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Los Referéndums no matan

septiembre 4, 2009

Promover consultas sobre lo que se quiera, es legítimo y habitual. Circunscribirlas a un territorio, crear un censo y conceder al resultado efectos jurídico-políticos, constitucionales o lo que se prefiera, es tan iluso como factible: depende del impacto que tenga semejante convocatoria en la opinión pública que pretende comprometer.

Lo que parece inconsecuente es que desde el Estado, bien central, autonómico o municipal, se busque dotar de validez jurídico-formal a un referéndum para el que se carece de competencias o directamente contraviene el contenido material de la constitución. Esta parrafada se resume como sigue: un particular o cualquier asociación privada puede, si lo desea, consultar lo que prefiera, dónde y cómo lo estime conveniente. El resultado tendrá las consecuencias que sea, pero nunca adquirirá los efectos jurídicamente previstos para los referéndums tasados en la Constitución. Lo que parece peligroso y radical es que semejante ruptura se emprenda desde las instituciones políticas del Estado, y no pueden sus dirigentes alarmarse porque se les aplique con rigurosidad las normas vigentes al efecto.

Soy partidario de que cada cual decida hacer el ridículo como prefiera. Ibarretxe se convirtió en un sedicioso absurdo buscando consultar a todos los vascos (todos todos, no, faltan muchos muertos y exiliados) sobre el futuro político de la región. Pero aprendió y supo recular en cierto modo: sus dos preguntas no fueron en ningún caso contradictorias con el espíritu y las convicciones de Zapatero y su gobierno. De este modo, si Ibarretxe tentaba con la sedición Zapatero venía practicándola desde que ocupó La Moncloa.

Si el alcalde de Arenys de Munt quiere hacer el ridículo, adelante, pero cuidado con la fiscalía, porque es lo que procede. Si le apetece preguntar a sus conciudadanos sobre la independencia de toda Cataluña (es común entre los radicales aspirar a la extensión de sus ideales sobre el resto de los que considera miembros de sus fantasías colectivistas). Si del referéndum, ilegal y criminal, saliera un sí, su impacto no sería sino propagandístico, breve y poco más. Para que estas cosas prosperen no vale con medidas entusiastas y grandilocuentes. Si se quiere tomar la temperatura de los catalanes sobre una eventual independencia del Estado español, no creo que realizar consultas desde las instituciones sea el método más efectivo.

Convocar manifestaciones desde asociaciones privadas, encabezadas por presidentes del Barsa y demás barrabasadas, puede que alcance cierta repercusión en los medios pero dudo que logre movilizar y cambiar el espíritu de la masa crítica y activista indispensable para precipitar cambios políticos tan radicales como sería una secesión. Tampoco es posible adecuar la opinión mayoritaria de la población a los deseos colectivistas de algunos concienciados mediando imposición y adoctrinamiento (al menos no a corto plazo). Se trata de un proceso arduo y muy duradero, de ingeniería fina y contenida. Los estruendos como la movida del Estatuto y el previsible conato de revuelta si llegase una sentencia adversa desde el TC, no sirven de nada, todo lo contrario, frenan los esfuerzos y dilapidan lo ya conseguido.

Resumiendo: calentar desde las instituciones es inútil, delictivo e radical. Calentar desde la sociedad civil, como dicen algunos, no deja de ser un legítimo intento de toma de temperatura, pero con efectos contraproducentes, pudiendo desandar camino y promover un desasosiego que, en periodos de paz, cierta libertad, prosperidad y extensión de la propiedad privada, resulta letal para todo programa independentista como el catalán.

Cataluña es lo que es, es España, guste o no a algunos, por aquiescencia sostenida de la mayoría de los catalanes, con o sin referéndum, Diada o manifestación.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. septiembre 4, 2009 5:56 pm

    Se dice “referenda”, si decide usted emplear términos latinos.

    Y lo que usted dice no es más que otra “paja mental” anarquista. Onanismo éste, además, que parte de un error clamoroso: y que es el considerar que un representante público (como lo es el alcalde de Arenys de Munt) puede promover lícitamente una consulta popular que altere los límites y alcance de la autoridad del estado español. Es una conducta desleal rayana en el delito de rebelión. Por eso mismo un juez ha paralizado toda la payasada: como deberían haber paralizado lo del Estatut en su momento.

    Pero el caso es cargar “contra el Estado malvado” y así se acaba, claro, brindando porque caiga Saigón o alabando a los enemigos de EEUU: todo a su tiempo. Lo que Baudelaire diría “el nomble arte de escandalizar”; aunque en este caso sin nobleza, claro, sólo fundamentalismo.

  2. septiembre 6, 2009 7:18 pm

    No te has leído el post, no digo eso que insinuas… ah, y no soy anarquista, no sé de dónde te sacas semejante barbaridad. Por favor, leete las cosas y no seas tan pesado.
    Saludos!

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