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Pensamiento único

junio 29, 2009

Los progresistas se enervan siempre que se les atribuye la titularidad de un presunto “pensamiento único” que domina la devastación del sentido común y el contacto con la realidad de los individuos. Acuden entonces a todo tipo de réplicas, ni una consistente, menos aun válida. El problema es otro en realidad: quienes hablan de “pensamiento único” como enemigo a batir no suelen tener mucha idea de a qué se refieren exactamente.

El totalitarismo sustituye el más allá por un “más acá” virtualmente posible, planteado a medio, largo plazo, pero siempre como una esperanza “creíble”. El progresismo no es solo un ejemplo de ingenua arrogancia intelectual, sino la expresión más abyecta del totalitarismo, que con distintas formas y nombres lleva un siglo atenazando y corrompiendo al individuo. Confiar en nuestra capacidad para predecir qué circunstancias presentes harán del futuro un escenario de mayor felicidad es tan estúpido como inútil. La planificación del “progreso” es imposible, en la medida que el resultado pueda llegar a considerarse una mejora íntegra, incuestionable y superior a las otras eventuales “mejoras” descartadas en la decisión favorable a aquella. Es más, son tantos los elementos que intervienen en la formación del orden y el cambio social y económico que resulta iluso pretender siquiera estar en disposición de la mayoría de las piezas o factores implicados.

Pensamiento único es lo que los progresistas defienden como progreso, de igual manera que Socialismo es solo aquello que los “socialistas” dicen es “socialismo”. Una entelequia como otra cualquiera pero dotada del poder que proporciona ser vicarios de la nueva (no tan nueva, en realidad) religión dominante, del fundamentalismo que suscita el consenso social necesario para que sus reformas obtengan el respaldo suficiente y no decaigan en forma de exceso de conflictividad social. La religión secular, el culto al futuro, el desprecio por lo trascendente y el culto tradicional, la ridiculización de sus ritos sustituyéndolos por nuevos dogmas y supersticiones, tiene una ventaja que la convierte en mucho más atractiva en los tiempos que corren: su Dios es tangible, actúa, interviene, trata de corregir los efectos espontáneos que genera el libre albedrío, es posibilista, es de carne, hueso y burocracia. El Estado es un Dios mundano que aúna fe y política, esperanza y acción.

Lo curioso es que la mayoría de los que denuncian la presencia de un “pensamiento único” a modo de obstáculo para la libertad tienden a convertirse a él a medida que ven incorporadas sus reivindicaciones, o peor, las acomodan con resignación a los dogmas dominantes. El pensamiento único en definitiva es aquel que atado a la modernidad y el mito de hombre nuevo (desnaturalizado y maleable en pos de la inmortalidad) desprestigia todo argumento que resulte contrario a su esfuerzo constructivista y totalitario: la total invasión de cada aspecto propio de la existencia humana, la adaptación de la conciencia, la mutación del Ser, la corrupción de toda convicción o valor que conecte al individuo con su libertad y autonomía personal.

Saludos y Libertad!

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9 comentarios leave one →
  1. junio 29, 2009 12:24 pm

    Eres un grande.

  2. Boussi permalink
    junio 29, 2009 3:24 pm

    “La planificación del “progreso” es imposible, en la medida que el resultado pueda llegar a considerarse una mejora íntegra, incuestionable y superior a las otras eventuales “mejoras” descartadas en la decisión favorable a aquella.”

    Sí, a esto se enfrenta el progresismo. Porque el progresismo es la creencia en que el progreso es planificable porque, no te lo dejes, ESTÁ GARANTIZADO.

    Sí que hay algo constante en el socialismo aparte del “lo que los socialistas dicen que es socialismo”, que también y de manera absolutamente coherente, sino el progresismo como sinónimo de progreso garantizado y ¡algo que nos dicen una y otra vez! el concomitante “optimismo”. Todo de manera bastante coherente, ya digo, pues el optmismo se deriva de la creencia en la certeza del progreso y ese “lo que digamos nosotros” se sigue del quién es el que tiene esas garantías.

    Naturalmente, ese esquema tan delirante es la semilla del totalitarismo, en efecto.

  3. junio 29, 2009 4:06 pm

    Es casi casi dos grandes, de hecho.

    “el desprecio por lo trascendente ”

    Se te ha olvidado denunciar la entrega a lo mundano: “dronjas”, fornicación y rocanroul.

    P.D.: Tu foto dice “veintitantos”, tu discurso dice “de sesenta años no baja”

  4. junio 29, 2009 10:02 pm

    Boussi, tienes mucha razón, pero más que garantía es fe en el resultado final. No deja de ser una ateología.
    Saludos!

  5. junio 29, 2009 10:14 pm

    Lüzbel, eres demasiado vulgar, o peor, te crees demasiado listo sin serlo. No vengas a este blog con tus prejuicios y esquemas arrogantes, lee y comenta, pero no seas tan simple en tus impresiones. Podrías decirme: en ocasiones tocas temas complejos manejando conceptos igualmente complejos. Pero no, directamente recurres a lo de siempre.
    Saludos!

  6. junio 29, 2009 11:08 pm

    “Podrías decirme: en ocasiones tocas temas complejos manejando conceptos igualmente complejos.”

    Te lo podría decir, claro, pero mentiría. La verdad es que escribes simplezas de vergüenza ajena con el tono de un intelectual falangista de 70 años.

  7. Liberand permalink
    junio 29, 2009 11:30 pm

    Pues para escribir simplezas de vergüenza ajena gastáis un tiempo precioso en leerlas. Nos encantaría que os animáseis alguna vez a contestarlas con argumentos (las simplezas) y que pudiese surgir un sano debate. Mientras te lo piensas, abstente de contestar con simplezas nuestras simplezas, no queremos que esto sea un gallinero, para eso están vuestros blogs.

  8. Gordopilo permalink
    junio 30, 2009 12:36 am

    No me parece justo tachar de “fachorro viejuno” a alguien por el simple hecho de criticar el “pensamiento zapaterino”. Por ejemplo, Gustavo Bueno, que es más bien materialista y de izquierdas, acuñó las expresiones “pensamiento pánfilo” y “pensamiento alicia” para referirse a lo mismo.

    La alusión a “lo trascendente” no tiene por qué implicar necesariamente meapilismo recalcitrante.

  9. neounicato1916 permalink
    agosto 1, 2009 4:27 pm

    Me siento tan alejado de las religiones tradicionales (o propiamente dichas) como de las nuevas: nazismos, socialismos, marxismos.
    Me siento liberal… muy matizado.
    Como tal veo a los últimos credos como herederos de los primeros… y no sólo por la doctrina medieval del justo precio o su odio a la “usura”, al fin y al cabo que te persiga la cheka, la gestapo o la inquisición no es muy distinto.
    Pero en el mundo de hoy el catolicismo, por ejemplo, parece más cansado, maduro, tolerante y menos agresivo que sus opositores.
    Como individuo, frágil, endeble.. le temo menos que a sus antagonistas seculares o.. de la sharia.

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