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Orgullo Polilogista

julio 4, 2009

El centro de Madrid acoge una de las celebraciones del Orgullo gay más multitudinarias del planeta. Desde hace unos años las fiestas han ido abandonando su carácter reivindicativo-folclórico-festivo para acabar en una combinación esperpento y diversión. Los vecinos del barrio de Chueca, a pesar de los beneficios que tiene ser el epicentro castizo de todo lo “gay”, sufre cada noche, pero en especial en la semana del orgullo, los quebrantos insomnes provocadas por tanto alcohólico-festivo. El ayuntamiento, que es de todos, y dada su condición de dominador del espacio público, posee la potestad de permitir o no permitir determinadas actividades y concentraciones, es responsable, junto con los alborotadores (por la noche, en mayor o menor medida, lo somos todos), de que determinados barrios se conviertan en espacios incómodos y poco respetuosos con la intimidad hogareña y personal de sus vecinos.

Trasladar las fiestas del orgullo fuera de Chueca puede que sea una opción, pero no la más popular. De forma espontánea la gente disfruta apiñándose por sus estrechas calles, no tendría mucho sentido organizar en algún descampado del extrarradio una feria de Abril a la madrileña. Dicho esto parece razonable que el ayuntamiento indemnice a los ciudadanos que sufren con especial intensidad sus decisiones arbitrarias: dos noches de hotel (3 estrellas o superior), al menos, en otras zonas del centro, o en su caso, una indemnización dineraria.

El Orgullo gay ha dejado de ser estrictamente “gay” (aunque esa siga siendo la excusa) para convertirse en la fiesta popular más grande de la capital. Fue fundada por quienes luchaban, a su modo, por la libertad individual de las personas estrictamente no heterosexuales, subiendo al carro la disforia y otras patologías. La cuestión es que el movimiento de “liberación” bebió de las corrientes colectivistas y contraculturales propias de la segunda mitad del siglo XX, abandonando el impulso normalizador que algunos valientes emprendieron en las décadas anteriores a la segunda guerra mundial. Haciendo suyo el rencor y la cultura del odio se organizó el germen de un polilogismo, que si bien ha logrado integrar la homosexualidad en la cotidianeidad y la tolerancia de las sociedades occidentales, arrastra taras que no contribuyen precisamente a la ansiada “normalización”.

Gay no deja de ser un insulto en positivo, una etiqueta con la que sentirse a gusto proyectando hacia el exterior un escudo ajeno de falsa personalidad. Asumiendo ritos, maneras y estilos, de una forma u otra se suple la incapacidad de muchos de abordar su singularidad personal. Esto pudo tener sentido en momentos de persecución, aunque con los años, y en libertad relativa, deviene como una carga que perjudica fundamentalmente a todos los que hoy blanden la bandera con orgullo. Para bien (ya no para mal) marchan estigmatizados portando tantos prejuicios en el resto de sus conciudadanos que nunca podrán integrarse en igualdad de condiciones. “El gay” siempre será “el gay”: prejuicios para bien, y no lo dudo, pero prejuicios al fin y al cabo. Quien define su personalidad en clave estrictamente sexual o emocional plantea ante los demás, sobre todo aquellos que no comparten sus inclinaciones, una imagen definida que altera la percepción de cada gesto y conducta, proporciona lugares comunes, tópicos… “Lo gay”, promovido por el polilogismo emancipador, se convierte en filtro de normalización, homogeneizando la homosexualidad como si de un estigma (hoy en positivo, ayer en negativo, en el futuro no se sabe) se tratara. Perdida la posibilidad de normalizar e integrar en libertad se ha optado por definir una idiosincrasia dotada de una lógica propia, una forma particular de ver el mundo, de comportarse, de reaccionar, de sentir y de opinar.

El resultado estético, variado pero definido, invade la conciencia de la mayoría de los ciudadanos, pero no es, y no parece que vaya a serlo, dominante o irresistible. La decadencia del colectivismo gay se deja ver en sus fiestas del Orgullo, que hoy no son más que carne, esperpento y música house. Ayer estuve en casa de unos amigos que viven en el epicentro de Chueca, una noche para no dormir con espectáculo en el portal de tu casa. Nuestra diversión fue bajar a dar una vuelta, comprar unas cervezas a unos chinos (esos héroes del mercado) y pasear entre el variopinto gentío. Lo que más nos llamó la atención, un travesti encaramado en un escenario diciendo sandeces sobre el significado de “maricón” y cómo escribirlo en un chat cuando (literalmente) “volvéis borrachAs y drogadAs a casa” (haciendo uso del femenino para referirse a sus supuestos compis de polilogismo); un tipo vestido de cuero, bastante chachas, que llevaba como perrito faldero a otro tipo más delgado y lampiño; y la cantidad de guiris cuarentones y cincuentones de turismo gay por Madrid. El resto, gente normal, de fiesta, con más o menos entusiasmo, más o menos acalorados, pero en general, pensando en la fiesta más que en las banderas de sus padres.

Con suerte, a todo esto, el Orgullo madrileño acabe siendo una especie de Love Parade, esperemos que con algo más de estilo y contención estética que el actual (con ese puntito cutre que nunca falta en la capital). Los colectivistas brillan por su ausencia, quedando la fiesta en manos de empresarios discotequeros y locales dispuestos a rentabilizar esta fiesta de sexualidad desinhibida, alcohol, drogas y música electrónica.

(Este video es una genialidad de Hidrogenesse que nada tiene que ver con el Orgullo, pero que me parece oportuno para cerrar el post: Qué eres? Un disfraz de Tigre… )

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. spartan permalink
    julio 4, 2009 11:45 am

    Pues a mí no me molesta que se hay convertido en una fiesta en la que van gays, héteros y monórquidos. Creo que eso significa que no sólo los roles puramente héteros son causa de admiración.

    Sobre el asunto de que ese fin de semana no se pueda dormir, pues que quieres que te diga. He vivido muchos años en Valencia, y he tenido agrias discusiones con falleros acerca de la falta de educación de los casales falleros (las peñas, que diríamos los castellanos) ya que cortan calles al tun-tun, plantan las fallas donde mas molestan, despiertan a la gente con los “troc de bac” (esos petardos que explotan al lanzarlos contra el suelo). Pero al final debo reconocer que las fallas son un acontecimiento que a la ciudad le viene muy bien en términos de dinero (bares y hosteleros, y el sector servicios en general resultan beneficiados) y en la cosa de la publicidad que se hace de la ciudad.

    En Albacete vivo cerca del corazón de nuestra fiesta local, la Feria, y aunque no habrá dios que aparque en mi barrio, y que ya no vivo la fiesta cómo cuando tenía 20 años (es decir, borracheras, drogas y conciertos), pues ni se me ocurre pensar que habría que suprimirla.

    LO QUE SI ME PARECE INTOLERABLE, es que el Orgullo se financie con fondos del Ayuntamiento. Joder, el Orgullo es un negocio rentable, pienso yo. ¿qué necesidad hay de expoliar a los madrileños para patrocinar una fiesta de gays? ¿patrocinarían igual una fiesta de heteros?. Entiendo que al no tener Madrid una gran fiesta local (cómo ocurre en Barna, que tienen sus fiestas de Gracia, la Mercé, etc, pero no una gran fiesta digamos “unitaria”), el Orgullo se hay convertido de facto en la “fiesta local”, cómo dices en el post. Pero no todos los madrileños son gays, digo yo. Y lo que propones de que se compense a los vecinos de Chueca….. ¿mas subvención? Por esa regla de tres habrá que subvencionar a todo dios.

  2. julio 4, 2009 11:52 am

    A mi no me molesta que se haya convertido en una fiesta de todos, todo lo contrario, no creo que haya expresado eso en mi post. En cuanto a que fiestas no tradicionales se impongan al sosiego de los propietarios, considero que el ayuntamiento, a modo de “comunidad de vecinos” sui generis debería compensar a quienes padezcan sus decisiones arbitrarias, como también debería compensar de algún modo a los comerciantes de Serrano, que están padeciendo unas obras de las que seguramente se beneficiarán dentro de unos años, pero que hoy por hoy solo serán lucrativas para las concesionarias de los aparcamientos que están construyendo.
    No hablo de subvenciones sino de que el responsable de las vías comunes (en este caso una administración pública) indemnice por las externalidades negativas que ampara. Si fueran “privadas” mi argumento sería idéntico. No confundamos subvención con casi cualquier cosa que proceda de las arcas llenas gracias a los impuestos.
    El Orgullo será una fiesta local más, quién sabe si la más importante, o terminará decayendo en la medida que sea sistemáticamente utilizada como manifestación de no se sabe qué. Ese es mi argumento principal.
    Saludos!

  3. ricardo permalink
    julio 5, 2009 12:41 pm

    Buena entrada, yosoyhayek.
    La leo justo depués de dar un vistazo al nuevo blog de Luis Golmar que, por cierto, desde hace unas semana no está en Libertad Digital.
    Dejo enlace para amigos gays. Luis merece la pena y su “Chuecadilli” lo sigo desde hace años.
    Un saludo

    http://chuecadilly.wordpress.com/

  4. julio 5, 2009 12:57 pm

    Me alegro de que te haya gustado, aunque no sé si el tuyo es un comentario simpático o mera publicidad para el nuevo blog de Golmar. Nunca me han gustado los que hacen de su sexualidad una seña de identidad, menos aun los que tratan de vivir de las etiquetas y el monotema.
    Saludos!

  5. ricardo permalink
    julio 5, 2009 7:13 pm

    Yosoyhayek, si has sintonizado LDTV alguna vez y has visto a Antonio Golmar opinando de lo suyo, que no es ser gay, es ser politólogo, habrás podido observar que no necesita hacer de su sexualidad su seña de identidad. Es politólogo, especializado en política norteamericana y sabe un rato, al tiempo que domina, otras muchas materias.
    Tienes unos cuantos artículos suyos colgados en la página del Instituto Juan de Mariana y más de una colaboración en programas de televisión. Los que a mí más me han gustado han sido los históricos, como Corría el año sobre John Fitzgerald Kennedy, JFK; Corría el año, sobre Budas en el exilio o los de actualidad en plena campaña electoral norteamericana: Debates en Libertad: todos los hombres del presidente; Debates en Libertad: Obama vs McCain, comienza la batalla.
    Esto va sin ánimo de polemizar. Antonio no creo que necesite vivir de etiquetas ni de monotema. Su preparación y cultura dan para mucho más que su sentido del humor en las columnas de Chuecadilly que, por cierto, eran impagables.
    Un saludo.

  6. julio 5, 2009 9:42 pm

    No le quito mérito, ni mucho menos, pero hay cosas que marcan. No le conozco, así que no le juzgo. Me fío de tu criterio.
    Saludos!

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