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Inútil liberalización para una inútil intervención

agosto 25, 2009

Una medida que pretende liberalizar en parte un sector totalmente intervenido será una auténtica pérdida de tiempo si tan sólo queda en eso.

El Gobierno aprobó hace dos meses la ley Ómnibus, ahora en espera de pasar a manos del Parlamento. Uno de los puntos de dicha ley rompe con el monopolio del que ahora gozan las autoescuelas al permitir a cualquier otra empresa sin licencia como tal, imparta clases teóricas de conducir. He dicho rompe, pero más bien es una medida que ni tan siquiera se puede decir que roce en su barrera monopolística, a pesar de lo cual, los privilegiados (las autoescuelas) ya se han levantado en pie de guerra contra ella.

El Estado se reserva el derecho a no permitir conducir a todo aquel que no se saca el correspondiente permiso que sólo él expide. Conducir sin carnet ha pasado de ser causa de sanción administrativa a ser penado como delito. La intervención no acaba ahí, ya que se obliga a los ciudadanos a tener que presentarse a los exámenes a través de las autoescuelas (te puedes presentar por libre pero necesitas unos requisitos que lo hacen prácticamente imposible), verdaderas beneficiarias de este sistema, que obliga a todo individuo que quiera conducir, sepa hacerlo o no, a desembolsarse una media de 2000 euros que van a manos de unas empresas privadas a las que el Estado les ha privilegiado entregándoles un monopolio. La liberalización que van a poner en marcha es absurda, ya que la parte práctica sigue estando en manos exclusivas de las autoescuelas y éstas ya metían las clases teóricas, que sí se pueden preparar por libre, en el mismo paquete que la matrícula, con lo que ninguna empresa va a poder competir con ellas.

El defender la conducción sin licencia no significa defender un mundo en el que millones de locos sin carnet se lancen a 200 por hora a las carreteras sin tener unos mínimos conocimientos. Como todos sabemos, el que una persona apruebe el carnet no es garantía de que vaya a conducir mejor  que otra que no lo tenga. De hecho, el Estado, con su derecho exclusivo a repartir licencias, no consigue que no siga habiendo gente que conduzca en dirección contraria en una autopista, que adelante en tramos sin visibilidad o que no respete un stop. No se debería prohibir la conducción sin permiso (hablo de las carreteras públicas, las privadas que pongan sus propias normas) pero si se debería penar fuertemente los accidentes por no poseer los suficientes conocimientos o por conducciones temerarias, al igual que el conducir bajo los efectos del alcohol o drogas debería ser siempre un agravante en el caso de accidente.

PD: aprovecho para quejarme del lamentable estado de las carreteras públicas españolas. Este verano he pagado encantado los peajes con tal de librarme de los baches y los trazados imposibles. Cuando el sector privado comete errores o falla, todo el mundo se echa las manos a la cabeza y pide regulación, pero cuando lo que falla es lo público, y casi siempre lo hace, nunca se le echa la culpa a la intervención.

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2 comentarios leave one →
  1. agosto 25, 2009 8:37 am

    Hombre, el Estado, como titular de la mayoría de las carreteras, ejerce esa potestad de exigir un tipo de licencia. El problema es que esa licencia es exigible en todo caso, no existe competencia entre el gran Estado-caminero y los propietarios de las pocas autopistas privadas. El sistema es único, totalmente intervenido y no deja lugar a la confrontación de alternativas. De ahí que debamos criticarlo en sus formas, requisitos y objetivos.
    De igual modo el Estado impone un “seguro obligatorio” que millones de conductores no contratan. En definitiva, si lo que busca es la plena seguridad, la mejor conducción y la ausencia de insolventes al volante, el Estado demuestra cada año su fracaso.
    Saludos!

  2. Fran permalink
    noviembre 5, 2009 1:14 am

    En mi opinión, las tarifas y trámites necesarios para la obtención del permiso dan poca o ninguna libertad a los usuarios de elegir, es un auténtico robo, un impuesto revolucionario y un abuso a nuestro ya de por sí maltratado poder adquisitivo.

    “No se debería prohibir la conducción sin permiso”…. no estoy para nada deacuerdo.
    El superar unas pruebas de conocimientos y de conducción me resulta imprescindible.

    No me refiero a si una persona es más o menos responsable o tiene un buen criterio en su conducción, estoy hablando de que una persona tiene que saber que significa una señal de prohibido, de prioridad de paso, de prohibición de adelantamiento, etc.

    En mi conducción no me fio nunca del resto de conductores, hablando con propiedad “porque siempre hay algún gilipollas que se pasa las normas por el forro”. Si a esto le sumamos una serie de individuos que simplemente las desconocen o no han realizado un período de aprendizaje suficiente, se traduce en que el transitar diario por las carreteras españolas se convierta en una emocionante aventura.

    Como garantizas que una persona tiene los conocimientos adecuados si no se emplean los permisos……..
    ¿me van a hacer un test los agentes de la circulación si me parán?
    ¿si lo suspendo me quitan puntos?
    me veo repasando todas las noches las señales de circulación por si me preguntan.

    Lo siento, NO a los farruquitos.

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