Skip to content

¿Independentismo liberal?

julio 19, 2009

La crítica que muchos hacen del nacionalismo liberal tiene un fondo de verdad que, desgraciadamente, los críticos ni siquiera intuyen en sus argumentos. Que desde planteamientos antiestatistas se defienda la independencia política de un territorio y una población a fin de constituir un nuevo Estado, no deja de ser llamativo. Ocultar la grave contradicción bajo un presunto pragmatismo definido por el estímulo de unos incentivos capaces de favorecer mayor competitividad y libertad individual para sus ciudadanos es, cuanto menos, una buena excusa.

Todos nos identificamos con un “nosotros”. La pertenencia a un grupo, el sentimiento comunitario, particularista, singularista, que aspira a la definición frente a “los otros”, o mejor, “el resto”, es consustancial a la naturaleza humana. Esto no implica que ese “nosotros” supere el límite de la mera convivencia pacífica y ordenada, acabando por instituir estructuras de dominación a modo de Estados. Si bien es cierto que el Gobierno, como institución espontánea y distinta por definición al Estado, tiene como función primordial la conservación del modo de vida del grupo, no puede este principio asimilarse a la necesidad de un Estado; no si partimos de planteamientos netamente antiestatistas. Desgraciadamente el anarquismo, de izquierdas o de derechas, arrastra, y es una constante, una grave carencia teórica en aspectos básicos como la política, el Derecho o la ordenación pública de la autoridad y la potestad.

Dicho esto centrémonos en la cuestión: independencia política o mero estatismo secesionista. En el mundo en el que vivimos aspirar a la separación de un territorio como Cataluña (por ejemplo) podría tener sentido si realmente los habitantes de dicha región coincidieran con el consenso social suficiente, por extensión e intensidad, en la opción independentista. Cuando el consenso existe el compromiso político interno es claro y contundente. No harán falta ni cauces formales constitucionalmente previstos en el Estado del que uno pretende desgajar lo que ya es una unidad política diferenciada. Tan solo la violencia impediría lo inevitable.

No hablemos por tanto de nacionalismo liberal ni de beneficios de la secesión. Es una cuestión política, de consolidación o expresión de un consenso social definido y potente. Si España existe, si cualquiera de los Estados relativamente poco conflictivos a nivel interno sigue existiendo, es debido en exclusiva a que la inmensa mayoría de los individuos que lo forman mantienen el consenso en torno a esta realidad (de forma relativamente homogénea en todo su territorio). Cataluña no existe hoy como un Estado independiente porque los catalanes no quieren que tal cosa sea una realidad (no lo sienten así ni lo consideran un fin superior al mero sosiego que proporciona la convivencia pacífica con el resto de España), pero también porque el resto de españoles siguen sintiendo que la unidad nacional es un principio fuertemente ligado al “nosotros” del que hablábamos.

El nacionalismo catalán se plantea como un tipo de constructivismo que aspira a conformar un consenso interno bastante en torno a la secesión, pero también la reacción consensuada en el resto  (de españoles) a fin de definir contornos al tiempo que una eventual y futura expulsión de Cataluña fuera inmediata y pacífica. El problema es que el ánimo constructivista no domina los tiempos, o peor, es incapaz de lograr resultados previstos y definir procesos. Internamente, las consecuencias del nacionalismo adquieren matices que no necesariamente implican el apego independentista. Externamente, la catalanofobia no es precisamente el sentimiento dominante (se diga lo que se diga). Si así lo fuera el camino estaría medio hecho para los nacionalistas, es más, se precipitaría la reacción interna a favor de la independencia. De hecho su estrategia, estancada internamente, requiere de gestos que agudicen las contradicciones con “los otros” (ese es su objetivo de distorsión y propaganda actual).

Los antiestatistas no podemos ver con buenos ojos que algunos pretendan la secesión cuando su fin último es la constitución de un nuevo Estado. La competencia estatal, como fundamento del nacionalismo liberal, no deja de ser un aspecto estrictamente utilitarista que está muy lejos de confirmarse a nivel internacional. Que existan pequeños Estados donde sus ciudadanos son más libres por cuestiones competitivas (generalmente “paraísos fiscales” consentidos por sus vecinos más intervencionistas y expoliadores) no implica que los habitantes de un mundo de 200 Estados (o de 2.000) sean, o fueran a ser forzosamente más libres que en un mundo de 10, 4 o un único Estado.

Justificar el independentismo estatista, como paso positivo de un proceso teóricamente encaminado hacia la mayor libertad individual, dudo que no sea una demostración más de oportunismo, o de una ingenuidad enturbiada con la pasión particularista, que todos, todos, llevamos dentro. Lo difícil es no dejar que dicho sentimiento nuble nuestro juicio, que las pasiones lleguen a confundirnos en argumentos capciosos.

El Estado autonómico no ha resultado ser ese continente apaciguador de voluntades rupturistas, sino un instrumento feroz instigador del particularismo. En manos nacionalistas la autonomía política y competencial, en temas como el educativo o el lingüístico con especial relevancia, torna en arma de un único filo, siempre en la garganta del Estado central y el nacionalismo españolista consolidado (y en decadencia). Durante 30 años el Estado autonómico ha actuado como artificio postulante de un constructivismo nacionalista tan fundamentalista como peligroso. La descentralización irresponsable, formando entes que gastan y modelan sociedades, pero no se enfrentan a sus ciudadanos con la debida vinculación entre aciertos, errores y desatinos (esa necesaria corresponsabilidad fiscal federalista), ha contribuido al deshilado de los sentimientos que formaban antaño el “nosotros” español. El franquismo pretendió algo similar, pero a la inversa, sirviéndose en su empresa de un Estado unitario excesivamente artificioso y sin capacidad de embaucar y convencer una vez llegado el ocaso del régimen; de su fracaso procede la justificación del nacionalismo periférico para imitar sus artes en la formación de sus propios taifas.

Los Estados tienden a formar espacios de libertad derribando barreras entre sí. La desgracia viene casi de inmediato cuando de la inicial retirada estatal llega el avance imparable de un estatismo supranacional, interestatal. Es entonces cuando todos los esfuerzos de liberación concluyen en decepción. Creer que pequeños Estados en competencia favorecen las libertades individuales de sus ciudadanos es negar por completo la experiencia reciente que la construcción y evolución de los Estados puede reportarnos. Primero se fundan espacios de consenso y liberación, a posteriori dichos espacios quedan sometidos a la dominación de una estructura monopolística implacable.

La excusa independentista no deja de enmascarar pasiones tan románticas y viscerales, como las que todos podemos llegar a padecer en momentos de arrogancia, complejo de superioridad, desprecio del diferente y autoafirmación personal en la esencia de presuntas y edulcoradas actitudes y aptitudes relativas a la pertenencia a una u otra nacionalidad. Todos nos creemos especiales.

Más en…

Nacionalismo liberal vs. Secesionismo intervencionista

Competencia fiscal

Me quedo con sus fueros

Cataluña será Nación, o casi

Saludos y Libertad!

Artículos relacionados en RL:

FDV: “Mejor un buen divorcio que un mal matrimonio” y “Del divorcio, Yugoslavia y la Cataluncha trionfán

Albert Esplugas: “Sobre el divorcio entre Cataluncha y Madriz”

Anuncios
5 comentarios leave one →
  1. zezenketa permalink
    julio 21, 2009 8:26 am

    Buenos dias.

    Yo si soy partidario del secesionismo de cualquier territorio.

    Siempre y cuando sea aceptado por una gran mayoria de los individuos que VIVEN alli.

    Esto ya lo tratamos en otro post. El secesionismo no va en contra del liberalismo.

    El problema esta que en España, todos los secesionismos provienen de ideologias nacionalistas y van en contra de la libertad y verían bien el secesionismo auqnue solo fuera apoyado por el 51% de la poblacion.Eso es indefendible.

  2. julio 21, 2009 9:07 pm

    Tienes toda la razón, creo que lo he expresado en el post. Saludos! 🙂

  3. julio 27, 2009 5:15 pm

    Creo que el nacionalismo es un concepto de partido o de grupo, por tanto es una aspiración política que implica a más ciudadanos.
    El nacionalismo no es una decisión individual, lo veo más como una forma de imponer la voluntad al resto de personas coartándoles su libertad de no ser nacionalistas o de no tener ni siquiera un planteamiento político.
    No entiendo (aunque es respetable) que haya gente como Xavier Sala que dice ser liberal y además proclama su independentismo. En fin, que hay gente pa tó.

  4. julio 27, 2009 5:38 pm

    No debemos confundir términos: ni nacionalismo significa la misma cosa según quién lo utilice, dónde y para qué, ni viene a ser lo mismo que independentismo, exaltación de lo particular o defensa del derecho de autodeterminación. Desgraciadamente el colectivismo ha vencido también en esta batalla y todos asumimos su discurso atávico, cargado de odio e rencor, que nos impide ver la realidad que subyace en el asunto.
    Los que dicen ser liberales, o anarquistas, o lo que sea, y también independentistas, o peor, nacionalistas, respecto a un territorio sometido a un Estado que supera los límites de dicho territorio y normalmente es gobernado desde otro lugar, padecen los mismos males que aquellos que se dicen socialistas o no liberales. Les nubla la pasión, el complejo de superioridad, la necesidad de reafirmar rasgos de élite frente al común de los ciudadanos sometidos al Estado del que pretenden librarse.
    El independentismo solo es legítimo cuando procura mayor libertad para los individuos, nunca cuando lo que pretende es la constitución de un nuevo Estado, por muy bonito que suene aquello de la competencia fiscal y votar con los pies. El independentismo únicamente es liberal cuando lo que busca es la desintegración del Estado en un territorio, no su suplantación del mismo por uno nuevo.
    Saludos!

Trackbacks

  1. El pacto Cataluña-España está cerrado y rubricado « LA LIBERTAD Y LA LEY

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: