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La deuda pendiente de Zapatero

septiembre 7, 2009

El País, puede que por decencia intelectual (puede que por saberse “segundón” del presidente), despierta en sus ediciones cierto desapego con Zapatero y su desastrosa política económica. Ayer, sin ir más lejos, dedicó su especial dominguero de economía a darle duro, justo en la cabeza (como diría Juan Carlos, del que no sabemos si le queda poco… o demasiado), destacando las peculiaridades de la crisis en España, la insostenibilidad del modelo de crecimiento que tuvo su auge en los 4 primeros años de gobierno neosoc(k), la incapacidad para reconocer problemas, y peor, los bandazos, globos sonda, tentativas y errores cometidos con forma de “respuestas de coyuntura”. El diario de Prisa permanece instalado en el peor de los diagnósticos, la estulticia teórica así como la comodidad de sentirse asesorado por “los mejores” del momento. Aun con todo Zapatero no les gusta, son conscientes del desastre y pretenden bien una rectificación seria e inteligente, bien una crisis política capaz de devolver a los socialistas cierta cordura. Lo que sí parece evidente es que en su esquema de recuperación y cambio político no pasa que el PP ocupe el gobierno… eso ni por asomo (y casi casi que comparto su opinión).

Lo que asusta no es que El País, despechado y traicionado, tenga un momento de lucidez y denuncie el harakiri impersonal de Zapatero. Lo que aterra es que lo haga no desde la moderación y la revisión, sino de la mera reafirmación ideológica, descartando al hombre pero no a sus ideas. Zapatero improvisa, yerra, titubea, pero en el fondo, y eso cree El País, no va mal desencaminado. El gurú económico del New New Deal, Paul Krugman, ilustra con uno de sus artículos las máximas de las que parte la progresía mundial: Estado salvador, Estado estimulados, déficit y deuda hasta que la cosa no empiece a remontar.

Esa simple ecuación es, desde que el Estado es Estado, un ejemplo más del terrible impacto que tiene el estatismo en el intelecto humano cuando se convierte en razón de ser de toda decisión política. No solo conlleva una clamorosa ignorancia sobre el funcionamiento de los procesos sociales y de mercado, sino una nimia escapatoria capaz de condenar a los hombres y mujeres a las más profundas tinieblas. El señor Krugman parece no entender que en el mundo en el que vive el Estado gastando solo contribuye a dilapidar la riqueza presente y futura. Tampoco comprende que el Estado invirtiendo carece de rumbo y eficiencia, o peor, compromete el ajuste necesario para revertir los errores que precipitaron la crisis. El Estado maneja lo que no produce; lo expropia y distribuye. Impide que sus legítimos propietarios tomen decisiones respecto de los recursos disponibles, pero también intercepta la posibilidad de especular, de plantear procesos de inversión duraderos, de endeudarse con responsabilidad.

Cuando el Estado entra en déficit para sufragar sus gastos corrientes no está salvando a sus proveedores y asalariados. Lo que se ve, lo aparente, es que el Estado cumple con sus obligaciones previas. Lo que no se ve es que lo hace comprometiendo su propia viabilidad y secuestrando recursos o compitiendo por recursos que en manos privadas sí pudieran cumplir una función coordinadora. El Estado al no reducir su gasto ajustándolo a sus ingresos no activa la economía sino que la hunde aun más, lastrando una recuperación que nunca, nunca, dependerá de él.

Cuando el Estado toma deuda, acude a los mercados de capitales, compite con otros Estados y empresas, ofrece tipos altos cuando mayor sea la confluencia de agentes necesitados de financiación, está tomando decisiones muy complicadas con un doble impacto: a corto plazo seca las fuentes de financiación capaces de suministrar recursos a los emprendedores que deben hacer remontar la situación. A medio-largo plazo realiza inversiones en sectores y ámbitos concretos que nunca sabremos si el mercado, con precios libres, habría convertido en lo suficientemente atractivos como para movilizar semejante cantidad de recursos.

Gastar o invertir indiscriminadamente, facultad que solo tienen los gobiernos, arbitrarios y sometidos al vaivén político y la opinión del populacho, no es por sí misma garantía de recuperación. Si hoy, y es lo que no parece entender Krugman, se atisba la recuperación mundial (está por ver) no es debido, como defiende, a la ingente movilización de recursos en forma de gasto corriente e inversión arbitraria promovida por los Estados gracias a la deuda, sino por la capacidad de ajuste inspirada en precios más o menos libres y en la perspicacia empresarial de millones de individuos a todos los niveles del mercado. Sin esto último no estaríamos hablando de “tocar fondo” o “síntomas de recuperación”, sino de agudización de la crisis y estancamiento.

Los Estados no crean riqueza, la redistribuyen, no invierten sin más sino que bloquean otras inversiones. El mito de que sin el ánimo del Estado los agentes privados, deprimidos y temerosos, serían incapaces de hacer remontar la economía, no deja de ser una fábula inventada por políticos y esbirros políticos como Krugman o Keynes.

La deuda no es mala. Quien se endeuda valora más lo cree podrá obtener gracias a ese crédito que el crédito mismo, sumados los intereses. Cree que obteniendo hoy esos recursos podrá devolverlos cuando toque y aun así obtener un beneficio. Sucede cuando compramos bienes de consumo duradero como las viviendas, con mayor o menor acierto, o cuando cambiamos recursos presentes previendo una lucrativa producción futura. El Estado, sin embargo, aun cuando en determinadas inversiones pueda comportarse como un agente privado y responsable, además de no comprometerse como éste lo haría puesto que tanto su capacidad de endeudamiento como sus recursos presentes proceden del expolio fiscal (de la riqueza de sus ciudadanos), nunca actúa guiado completamente por el espíritu que sí guía a los particulares. Lo hace a través de un cálculo de oportunidad política: Si estamos en crisis debe parecer que la crisis es responsabilidad de cualquiera menos del Estado. Siendo así el Estado se convierte en el salvador del desfavorecido. Demostrado el fracaso de mercado libre el Estado adopta la posición de máximo gastador e inversor, puesto que sin demanda no hay actividad. Los dirigentes políticos introducen todas estas falacias en su túrmix particular, evaluando su situación personal…

Zapatero sabe que le quedan 2 o 3 años duros, para él y para la economía española. En base a lo que cree saber de esa situación ha trazado un plan de acciones sostenido en convicción inspirada por Krugman: la deuda no es mala cuando el deudor sea el Estado. Es más, debe aprovechar la situación para colocar al Estado en posiciones ventaja y preeminencia dado que es el único capaz de financiarse sin asumir todos los costes derivados. Si todos los Estados siguen esta máxima será más que evidente su grave contradicción, porque aun pudiendo endeudarse a lo grande comprometiendo impuestos y riqueza futuras, hoy no existen bienes presentes para todos… no a un precio que garantice la sostenibilidad financiera de dichos Estados. En esta contienda resulta evidente que unos saldrán mejor parados que otros. Veamos qué confianza inspira la solvencia de España, su Estado y su gobierno…

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. Kokoliso permalink
    septiembre 7, 2009 10:28 pm

    ¿Neosoc? ¡has inventado un nuevo termino! que viene que ni pintado al caso. ¿Qué es la (k)?

    Me gusta la palabreja, se puede aplicar a lo políticamente correcto y sostenible.

    Un saludo,

  2. septiembre 8, 2009 9:40 am

    Lo peor de todo no es casi la deuda, con la importancia que tiene, sino como crecerá España a partir de ahora. Se ha hecho evidente que un crecimiento basado en el ladrillo no es válido. Y al parecer la supuesta gallina de los huevos de oro, el turismo, no está sirviendo para lanzar al país fuera de la crisis. De hecho hay una auténtica crisis del turismo. ¿Qué va a hacer España para volver a crecer, o aunque sólo sea, salir de la crisis? Eso es lo que me parece más preocupante (junto con la deuda), y a lo que Zapatero no está dando respuesta de ningún tipo. No sólo no da respuesta, sino que directamente los obvia. Piensa que cuando lleguen las próximas elecciones la crisis se habrá superado y podrá volver a ganar. Por eso sólo se dedica a aplicar parches, no plantea soluciones de ningún tipo, porque piensa que no hay nada real que solucionar.

    • Kokoliso permalink
      septiembre 8, 2009 3:05 pm

      Debemos ponernos las pilas y cambiar el modelo productivo de ladrillo-turismo a producción-exportación-turismo pero eso no lo debe ni puede hacer ningún gobierno. Cada uno debe hacer su parte que es trabajar y ganar dinero y no esperar la sopa boba y que papá estado nos saque las castañas del fuego.

      El gobierno lo que tiene que hacer es quitar trabas y desregular mercados como el de la energía. (Nucleares sí, precios libres y fin de subvenciones a energías “limpias”)
      Reducir burocracia, funcionarios, trabas para montar negocios, impuestos redundantes (mirad la factura de la luz, cobran impuesto sobre electricidad y luego el IVA sobre ese impuesto), etc…

      Y dejar de apoyar a bancos y cajas para que el grano furuncular explote de una vez y se cure la infección. Con respaldar los depósitos en caso de quiebra bancaria basta, ni un euro de ayuda de más.

      Pero como pedirle al gobierno que se haga el Hara-Kiri es como pedir peras a un olmo, me conformo con que no nos saque del Euro antes de que convierta todos mis Euros en oro.(Lástima no tener muchos).

      • septiembre 8, 2009 3:50 pm

        No estoy de acuerdo en algunos puntos. El gobierno es el primero que debe dar ejemplo y potenciar los sectores y los procesos que den lugar al surgimiento de una nueva economía, porque precisamente han sido ellos los que han potenciado el ladrillo y el turismo como exclusivos sistemas de crecimiento. Y deben dar ejemplo para que la sociedad entera actúe, porque dado como somos los españoles, parece que tenemos una incapacidad mental para trabajar. Con razón consideran fuera que somos unos vagos, lo que no sé es como no hemos cerrado el país. Hay que potenciar muchas cosas e indicas algunas de ellas que son importantes.

        Desgraciadamente el gobierno está tan quebrantado en sus mismos fundamentos que esto no puede ser la solución, y esperar que la sociedad española lo solucione también es bastante inocente. Vamos a tener que darnos una ostia bien guapa para que por fin los temas salgan a relucir y alguien ponga remedio, aunque tengamos que echar a los que están ahora.

  3. Kokoliso permalink
    septiembre 9, 2009 2:18 pm

    El gobierno hace más daño potenciando un sector que dejándolo en paz.
    Si se subvenciona algo aparecen los cazasubvenciones y no suelen ser los mejores del sector sino los que mejores relaciones tienen con la administración. (ayudas públicas suelen dar lugar a corrupción).

    Mejor que quiten trabas, eliminen burocracia e impuestos, es mucho más limpio.

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