría ser uno u otro), generando suficiente seguridad al inversor, o a quien demanda arte, no sabe muy bien con qué quedarse, pero prefiere no tirar el dinero.

El Estado convierte en oro lo que toca, es decir, despierta en los agentes privados valoraciones que posiblemente no hubieran surgido en un mercado libre. Quede claro que aun cuando no existiera semejante gasto público, el arte es un mercado singular, en el que la valoración de la obra no solo depende de apreciación subjetiva más o menos intensa, o cierta convicción (subjetiva) sobre la idoneidad del bien en cuanto a la más completa satisfacción de un determinado fin (más o menos apreciado).

El arte no es solo estética, también representa un depósito de valor que puede llegar a experimentar una revalorización muy atractiva; en definitiva, una inversión más. Es ahí donde irrumpen los valoradores, quienes presentan artistas o recomiendan obras, los que promueven la atención del público y los motivan a adquirir esto o aquello. Mientras esa trama sea competitiva y libre la crítica así como los medios donde exponerla, estaremos ante un mercado más o menos coordinado.

La irrupción del gasto público lo desarma todo. Desembarca la política, el cálculo, la apuesta personal, la imposición de criterios artísticos, la consolidación de ferias y mercados profundamente sesgados y sectarios… Como se ha dicho, el resto de agentes, aquellos que ven en el arte una oportunidad de revalorizar sus activos, concluirán sus inversiones al cobijo del Estado. La explosión creativa no hallará mercado lo suficientemente dinámico y atractivo para favorecer el desarrollo de genios y vanguardias, quedando mermadas las posibilidades artísticas en todas las direcciones.

Afortunadamente resisten autores al margen del mercado oficial, reticentes a participar en él, expuestos a los sinsabores de caminar contracorriente. No es que sean ellos los buenos artistas y malos los popularizados. No todos los autores más valorados proceden de la tómbola de la intervención. El tema es complejo, mucho, pero merece cierta atención.

La mera existencia del Estado, de un gasto público desorbitado, corrompe por completo la trama de relaciones y valoraciones capaces de generar incentivos para una explosión creativa de la que todos, de una u otra forma, seríamos beneficiarios.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. abril 17, 2009 11:29 am

    Pero todo eso se acabará Sinde está en ello, hay que tener fe, el arte, como la economía es un estado de ánimo y como todos están desanimados por la crisis que viene de fuera no de España y que Obama solucionará, dejarán de hacer arte cagadero por arte de calidazzzzzz

    Me gusta la foto de Miss Libery entre los Apalaches 😛

  2. abril 17, 2009 12:59 pm

    Admito que en un principio no quise poner esa imagen, pero define perfectamente la situación, jejeje.
    Saludos!

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