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El peñazo

julio 21, 2009

Gibraltar es un pequeño grano en las relaciones entre España y Reino Unido. Colonia británica desde hace tres siglos no sabemos muy bien si su estatus guarda algún sentido o resulta coherente en la Europa de hoy. No es una colonia en un continente distinto, tampoco su origen y entidad puede asimilarse a lo que fueron las ocupaciones imperialistas del siglo XIX y parte del XX. Gibraltar es motín de guerra legalizado en un tratado, algo así como un Hong Kong sin clausula de reversión.

España, en su debilidad, ha terminado por asumir demasiados hechos consumados. El aeropuerto, la disputa sobre las aguas, todo ello contribuye a enturbiar lo que deberían ser unas relaciones sosegadas y pactadas, al menos previstas en un acuerdo claro. No es así y la política internacional domina la situación. Los gibraltareños se aferran a su condición de británicos aunque también reclaman más autonomía de la que disfrutan. En general detestan la sola idea de ser asimilados por el Estado español, aun cuando la CE de 1978 guarda un artículo específico para una eventual anexión del peñón (garantizando cierta independencia y privilegios: 144. b). Aun con todo la mayoría de los gibraltareños se saben españoles, andaluces, platican muchas veces en español y salen por la Línea a hacer sus compras y escarceos. Lo que les interesa por tanto es su adscripción estatal, no tanto la definición nacional. Digamos que se trata de un “nosotros” con peculiaridades.

Dicho esto, poco importa lo que piensen los gibraltareños cuando de lo que hablamos es de colonialismo, o al menos esa es la postura que han mantenido los gobiernos español y británico hasta la fecha. Los intentos a tres bandas han quedado en nada, la cosoberanía sonaba bien en tiempos de Aznar, aun cuando supusiera cierta renuncia a la pretensión histórica que ha mantenido el Estado español al respecto.

Zapatero es un negado en política internacional. No tiene carisma, tampoco credibilidad, ni siquiera buenos proyectos. En este como en otros temas aplica su máxima: ausencia total de principios y valores, falta de escrúpulos, fetiches progres y una sonrisa. Que un ministro español se reúna con el gobernador colonial de Gibraltar rompe, guste o no, la práctica y la posición políticas mantenidas, con cierta coherencia, hasta la fecha. Esto no deja de ser más de lo mismo.

Cuando el arte de la política se practica desde la negación de que ciertos principios deben regir las relaciones y los fines máximos a respetar, el resultado puede ser cualquier tropelía, extremo y masacre. Zapatero es bueeeno, es cariñoso, pero también imbécil. Como político ruin no tiene precio, se mantiene en el poder, a pesar de la crisis, sus errores y el descrédito que siembra entre propios y extraños. Nadie, nadie se fía de él. Miente como un bellaco, falta a su compromisos, está vendido con un sectarismo y un rencor que nunca en la historia de España un jefe de gobierno ha podido considerarse tan sedicioso y maleficente. A pesar de todo, vive, resiste, cambia las cosas, deja todo patas arriba, incluso, y eso dice algo a su favor, impone reformas controvertidas que al final calan y acaban aportando fuerza a ciertos movimientos espontáneos. Al margen de esto, centrándonos en política internacional, su tintineo resulta cansino y peligroso. Cuando acaben sus 8 o 16 años de gobierno (Rajoy no merece ser presidente), España estará hecha girones, su Estado quebrado y maniatado por el estatismo autonómico…

Prepara afanoso la presidencia española de la UE. Quiere parecer proactivo y habilidoso, un líder comparable a Obama, pero en blanco… en blanco. En eso volcará todos sus esfuerzos, en imagen, propaganda y buenas fotos para los libros de historia. Lo que ha sucedido en Gibraltar no creo que contribuya a resolver el contingente abierto entre España y Reino Unido sobre la Soberanía del peñón. Lo más probable es que engrandezca esa otra voz incómoda para los intereses del Estado español. Los gibraltareños y el resto de españoles, mientras tanto, tratarán de vivir en paz y con buenos intercambios. No debería interesarnos tanto la soberanía de la colonia como que la libertad de circulación y establecimiento fueran las máximas en las relaciones sociales y políticas a los dos lados de la verja. Que los Estados hagan su guerra y su ridículo, lo demás no deja de ser Libertad.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. Hiel permalink
    julio 22, 2009 10:19 pm

    Dejando aparte (y claro) que el tipo que preside el Gobierno de España ha sido retratado fielmente en tu entrada, dejando aparte que sí que es cierto que el tema va de Estados en conflicto y su natural olvido hacia el individuo, no hay que obviar que mientras no cambie la situación, hay reglas. Las reglas, teóricamente, afectan a todos, y todos deben actuar en consecuencia. Serán modificadas, cambiadas, mejoradas, pero están en vigor y sirven como referente a todos; a veces incluso sirven para garantizar mínimos derechos o situaciones que evitan ir a peor (je).
    Se puede apelar a infinidad de argumentos para estar a favor o en contra de la situación gibraltareña, pero si olvidamos las reglas, los acuerdos, los convenios…, pues que cada uno haga lo que le dé la real gana. Y eso es lo que está ocurriendo, que los gibraltareños poco a poco están convirtiendo en derechos, hechos que contravienen los acuerdos: aeropuerto, aguas territoriales, etc. Así, gestos como el del iluminado ministro Moratinos solo sirven para dar más peso a la usurpación que unos cuantos individuos están cometiendo, como es habitual, a costa de otros. Todos ellos, amparados por eso llamado ‘estado’.
    Como en otros casos igual de cercanos, ni voy a evitar ir a comprar un cartón de tabaco a la colonia, ni si el ONLAE se apiada de mí iré corriendo a abrir una cuenta en el refugio fiscal vecino. Pero mientras se arregla (o no) la situación, no hace falta que un cretino vaya en mi nombre y en el de tantos otros a hacer el ridículo a nivel planetario. Uy, perdón, quise decir internacional.
    Saludos.
    YO NO LE VOTÉ: ^^

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