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De Sentido Común

junio 20, 2009

Es de sentido común que la mujer y los facultativos que le ayuden a abortar merezcan garantías jurídicas, una ley de plazos y demás parafernalia. Es de sentido común que cualquier proclama contraria a esta máxima democrática y progresista sea tachada de ultramontana y contraria a la marcha de los tiempos, ajena a nuestra época, antigua y reaccionaria. Es de sentido común entender que los valores progresistas son los buenos, los que corresponden, tocan y proceden. La ley manda siempre que la ley se inspire en los valores inspirados en la ateología, la estatolatría, el mito del hombre nuevo, el culto al progreso, a la religión secular de nuestros días. Cuando la ley del Estado queda definida por valores distintos, deja de ser legítima, pierde su poder constructivista, se transforma en un obstáculo para la correcta realización del cambio, del tránsito desde el hombre imperfecto hasta el hombre emancipado, libre de taras, nuevo e inmaculado.

La izquierda tiene la capacidad retórica de poner el sentido común de su lado. Quienes apelan a la “libertad de conciencia” lo hacen desde el temor, el miedo y el complejo. Quienes apelan a la conciencia como límite de la acción legislativa, lo hacen como estrategia de vacuidad, muchos desde una radicalidad escondida, otros desde la desgana, el saberse derrotado, sin fuerzas para argumentar, contraargumentar con buenos razonamientos.

El estatismo impone su dogma, su fundamentalismo pseudodemocrático, sus máximas y valores, y los imponen con la fuerza y la contundencia que le proporciona la apelación recurrente al “sentido común”. Tan efectiva es su estrategia, que más pronto que tarde, acaba siéndolo, entre el derrotismo y la entrega desesperanzada. La Iglesia no es referente, no para el sentido común. Tampoco lo son quienes aportan argumentos seculares capaces de rebatir el nihilismo progresista. Ni juntos ni por separado logran plantear alternativa.

De Sentido común parece seguir siendo que una menor de edad no deba tener la consideración suficiente como para decidir sin intervención paterna sobre la continuidad de su embarazo. Es de sentido común que los menores no tenga plena capacidad de obrar, si bien es cierto que el progresismo apela cada vez con más fuerza al culto de la juventud, la exaltación de irresponsabilidad adolescente, el canto de las virtudes que tiene el no adulto. Volcados en captar su apoyo, convirtiéndolos en falso referente para el resto de la sociedad, el socialismo se escora con creciente descaro.

Preocupaba a los liberales el poder demonizador y aleccionador de la Iglesia. La dominación y el fundamentalismo de aquella lleva siglos sin ser una amenaza seria contra la libertad. El culto secular, el estatismo, la estatolatría es hoy la máxima de nuestras preocupaciones. Es ese nuestro enemigo, en todos los frentes posibles, sean propios de la conciencia, el adoctrinamiento o el mero totalitarismo del bienestar.

Saludos y Libertad!

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