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Los de Público

mayo 8, 2009

No, no son los únicos imbéciles que parecen añorar el “socialismo real”. A eso juegan, y es divertido, porque ni moja ni mancha, sirve a efectos dialécticos como una pose muy bien labrada con la que enfrentarse a tanto fantasma ilusorio. El “capitalismo”, cómo suena, eh, reverdecen los tópicos, las vendettas y el carácter visionario de quienes han luchado durante los 2 últimos siglos contra estos molinos de viento del capital.Cuando Público habla de “descontrol” en el “capitalismo” como origen de la crisis (añadiendo a la fórmula prodigiosa un poquito de codicia, especulación y corrupción del agente privado), no pretende enunciar un juicio crítico fundado y sostenible, no. Lo que busca es retorcer ideas y presentar imágenes distorsionadas. A eso se ha dedicado el socialismo campante desde siempre.

Elegir entre dos sistemas, uno de ellos presuntamente enterrado hace dos décadas. Esa es la cuestión que se plantean. No revisan en absoluto el bienestar y el libre albedrío propios del socialismo “real”, no analizan sus demoledores efectos en el dinamismo económico, el racionamiento, no contemplan los vestigios cubano y coreano como ejemplos de aquel bloque: se quedan en la idea de confrontación, en la sensación hippilonga, los pins soviéticos, las camisetas del Ché y la línea deportiva del olimpismo comunista… todo muy retro y moderno.

Que no se equivoquen, tanto en un sistema como en otro existen bienes de capital, destinados a una actividad, haciendo del trabajo humano algo más productivo. La diferencia es que en el socialismo real no hay mercado para esos bienes, y por lo tanto no existen precios de mercado, no existe “capital”. El capitalismo, en principio, podríamos caracterizarlo por su inherente paralelismo con el mercado, un mercado libre con unos precios que hacen posible el cálculo económico. En ausencia de mercado no hay cálculo, no hay señales. Otra diferencia radica en la titularidad de los medios de producción: en la medida que el mercado sea más libre una mayor parte de estos bienes de capital serán de titularidad privada. El socialismo “real” elimina el dominio privado, interviene las relaciones y expropia la titularidad: los bienes de capital son del Estado, y es dentro de su estructura donde se integrarán las organizaciones dedicadas a cada actividad productiva. Sin mercado será el Estado y no los consumidores en interacción con los empresarios quien decida qué y cuánto producir, que líneas seguir, mediante un cálculo no económico.

Al margen de esta explicación también podemos plantear otro tipo de dicotomía: capitalismo frente a consumismo. El primero apuesta por restringir el consumo hoy, ahorrar, alargar la estructura de producción invirtiendo en bienes de capital que hagan más productiva la actividad y logre en el futuro bienes de consumo más baratos y que mejor satisfagan las necesidades (que no están dadas) de los consumidores finales. Frente a este modelo se plantea el consumismo desaforado, donde no se renuncia al consumo presente, la preferencia temporal es altísima, y poco a poco no sólo no se crean más bienes de capital, no se alarga la estructura productiva favoreciendo una posible satisfacción más eficiente de las necesidades, sino que se termina por consumir también el capital presente. Esta situación genera una merma paulatina de la riqueza devolviéndonos a las cavernas, prácticamente sin remedio.

El problema del socialismo real y la ausencia de mercado es que no resulta posible proceder al cálculo económico: la asignación arbitraria y a ciegas de los recursos termina consumiendo la riqueza de hoy, llevando a la economía no sólo hasta la total descoordinación, sino a la propia anulación. Es imposible, ineficiente y suicida.

Pues bien, la pose y lo retro parecen nublar la mente de tanto pomposo ignorante. Apostar por el debate es además desconocer por completo la actual situación. Lo ridículo es creer que la situación que hoy domina el mundo occidental es radicalmente capitalista, de acuerdo con sus tópicos, y que la causa de la crisis debemos buscarla en el mercado y el descontrol del mismo.

La mera existencia del Estado, como ente de dominación y redistribución de la riqueza, es socialismo. Tratar de coordinar la sociedad a través de mandatos coactivos, es socialismo. El estatismo es en realidad el término que se ajusta con mayor precisión a lo que viene a representar el tópico socialista. Hoy por hoy toda la faz de la Tierra permanece de un modo u otro dominada por algún Estado. Todos ellos se comportan como tales, sin excepción. Las potencias presuntamente capitalistas dejan más de la mitad de su riqueza en manos del Estado. El Estado es titular de una ingente cantidad de bienes de capital, con sus políticas condiciona servicios, regula actividades o monopoliza sectores. Decir que el mercado libre ha sido culpable de algo, no sólo demuestra una ignorancia supina sobre lo que es el mercado (nunca una esencia, sencillamente un proceso de interacción coordinadora) sino que además pretende exonerar al Estado sin apreciar que justo los ámbitos donde más control y dominio ejerce han sido el origen de esta y de todas las crisis recurrentes desde hace tres siglos.

Hace 20 años no se cerró una etapa. Cayeron regímenes y un sistema totalitario devino insostenible a los ojos de todos. Muchos imbéciles añoran la dicotomía (vivir calentitos en occidente con el recurso fácil a los propagandísticos éxitos comunistas), o peor, añoran una realidad que tristemente estiman más benéfica que la actual. Hace 20 años no cayó el comunismo triunfando el libre mercado. Lo que quedó entonces fue un totalitarismo distinto, una tercera vía, la socialdemocracia. Ni neoliberales, neocons, ni nada. Desviar la atención resulta sencillo. Lo que en 1989 triunfó fue el modelo de intervención occidental, el estatismo que convive con el mercado como parásito de su eficiencia.

Únicamente resistió un sector bajo el férreo control estatal, sometido a un fiero socialismo real también en el occidente “capitalista”: el sistema monetario y financiero. El dinero es lo que dice el Estado que sea. Su cantidad y su calidad frente a dineros extranjeros. El tipo de intervención trata de condicionar el precio más importante de la economía (el tipo de interés). El Estado concede a unos agentes privados el privilegio de expandir el crédito sin base en ahorro real, apropiándose de lo que en ellos es depositado a la vista (circunstancia interdicta en cualquier otro ámbito del mercado). Es el Estado quien dicta las normas contables, regula el acceso a los mercados financieros, interviene en operaciones o define los productos.

El descontrol al que hace mención Público tiene en realidad dos interpretaciones posibles: primera, el Estado no es infalible, sino todo lo contrario, y además, aun cuando domine un ámbito, los efectos serán siempre descoordinadores e ineficientes. Segunda, el Estado en su empeño por imponer una regulación arbitraria, en base a criterios de utilidad y concretas teorías, siempre a través de mandatos coactivos, propiciará un desgaste moral paulatino, un deterioro institucional progresivo, la no interiorización de los contenidos reglados espontáneos (que sí generan coordinación), la indisciplina de los agentes y la irresponsabilidad respecto a los efectos negativos de sus acciones. El Estado como regulador, parapeto final o prestamista de última instancia, destruye el entramado de reglas generadas espontánea y evolutivamente en los mercados libres y competitivos.

En Público confluyen varios factores: son imbéciles, son unos frívolos, coquetean con el mal y demuestran no saber nada de economía.

Saludos y Libertad!

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8 comentarios leave one →
  1. mayo 8, 2009 3:22 pm

    Excelente exposición.

    Va contra eso que hay que criticar más: la batalla entre opiniones y argumentos, metafísica y realidad. Habría que analizar los motivos que impulsan a Público a tomar esa línea editorial ¿la Fe?, ¿los favores que puedan recibir?, ¿la nostalgia de lo no vivido?, ¿el mercado? De ser esto último sería una paradoja muy graciosa.

    Sólo añadir que imbecilidad y maldad son la misma cosa.

    Un saludo.

  2. Hiel permalink
    mayo 8, 2009 3:34 pm

    ¿Imbéciles, frívolos e ignorantes? ¿Solo? Qué generoso…
    Porque además de ser mucho más que eso (y nada bueno), son una de las puntas de lanza de los aproximadamente 10 millones de españoles que sufren el mismo mal, y que es una de las razones para ser permanentemente hispano-pesimista y abandonar toda esperanza de que, no tan siquiera el liberalismo, sino al menos la sensatez y la lógica ‘gobiernen’ lo que quede de España. Cifra que además crece día a día, a tenor de lo que uno puede escuchar por la calle a los estudiantes de ESO, por ejemplo.
    Saludos.
    YO NO LE VOTÉ: ^^

  3. jashondo permalink
    mayo 8, 2009 5:10 pm

    Me lo creere cuando “Publico” sea una cooperativa de trabajadores y no acepten anuncios de empresas capitalistas sino publicidad institucional, ongs y asi.
    Ah y todos vegetarianos y yendo al curro en bici por aquello del c02.

  4. mayo 8, 2009 5:35 pm

    Con lo primero, muy de acuerdo. De lo segundo, entiendo lo de ser vegetarianos (quieren incluir en esta nueva sociedad a los animalillos de mirada triste), pero lo de ir en bici no tiene mucho sentido. Es algo competitivo, hay ciudades y distancias que hacen la bici mucho más eficiente, aunque dudo que sea su modelo de urbanismo. Solo hay que ver Madrid y sus barrios satélite con parques desiertos de costoso mantenimiento, y avenidas absurdamente amplias… así la bici solo sirve para el recreo (llegar así al trabajo sería un suicidio de 40 km diarios). Planificación urbana pura y dura (socialismo de todos los partidos, vaya)
    Saludos!

  5. jashondo permalink
    mayo 8, 2009 9:40 pm

    Vegetarianos consumiendo solo productos de su huerta urbana,insisto.
    http://www.lapiluka.org/el-huerto-del-barrio/
    Con 40 km diarios se quitan los malos pensamientos,añado.

  6. Gordopilo permalink
    mayo 8, 2009 10:28 pm

    Estoy de acuerdo con Hiel. Es mucho más que los “periodistos y periodistas” de “Púbico”. No hay más que leer los comentarios de los lectores, casi todos ellos del tipo: “Hoy mas que nunca siguen vivas las ideas de Lenin o Marx”. Esto es lo que hay.

  7. cilantro permalink
    mayo 9, 2009 10:55 am

    Saludos

    No me resisto a cascaros una cita de “El otoño de la Edad Media”, de Johan Huizinga, libro publicado en 1919. La traducción de la cita es mía.

    “La sensación de inseguridad, el miedo y la angustia, que en cada crisis llevan a suplicar al aparato estatal que establezca un régimen de terror, era una situación crónica en la Edad Media… ”

    Tal vez no hayamos cambiado tanto desde entonces …

    Haya salud y buenos alimentos

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