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El Corazón de Europa

abril 18, 2009

Zapatero acusa a Mayor Oreja de habernos alejado del corazón de Europa. Lo que quiere decir que Zapatero, y lo que representa, no hace sino acercarnos al órgano que hace circular la sangre europeísta, suene o no estupendo.

Hombre, culpar al pobre Mayor de ser el responsable de tamaña tropelía, se me antoja excesivo. Atribuirse, como hace el presidente, un cambio de rumbo definitivo al respecto, resulta patético.

La Europa que quiere Zapatero no es la Europa que conviene a España. Somos el quinto, no el cuarto, y cuando hablamos de un cuarteto, por muy aficionado que uno sea a la mera contemplación, la situación no es de lo más satisfactoria.

No nos conviene, aunque la dependencia de cuatro y las reminiscencias pedigüeñas contribuyan a nublar nuestra perspectiva, una Europa interventora, reguladora, dispensadora de ayudas a cambio de privilegios con una u otra forma y color. España recibió mucho, pero no tanto como oportunidades dejó de aprovechar. Nada es gratis y menos la integración en un espacio común que hace aguas por culpa del socialismo campante en los gobiernos, azules o colorados, de sus miembros.

Cuando Zapatero habla del “corazón” de Europa lo hace en términos retóricos, vacuos y meramente estéticos. Quiere vender no se sabe qué actitud proclive al entendimiento que no deja de ser la muestra de una inconsistencia estratégica en lo que a las relaciones internacionales se refiere.

No somos nada, salvo que seamos útiles para conciliar posturas o regalar victorias a cambio de nada positivo. España, en Europa y en el mundo, mendiga instantáneas, apretones de manos, sonrisitas y posados fotográficos grupales en la cumbre que toque. Si logramos asistir al G-20 lo hacemos no por méritos de nuestro presidente y su ministro de exteriores, sino apoyándonos en todo lo que muy a pesar suyo sigue haciendo de España una de las primeras potencias económicas del planeta. Lo hacemos renunciando, vendiendo oportunidades, regalando cautiverios de terribles consecuencias futuras. Zapatero es un enemigo público para el no parece haber nacido opositor.

El PP y el PSOE plantean, por igual, panoramas siniestros. Europa está tocada de muerte, en lo que a integración política se refiere, y manifiestamente moribunda en cuanto al reformismo institucional necesario para convertirla en un verdadero mercado, único y libre. El modelo europeísta del que nos habla Zapatero es el de un macro Estado del bienestar capaz de plantarle cara a los EEUU con cierta unidad. No hay más, y por mucho que sus pasiones obamitas parezcan hacerle recapacitar, no concibe otro mundo que el caracterizado por un espíritu antiamericano patológico y un afán por expandir los ámbitos de intervención social, más allá de las poco satisfactorias fronteras nacionales.

Si esas es la Europa que late con fuerza en opinión de nuestro presidente, que no cuente conmigo.

Saludos y Libertad!

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