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Descaro secular y totalitarismo del bienestar (actualizado: ya tenemos un Guillén Cuervo en la parroquía)

junio 4, 2009

Dos noticias y una réplica me mueven a escribir este post:

“El gobierno eliminará los símbolos religiosos” y “Bienvenida a la democracia en el primer bautizo civil”.

No, no os creáis que lamento alguno de estos titulares, todo lo contrario. Los celebro, y de qué manera. Las cartas sobre la mesa, por fin, al menos en este ámbito. Lo de los símbolos religiosos viene de lejos. Llevamos décadas persiguiendo cualquier expresión iconográfica asociada con el Estado o la Educación monopolizada por el Estado. Ahora se pretende que ningún retazo religioso (transcendente, se entiende) salpique actos públicos, tomas de posesión, funerales de Estado y demás parafernalia oficial. Lo que celebro es que por fin asomen la patita los enemigos de la libertad, también en estos temas, definiendo con descaro su entregia confesa a la religión secular, la ateología estatista, esa alternativa de la modernidad que sin traernos más libertad individual pretende ser el refrendo alienante del culto al Estado, el conocimiento total y al nuevo hombre, el hombre emancipado de su propia naturaleza, inmortal… dios de carne y hueso.

En esa locura nos hallamos. Lo del bautizo civil es testimonial. Hasta ahora solo han sido cuatro “concienciados” quienes se han atrevido a cometer semejante ridículo. El último oficiado por el monseñor Zerolo, predicador de la fe estatista, moldeador del hombre (y mujer) nuevo. No hace falta que se rompan los cuernos para ponerle nombre a una eventual “comunión civil”. Esa catequesis es la que perpetra la educación pública, presunto instrumento de liberación, convertido en artificio adoctrinador masivo, con o sin “educación para la ciudadanía”. La confirmación llega después, cuando a uno le toca soportar con su esfuerzo la inmensa carga del Estado, y acaba entregado a la evidencia, aplaudiendo el latrocinio, aceptando las consignas posibilistas y falaces que tanto “intelectual” sirve como dogmas de fe de la nueva religión, del culto al Estado.

Réplica que quiero dar a tanto analfabeto que considera los juicios ajenos desde su mediocre y vacua perspectiva personal. Cuando se habla de totalitarismo debe tenerse bien claro a lo que uno se refiere. Es evidente que el actual Estado de Bienestar no tiene el carácter criminal de esos ensayos totalitarios que fueron el nazismo o el comunismo. El Estado de Bienestar basa su égida en el avance lento, sosegado y dulce, la suplantación perversa del orden social y sus reglas, la infiltración en cada expresión vital de los individuos que tienen la desgracia de padecerlo. Su legitimidad, como la de toda fórmula estatista, se fundamenta en la aquiescencia tácita, la conformidad expresa, un estado de opinión favorable. También los totalitarismos violentos resisten en clave interna. Su violencia termina viéndose como algo necesario. El adoctrinamiento inmediato y espartano disuelve voluntades y encierra a los individuos dentro de una esfera de sumisión y religiosidad secular. El Estado de Bienestar perfecciona la técnica. Su objetivo es el mismo: un nuevo hombre, un hombre perfecto, despojado de sus limitaciones naturales, inmortal, irresponsable de sí mismo, con una moralidad incorrupta y una entrega absoluta a los fines comunitarios. Lo que varían son las fórmulas y la conciencia sobre los límites del socialismo. El mercado ya no es repudiado, sino mangoneado hasta el extremo. El Estado cambia de forma pero nunca reduce su peso, sino que avanza lentamente hacia el dominio total, la suplantación del orden social espontáneo basado en la libertad individual y la mutua concurrencia, por un sistema organizacional que traza fines a través de cálculos arbitrarios en pos de garantizar resultados.

Si alguien tiene dudas al respecto que repase el resplandor sueco y su totalitarismo socialdemócrata. Son sus técnicas y fines los que hoy son considerados parte excelsa del culto progresista. El Estado como un Dios que todo lo puede, súper-hombre que hace de la posibilidad mundana objeto de veneración y devoción hasta ahora volcadas en los trascendente. El laicismo, y se nota a la perfección en este tipo de medidas, no es sino una alternativa religiosa, mucho más fundamentalista que la cristiana, capaz de reducir al individuo a una mísera expresión de sí mismo.

La Libertad religiosa politizada, la politización de todo, la entrega a lo mundano, el culto al posibilismo y el desprecio por la naturaleza del ser humano. Esa es la práctica de Zerolo, Zapatero y tanto mediocre peligroso que secunda estos pasos de descaro secular. Los aplaudo porque aclaran las cosas, ponen las cartas sobre la mesa… Ahora toca combatir al fundamentalismo estatista.

Teatro, la vida es puro Teatro: 

El hijo de Cayetana Guillén Cuervo, primer madrileño “bautizado” por lo civil

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. junio 4, 2009 4:04 pm

    Ja, ja, ja. Desde luego, si a Sócrates lo condenaron a beber cicuta por corromper a la juventud, a Huerta le tenían que dar por lo menos un par de collejas por idiotizarla.

  2. junio 4, 2009 6:40 pm

    Decir que el actual Estado de Bienestar no tiene el carácter criminal de esos ensayos totalitarios que fueron el nazismo o el comunismo y luego llamarlo totalitario es como admitir de alguien que no mata a nadie pero es un asesino.

    Honestamente, ¿a veces? te puede la retórica moralista y que conste que te lo dice un hayekiano al que precisamente le molesta que se banalize su obra, que teme se convierta en un conjunto de eslogans vacuo.

  3. junio 4, 2009 10:51 pm

    Nada de eso, Héctor M, si tan bien conoces la obra de Hayek, te darías cuenta de que lo que digo está perfectamente fundamento en ella. Puede que suene grueso, pero es así, debemos tratar las cosas como merecen, el totalitarismo no murió en 1945 o en 1989, cambió de forma. Dicho esto, admito que prefiero este mundo a cualquier otro, lo que no impide que luche para mejorarlo.
    J, Huerta no corrompe a la juventud, le da argumentos para formarse un criterio propio. Si le conocieras no serías tan vacuo en tus comentarios.
    Saludos!

  4. Espectador permalink
    junio 5, 2009 7:17 am

    Completamente de acuerdo con este artículo.

    Es curioso cómo quienes más predican (y uso la palabra a propósito) contra todos los símbolos y ceremonias religiosas, en realidad solo pretender sustituirlas por las suyas. Si fueran consistentes, pasarían totalmente de ellas, pero no, tiene que hacer esas ridículas mojigangas de bautismo, comunión o confirmación laicas.

    Excluyo matrimonios y funerales, que tienen un contenido social independiente de cualquier religión. Pero ¿bautismo laico? ¿tan desesperados y huérfanos se sienten en su ateísmo? ¿Tanto añoran la religión cristiana? Nótese que no celebran circuncisiones, Bar Mitzvás o Ramadanes laicos. En el fondo están confesando (otra ceremonia que también adoptaron los marxistas) su no superado cristianismo.

  5. junio 5, 2009 7:45 am

    Menuda gilipollez, ¿sabéis si eso nos cuesta dinero? ayer estuve hablando con la junta de distrito de centro y no me supieron decir nada, hoy espero que me den una respuesta.

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