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El pacto Cataluña-España está cerrado y rubricado

agosto 25, 2009

El título, aseveración literal escrita por Ernest Maragall, consejero de educación de Cataluña (PSC), en un artículo publicado hoy en El País, resume el espíritu y la convicción nacionalista catalana. Según el autor los parlamentos catalán y español, en ejercicio de la soberanía “delegada” por sendos pueblos, supieron alcanzar un Pacto que desde su confirmación es hecho fundante y básico de las relaciones institucionales y competenciales entre lo que el discurso nacionalista considera “España” y la Nación catalana.

Para Ernest Maragall los hechos invalidan por completo la vigencia de la Constitución española, en su contenido material, pero también respecto a la interpretación del órgano constitucionalmente previsto para semejante labor: la derogación de preceptos o textos normativos completos considerados contrarios a lo dicho en la carta magna.

Esto, que a mucho formalista o avezado jurista podría parecerle una barbaridad, racionalmente imposible, negación misma del orden constitucional, en teoría política no debería asombrar en exceso. Siempre, eso sí, que el presunto apoyo ciudadano o respaldo de opinión que apunta Maragall fuera cierto. Dice que ambos parlamentos acordaron un texto, y aunque pudieran verterse matices al respecto, así sucedió. También  hubo refrendo popular vía referéndum, pero con tan mísera participación que en absoluto podría decirse que los hechos políticos lograsen deslegitimar el orden constitucional de 1978 fundando uno nuevo a partir del susodicho Pacto interparlamentario.

Estamos a punto de comprobar la fuerza del argumento nacionalista, de la impronta emocional que tiene su mensaje mesiánico entre la población que pretenden liderar. Apela el hermanísimo a la necesaria unidad que, llegado el caso, debería alcanzarse en torno a Montilla y el gobierno que preside como cabeza de una eventual “afirmación” estatutaria, o nacional, o las dos cosas al tiempo. Parece que esperarán a la pública sentencia del TC antes de convocar semejante desafío político. Es una las motivaciones aparentes del artículo que comento: contener la utilización partidista que pudiera hacerse del conflicto planteado, de inminente resolución, concentrando en cierto pacto político e institucional entre fuerzas nacionalistas catalanas, como mejor garantía de “afirmación”. Algo similar a lo que sucediera en 1934, pero en un contexto bien distinto y con mayores expectativas de éxito.

Comentado esto, se abre ante nosotros una cuestión ineludible: ¿qué voluntad ha sido responsable de la escalada de reivindicaciones y presiones estratégicas capaz de comprometer el refrendo del Parlamento español de un texto manifiestamente inconstitucional en puntos clave y profundamente problemáticos? Resulta obvio que ha sido la voluntad de Jose Luis Rodríguez  Zapatero, que por permanecer en el poder, y peor, por convicción personal, apoyó y precipitó hace pocos años la ruptura del orden constitucional de 1978. Comenzó con Cataluña en los puntos más delicados, pero siguió en otras reformas estatutarias que vinieron a consolidar la desintegración estatal y política de la nación española. Culminará con algo que el propio Ernest Maragall utiliza como baza en su apuesta por mantener la reacción nacionalista dentro de la disciplina institucional forjada en torno a la Generalidad: el pacto de financiación autonómica, lejos de traducir las posibilidades previstas en la Carta Magna, corrigiendo los defectos del modelo vigente, es, y de eso no hay duda, la transposición en legislación estatal de lo que ya recoge el estatuto catalán, es decir, una suerte de imperialismo catalanista capaz de condicionar la financiación de todo el Estado (incluidas el resto de CC.AA) ante los intereses del constructivismo nacionalista catalán (reconocido abiertamente en el título del artículo discutido en este post).

No digo que sin Zapatero todo hubiera sido bien distinto; únicamente afirmo que ha sido su voluntad y su deseo romper desde dentro el orden constitucional; hecho inédito, asimilable al golpismo más despiadado, pero dulcificado por la distorsión de términos y una presunta amplitud interpretativa. Llegará la sentencia del TC y con ella los reproches. Visto que PSC, CiU, IpC y ERC se mantienen (por ahora) en el pacto alcanzado con el nuevo Estatuto, la crisis política que irremediablemente abrirá una sentencia adversa a sus postulados, no alcanzará solución siquiera con el derrocamiento del presidente del actual gobierno.

Ni movimientos de cejas ni un PP capacitado para ser alternativa (ya sabemos de los fervientes deseos de Rajoy de pactar con CiU) calmarán a los nacionalistas, que si bien conocen su precaria situación de apoyo popular ante una eventual aventura soberanista sin marcha atrás, pondrán toda la leña en el fuego antes de consumir la auto abrogada legitimidad exclusiva para decidir sobre el futuro social y político de los catalanes.

Sólo hay una cosa peor que un señorito de la aristocracia catalana: un charnego cualquiera metido a nacionalista (o peor, un acomplejado de provincias ajenas al orbe catalanista… esos sí que son peligrosos).

Saludos y Libertad!

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3 comentarios leave one →
  1. JFM permalink
    agosto 26, 2009 12:56 pm

    Titulo alternativo: “El pacto por Cataluńa está atado y bién atado”

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