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Tocaremos fondo

mayo 9, 2009

Previsiblemente en la segunda mitad del año, aunque puede que los datos negativos sigan dándonos malas noticias hasta bien entrado el 2010. Muchos indicadores apuntan que la economía española se aproxima al fondo de su particular contracción. Eso no quiere decir que todos los mercados llegarán igualmente saneados. Son muchas las barreras que siguen impidiendo que caiga el precio de la vivienda, se ajuste la producción industrial o podamos atisbar posibilidades de negocio en el resto de sectores. La intervención nunca ayuda, sino todo lo contrario, ralentiza, agudiza y enquista la travesía desde el auge desaforado y el insoluble fondo crítico.Zapatero no ha levantado demasiados obstáculos para que nuestra economía fuera haciendo (y lo que le queda) los deberes: empresas que cierran, inversiones que devienen insostenibles, precios que caen, activos que se desmoronan, despidos e insolvencia. Salvado el sistema financiero, guste o no guste, aguanta el entramado general, la recesión no deriva inmediatamente en el caos social y ese fondo del que hablamos nos llega a recibir con cierto sosiego, una placidez que puede llevarnos a ignorar el momento justo en el que lo hemos alcanzado. Ya empiezan las señales que apuntan en ese sentido, pero…

Una cosa es que Zapatero y su gobierno no hayan representado un “problema” para la crisis, y otra muy distinta es que lo vayan a ser para la recuperación. La crisis es sana e inevitable. Muchos sufren, pero no queda otra. Esto puede parecer políticamente incorrecto pero se trata de asumir las consecuencias de una política económica y un diseño del sistema monetario y financiero manifiestamente irresponsables. Mantener la situación conducirá inexorablemente a una nueva y recurrente crisis, precedida de un auge insostenible, de una dislocación en la preferencia temporal de los agentes, el sobredimensionamiento de sectores clave y la sensación de que hemos dado con la piedra filosofal del crecimiento económico: el inflacionismo.

Zapatero ha empezado mal: el Estado no se ha ajustado con la misma intensidad que la mayoría de los sectores productivos. Su gasto ha crecido, no solo empujado por sus compromisos y los derechos creados que ahora disfrutan los nuevos parados, sino porque se ha renunciado por completo a la moderación presupuestaria y la austeridad. Cuando la crisis comenzaba a sonar, meses antes de que el mismísimo Zapatero la negase elecciones vista, ya se dedicaban desde Moncloa a animar el consumo privado, bien a través de cheques bebé o devoluciones torticeras. Miles de millones de euros que consumieron el superávit dejando las cuentas públicas en una compleja situación ante la más que previsible caída en los ingresos y ascenso de los gastos.

Zapatero ha inyectado otros 8.000 millones en gastos superfluos, tratando ingenuamente de animar un sector que estimaba capaz de contener momentáneamente la destrucción de empleo. Pecata minuta en realidad, pero un mal comienzo respecto de las políticas que sí son indispensables para acelerar la recuperación una vez tocado fondo. La deuda sigue siendo baja, pero dado el panorama y ante el anuncio de la ampliación por un año del subsidio de desempleo, parece que su ascenso seguirá escalando posiciones hasta la quiebra técnica del Estado.

Si pretende que sea el Estado quien tire del carro y apunte los nuevos sectores que propiciarán un nuevo y sostenible crecimiento económico, se equivoca. Si Zapatero confía en que la recuperación del resto de economías occidentales empujará a la española devolviéndonos en pocos años a la situación previa a la crisis, delira.España necesita crear empleo para el 20% largo de paro que superaremos una vez tocado fondo. Para ello es urgente abaratar el despido. Se podría haber hecho antes, no lo dudo, pero es que no habrá recuperación sin una medida así. Los empresarios solo crearán los puestos de trabajo necesarios si no se enfrentan a la previsión de que al posible fracaso de su inversión (vivimos una situación de extrema incertidumbre) deberá sumar el coste del despido de los nuevos contratados. Si eliminamos este factor, reducimos las cotizaciones y bajamos el impuesto de sociedades, no habrá apenas barreras artificiales que impidan la recuperación. Debemos también liberalizar sectores, facilitar la movilidad, la inversión extranjera, la exportación de lo que aquí se produzca.

El Estado debe contraerse, y no expandir su ámbito de intervención. Los individuos deben percibir que se reduce su situación de dependencia, bien eliminando prestaciones o condicionándolas a una actividad incómoda que cree el incentivo de encontrar un trabajo algo menos penoso y mejor pagado. El Estado, dadas las circunstancias, puede servir de parapeto para evitar el caos social, como viene demostrando con su respaldo al sector financiero, pero nunca ser tomado como la mejor baza para la reactivación. Falaces teorías económicas alimentan esta idea, el error intelectual es evidente, por mucho que algunos pensadores sigan instalados en el sofisma. Es su responsabilidad demostrar una sangrante complicidad con la causa estatista, que es, y de esto no hay duda, el único origen cierto de esta y el resto de crisis recurrentes que han asolado el mundo en los últimos 300 años.

Tocaremos fondo, pero con políticos, de uno u otro partido, empeñados en ser ellos los virtuales artífices de la recuperación, nuestra única opción será permanecer en él durante años, quién sabe si décadas. Los Zapateros de turno harán de este país un soleado campo de mediocres dependientes, con algún conato de éxito, pero tan localizado que en nada beneficiará a la mayoría de los españoles. Pudiendo ser un híbrido entre lo mejor de Florida y lo mejor de California, nos quedaremos en un triste y apalancado páramo sin oportunidades.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. framling permalink
    mayo 10, 2009 5:29 pm

    Como se decía en la anterior crisis: hemos tocado fondo…. ya hemos empezado a escarbar.

  2. mayo 10, 2009 5:51 pm

    Lo único positivo es que al menos el líder del empresariado demuestra buen gusto y mejor criterio al ensalzar tan simpáticamente las virtudes de la gran Esperanza Aguirre.

    Saludos liberales

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