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Son de traca

junio 24, 2009

Entre unos y otros, el que más o el que menos, pretenden cargar sobre Berlusconi la deshonra del populista bastardo. Sus caprichos, desmanes, excesos y orgías son presentados ante la opinión pública como algo deleznable, impropio de un político profesional. En eso, y no tanto en el moralismo de obispos tradicionales y seculares, se centran las críticas, buscando la enésima debacle de este personaje que, siendo fiel a sí mismo, se ha convertido en símbolo de la degeneración política europea.

El espectáculo de las pasadas elecciones continentales, líderes represaliados por los electores, otros que se creen ganadores de no se sabe qué, con niveles de abstención que hacen daño a la vista y el bolsillo. El Estado de bienestar, culminación totalitaria, artificio perfeccionado que recurre a la manipulación y la sutilidad para dominarnos a todos manteniendo siempre la sensación de que todos los problemas proceden de los ámbitos “no regulados”, se basa en la politización de la Sociedad. Esos dos mitos de la modernidad, Estado y Sociedad, acaban confundidos cuando de lo que se trata es de configurar una suerte de ciudadano completo e inmaculado, resorte de socialización y partícipe emancipado. Educación y moral, sumados a una clase política infiltrada en todas y cada una de las expresiones básicas del proceso social.

La Oligarquía difusa no procede tanto de castas y estirpes como de adhesiones sinceras. Quienes pretenden participar del circo saben a qué deben someterse. La Política y los políticos de este nuestro mundo de hoy son como son y no ha lugar a los infiltrados.

Italia ha sido siempre una anomalía en su unidad. Por separado trajeron buenas cosas (unas más que otras), entre ellas el germen capitalista (lejos del presunto origen calvinista), pero juntos y en lo político, solo desgracias y espectáculos dantescos, cuando no esperpénticos y cómicos. Desde que cayó el Imperio no han ganado n una guerra. Su unidad a finales del XIX tuvo más de teatro que de consistencia, y desde que colgaron a Mussolini no han sabido hacerlo mucho mejor. Eso no quita que la clase política europea, latina o norteña, se mire en el espejo italiano comprobando hasta donde pueden llegar sus achaques.

El éxito de Berlusconi no debe verse como algo negativo por sí mismo. El culto democrático está hecho añicos en el país de los Apeninos. La degeneración es tal que ningún gobierno ha soportado en el mando más de lo que logró sostenerse el Cavalieri en su anterior asalto al poder. Volvió porque la izquierda no supo o no quiso mantener la alternativa. Perdió por poco para vencer por mucho.

El puritanismo, el exceso moralizante, no procede de una Iglesia conforme aunque digna (algo tendrá que decir ante tanta erección y chica descocada), sino de la hipocresía de una oligarquía decadente que trata de presentar al magnate de la golfería como un Tiberio de nuestro tiempo, pero sin niños y castrados correteando por la isla de Capri. Recordemos que detrás del infame llegó el sumun de la locura catrológica. Puede que Italia se prepare para su particular Calígula.

Aquí en España todo parece una balsa de aceite. El ridículo y peligroso Zapatero ha superado pruebas, y aquí no rechista nadie, o no los suficientes. Rajoy domina en su patio gracias al silencio antes sus errores, su nefasta habilidad para elegir equipo o su vergonzosa actitud de aferrarse al cargo. La clase política española rezuma miseria y podredumbre. Por ahora no ha surgido quien, desde dentro o directamente desde el exterior, se lo ponga difícil. El Berlusconi a la española está aún por llegar. Los mismos que dentro de unos días aplaudirán los excesos y el ridículo estético de la marcha marica, se echarían, como lo hacen desde la perspectiva que da el mediterráneo, ante un personaje particular y chulesco como el italiano. Su puritanismo es hipócrita, sus apegos estéticos sencillamente oportunistas. Todo forma parte de un movimiento ideológico cargado de odio y de rencor. Berlusconi representa el esperpento, son ellos en realidad, sin la distorsión que les sirve su maquinaria mediática y propagandística. Si debemos lamentarnos por algo, no nos quedemos en la espuma canallesca del Cavalieri, el fondo del problema es otro.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. junio 24, 2009 3:29 pm

    Es que pasa lo mismo en todas partes, se le está dando tanto bombo por que no es de izquierdas. Si fuera con ZP o un similar, suponiendo que hubiera llegado a salir a la luz, estaría todo el mundo rasgandose las vestiduras, que si la vida privada, que si la intimidad, que si mire usted.

    Ya pasó, (y pasa), con Kennedy.

    Como han visto al testigo de la boda de los Aznar… leña al mono.

  2. junio 24, 2009 3:32 pm

    Buen ejemplo, menudos los Kennedy, católicos y demócratas, padre e hijos se beneficiaron al mito erótico de la época, y con más o menos intervención, se la cargan, y aquí paz y después gloria.
    A mi es que lo que me interesa es la Política, no esa cosa que hacen los oligarcas y meapilas seculares en estos regímenes democráticos que nos ha tocado padecer. Si son más o menos alegres en su vida, poco me importa. Ni pensar quiero en las perversiones Zapatero y sus secuaces, que seguro las tienen, como todo hijo de vecino.
    Saludos!

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