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Cultura de la muerte: la estulticia y el aborto

julio 1, 2009

Acierta Escolar en su juicio. No tiene demasiado sentido ubicar a Zapatero a la altura de otros genocidas de la historia. El aborto masivo, su permisividad y amparo legal, no puede, en ningún caso compararse a la masacre deliberada de millones de personas bien por motivos políticos, ideológicos o genéticos.

Dicho esto advirtamos que tanto los unos como los otros adolecen de una gravísima tara intelectual así como de una irresistible adicción sectaria que les impide ver la realidad tal y como es. Esa pérdida del sentido de la realidad es propia de la cultura de la muerte que hoy domina nuestras mentes. El aborto, entendido como derecho de la mujer a deshacerse de una situación incómoda o indeseada, oculta la realidad que esconde semejante acto de destrucción de vida humana. Considerarlo un debate antiguo, relegarlo al ámbito de la moral (y su voluntariedad), esquiva la consideración ética debida que ha de tener todo ser humano, desde el momento de su concepción. Evitar esta cuestión enturbia o niega el debate. No estamos ante una decisión más o menos aceptable en clave moral, sino ante un conflicto de intereses, la colisión entre el reconocimiento de la dignidad y la integridad de lo que se sabe (y no cabe negarlo con argumentos racionales) humano y la capacidad de la madre de interrumpir un proceso que le exige incomodidades, restricciones y molestias.

Parece evidente que en este conflicto de intereses gana siempre la vida de la madre. Puestos a elegir pesa más la del ser humano formado que la del presumiblemente viable humano en formación. También resulta de sentido común que una mujer forzada a la relación sexual causa del embarazo, debe poder deshacerse del mismo, aunque dada la posibilidad actual de evitar la implantación, el retraso de la decisión puede acabar siendo considerado una aceptación tácita de la gestación, y por ello privarle de legitimidad para su interrupción.

Si el ser en formación es inviable o su existencia es manifiestamente incompatible con la vida, es obvio que el aborto es una cuestión terapéutica, y no tanto eugenésica, que en el fondo no dejaría de ser un amago integrista por mejorar la especie negando el derecho a vivir a lo anómalo. Diferenciando este concepto, hace dos décadas, se trataron de despenalizar determinadas conductas relacionadas con la interrupción del embarazo. No se hizo desde la perspectiva que considera derecho inalienable de la madre disponer sobre el fruto de sus actos libres y voluntarios, sino como mecanismo de resolución de conflictos entre intereses legítimos, entre la vida del humano en formación y la salud o vida de la madre.

Hecha la ley, hecha la trampa, suele decirse. El supuesto terapéutico, sin plazo, también acogía dolencias psicológicas graves en la madre como causa de habilitación para el aborto. Esta ha sido y es la vía de escape que convierte España en un territorio donde de facto el aborto es libre y sin limitación alguna. Sucedió durante los gobiernos de González, pero también con los de Aznar. La ley siguió con Zapatero y, curiosamente, fue en Madrid donde saltaron los escándalos más sonados sobre el coladero terapéutico que permitía no solo abortar en clínicas privadas defraudando la previsión legal, sino también hacerlo en fases muy avanzadas del embarazo.

La ley que propone el igualitarismo zapateril no traerá más abortos, sí más seguridad jurídica para las embarazadas y los facultativos que las atiendan. El cambio fundamental es la causa íntima de la ley, el fundamento que habilita a la mujer al aborto dentro de las 14 primeras semanas de gestación. Ya no es un conflicto de intereses donde ha de primar uno de ellos, sino el derecho de la madre a disponer por completo, y durante un plazo, de la vida de sus hijos. No lo podrá hacer fuera de dicho plazo, menos aún cuando se produzca el alumbramiento (vaya por Dios!). Se trata de justificar la definición legal aludiendo a la no-humanidad del embrión o el feto. Se niega el debate, se recurre a la “Ciencia” y el rigor científico, para no admitir que se miente, que se dice lo contrario de lo que se sabe, o peor, que se ignora lo evidente y de ahí procede el juicio pretendidamente superior al resto. La ley propuesta introduce un matiz, gravísimo, a la consideración del ser humano como detentador de una integridad y una dignidad incuestionables. Negando la humanidad del feto se abre la puerta a todo tipo de aberraciones, también las eugenésicas, que ya la ley anterior amparaba en uno de sus supuestos.

Es hipócrita criticar esta ley sin blandir argumentos consistentes e identificar el objeto cierto del debate. La ley vigente es injusta, porque también compromete la vida ya existente bajo el peso del deseo o la voluntad de la madre, o peor, bajo criterios de perfección genética, descartando lo anómalo más allá de su posible adaptación a la vida convencional (caso del síndrome de Down). Luchar contra el aborto como derecho de la madre, dentro de esa corriente de cultura de la muerte que parece estar apoderándose de nuestras conciencias, exige coherencia. Los políticos son hipócritas, y el PP, defendiendo la ley actual, amparando los excesos en sus propias comunidades, lo demuestra.

El debate sobre la vida debe ser de altura, no barriobajero y estúpido. Siendo así se abren las puertas a tanto charlatán resabiado y descreído que considera el aborto una pica más en su escalada belicosa contra no se sabe qué. O vemos la interrupción del embarazo como una posible solución para un conflicto de intereses previo, confrontando vida contra vida, o vida contra dignidad, o vida contra libertad, o nublaremos por completo la posibilidad de llegar a una solución razonable.

Plantear el aborto como un derecho, al feto como algo no-humano, y el debate como algo superado, viejo y falto de interés, responde a la degeneración intelectual que afecta, no solo a la izquierda, sino también a tanto salvavidas advenedizo.

Saludos y Libertad!

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3 comentarios leave one →
  1. julio 1, 2009 11:13 am

    Como les gusta a esta gente los carteles de una tía voceando como el que has puesto, siempre me llama la atención esta tontería.
    De lo que cuentas poco puedo aportar, estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices

    Saludos 😉

  2. julio 1, 2009 1:21 pm

    Amplifican su voz, la mujer obrera con pañuelito siberiano, gritando: mi santa voluntad manda sobre los demás, incluso cuando yo misma he colocado libremente a esos terceros en la situación de dependencia contra la que me revuelvo!
    Saludos! 🙂

  3. Cha14 permalink
    julio 1, 2009 4:58 pm

    El debate sobre el aborto viene de muy antiguo, no solo en España sino en otros muchos paises, se han escrito ríos de tinta al respecto y estamos en el mismo lugar del camino y la verdad es que no tiene una respuesta sencilla. Yo lo veo del siguiente modo: no se trata de si… el preembrion, embrión, prefeto, feto o lo que sea que se llame tenga vida propia o no (¿hasta las 12-14 semanas no tiene vida propia y pasados dos minutos de las 12-14 semanas si?. Yo enfoco el tema desde otra perspectiva, opino que nadie debería venir a este mundo si no es deseado con intensidad, si no es sinceramente querido, si no es bien recibido por sus padres, por lo tanto a los padres se les concede un determinado tiempo (12-14-16 semanas para que decidan si desean continuar o no (ser padres o no). La decisión debería ser tomada por los dos progenitores, en caso de que le madre “conozca” al padre de su futuro hijo, caso contrario podría decidir ella sola.

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