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Lo que se resiste a dejar el PNV

mayo 5, 2009

Coches oficiales, poder y mando no son todo lo que el nacionalismo vasco abandona tras la investidura de Patxi López. El PNV ha querido construir una Nación desde la nada, en esencia algo lo suficientemente consistente para lograr la sensación de la no-España, de la particularidad excluyente y la especialidad cultural. Nada de eso existía con semejante fundamento hasta que la Transición y ETA pusieron en las manos del nacionalismo vasco un entramado estatal capaz de transformar la sociedad vasca hasta dejarla irreconocible. Es pretensión de todo socialista, todo constructivista sea del partido que sea, servirse eficazmente de los resortes del poder para moldear la realidad.El nacionalismo vasco, carente de Estado y de breve tradición, ha consolidado mitos y volcado su sentimiento religioso y secular en un mañana, próximo y alcanzable, de independencia e identidad. El desprecio por el maketo, por la España “atrasada” del otro margen del Ebro, no es nuevo, sino uno de los elementos que mayor impronta ha tenido siempre en el genio vascón. La arrogancia y el complejo de pureza crecen cuando tu propia explosión industrial atrae manadas de inmigrantes. De ahí a idealizar lo propio y vulgarizar hasta el absurdo lo ajeno, hay un paso. Nos sucede ahora con los que llegaron a España buscando oportunidades, imaginemos el impacto que produjo por aquel entonces. El nacionalismo vasco representa todo el desprecio, la fobia, el racismo y la chulería organizado en forma de religión secular identitaria.

Eso son, y no lo ocultan, aún cuando pretendan proyectar un espíritu de modernidad y vanguardia singular dentro de una formación amplia y generalmente conservadora. El PNV ha adoptado un ser revolucionario, la necesidad de presentarse como un movimiento poco dogmático, capaz de demostrar que la mera pretensión secesionista no es sino una máxima irrenunciable para el buen vasco, un elemento que debe formar parte de su personalidad, y sin el cual no es sino un traidor, un hereje o un perturbado. De tal manera funcionan las religiones seculares. Fundamentalismo tintado de progresismo y afabilidad ante cambios sociales recurrentes en las últimas décadas. Su objetivo es otro, antes de nada necesitan consolidar su proyecto nacional, recortar distancias, que el futuro perfecto, el cielo en la tierra, la Euskal Herria independiente, parezca tan cercana como para emocionar y agitar el espíritu.El PNV pierde la maquinaria, el artificio, la estructura de dominación. Se queda en movimiento social lanzado del poder. Ahora es cuando se comprobará hasta que punto estos 30 años de fundamentalismo simpático, de enfermedad colectiva agudizada, ha tenido efectos calando bien hondo entre los vascos. Aún cuando el desastre sea evidente quizá haya nacionalistas que esperasen el reto, la toma de temperatura.

El PSE hace tiempo que asumió parte del discurso particularista y de conflicto con el que los nacionalistas han mantenido viva la llama del terrorismo y la reivindicación perpetua. Matan los valientes, los que se atreven a echarse al monte mientras otros gestionan desde la comodidad de las instituciones. ETA no sería lo que es y ha sido sin la “ayuda” del PNV. La esperanza, esa religión secular, la sensación de movimiento, lo eterno como objetivo realizable en este mundo, en esta vida, momento de perfección, vasco perfecto, vasco nuevo, despojado de las impurezas hispanas. Eso mata, como matan la alienación desde las aulas, una televisión que ampara la propaganda terrorista, unas instituciones que compadecen a los criminales, ahondando en las diferencias, señalando enemigos, malos malísimos, inventado miserias, transmitiendo una imagen caprichosa y perversa de la realidad.

Muchos en el PNV esperaban un día como hoy. Llegaría, y llegó. ETA necesita dar por superado el régimen autonómico, quería al PNV fuera, a sus esbirros solo presentes en los ayuntamientos que podían dominar sin demasiados problemas (esa fue una de las cesiones de ZP, y no es poco grave plegarse a una exigencia estratégica tan importante). ETA quiere que esa revolución adopte una nueva forma, ajena al sistema constitucional, que se enfrente sin miedo al status quo y le ayude a vislumbrar un nuevo rumbo que de luz a su existencia, que señale el camino a seguir.

Hoy empieza una oportunidad para la libertad. Recordemos que la locura nacionalista ha sido inoculada en el PSE, por diferentes vías. Que ZP aceptó su discurso y estuvo dispuesto a negociar con los ateólogos de lo vasco. Patxi López puede sorprendernos, ya iremos viendo sus pasos. El PNV reaccionará de alguna manera. ETA no volverá a ser la misma. Puede que hoy esté empezando una nueva era en la historia de España… lo que no podemos asegurar en ningún caso es si será mejor o mucho peor que la anterior.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. aob permalink
    mayo 8, 2009 12:25 pm

    YSH, agradezco tu visión realista y absolutamente respetuosa que ofreces de los vascos. También es de gradecer que un periodico que dice defender el progresismo y la libertad de expresión hasta sus ultimas consecuencias, permita la exposición de argumentos y pesquisas sumamente contrastados como los expuesto por el arriba firmante. Dicho esto, supongo que ysh es, por supuesto, un español de bien, que solo defiende lo que es suyo por derecho, y que solo procura tender puentes entre esos locos separatistas y la españa una, grande y libre en la que vive. Pues bien, lo primero que deberia hacer es pasearse por Bilbao, Donosti o cualquier pueblo o ciudad del País Vasco (traducción al castellano, permitanme señalarlo, de Euskal Herria) y conocer, no solo su magnifica geografía, sinó también a sus habitantes. Charlar, conversar con ellos del tiempo, del fútbol, del Euskera… y verás que, detrás de esa sociopatia nacionalista vasca, se esconde una gente amable, inteligente y leal, tan cálida y respetuosa con los forasteros como arraigada y orgullosa de sus tradiciones. Si escuchas (y aprendes) hablar en Euskera, descubriras un idioma antiguo y moderno, fuerte y afectivo a la vez. El nacionalismo vasco es básicamente eso: orgullo y aprecio a sus tradiciones (especialmente a su lengua, el Euskera) y un profundo respeto a las ajenas. Lo que no podemos pretender es imponer una cultura, una tradición y un sentimiento que les es ajeno: el no reconocido y casi demonizado nacionalismo español. Porque, si lo miras desde otra prespectiva, lo mismo hablas del nacionalismo vasco que te es ajeno, podrian decir los vascos de tu nacionalismo español. Y es que, en el fondo, el nacionalismo no es sino una exaltacion de la propia cultura, un sentimiento tan natural como licito. Lo que ni es natural ni es licito, es tratar de imponer tu nacionalismo al de otro. Porque eso no nos va a llevar a nada más que al frentismo y a la lucha entre naciones que, historicamente, si no han sido hermanas han sido amigas. Por eso basta ya de tratar al nacionalismo vasco con una cruldad y una prepotencia propia de los tiempos franquistas. Basta ya de demonizar al nacionalismo democratico vasco (encarnad en este caso por el PNV) y de hacer creer que esta en el bando de ETA. Porque no hay nada más lejos de la realidad. Desde la transición, tanto el PNV como todas las fuerzas democraticas, han clamado contra ETA y el terrorismo, algo que aún no he visto en el PP (que pareces defender) cuando se le habla del franquismo. Alguno todavía lo califica de “un tiempo de extraordinaria placidez”, cuando todo el mundo sabe de la censura y la represión policial extrema que sufría toda sociedad tanto vasca como española. Así que basta ya de demonizar y faltar al respeto a la sociedad vasca, sean nacionalistas o no. Tendamos puentes de una vez, y dejemos ya de tirarlos todos abajo.

  2. mayo 8, 2009 2:48 pm

    Vaya, el mismo comentario en dos post diferentes. Decirte que ese mito vasco del que hablas no ha existido hasta hace bien poco, y únicamente gracias al estatismo y los movimiento colectivistas de corte totalitario. Ni los vascos eran mayoritariamente euskaldunes, ni el vascuence era una característica de los vascos. Lo siento, pero la mayoría de la gente habitaba esas tierras hace 100 años no era ni tan pura ni tan perfecta como creéis, eran castellanos con privilegios y poco más. Solo los movimiento totalitarios construyen identidades como reflejo de lo que hacían unos cientos de campesinos. La búsqueda de la pureza primigenia empuja conduce hasta estos esperpentos. A estas alturas tiene poco sentido demostrároslo, porque décadas de locura y soberbia, y 30 años de régimen ha logrado imprimir demasiados desvaríos. Ahora toca plantarle cara al totalitarismo, y se mire como se mire, el nacionalismo vasco lo es. Hasta que no se articule un independentismo liberal no cuentes con mi apoyo. Para ser liberal dicho independentismo debe renunciar como principio a la constitución de un Estado vasco. Si sois capaces, aquí tendréis un partidario.
    Saludos!

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