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Gallardón mató al “joyero” de Serrano

septiembre 12, 2009

Con estas cosas, bromas las justas. El pobre señor que murió y cayó en una zanja, o cayó en una zanja y murió, merece todo el respeto que merecen los desafortunados. Es más, si la zanja no contaba con las medidas de seguridad legalmente previstas o se advierte falta de diligencia en su realización y señalización, es deber de los familiares del pobre señor interponer las pertinentes acciones judiciales contra la empresa adjudicataria de las obras, solidaria, en su caso, con la concesionaria del aparcamiento que están construyendo y el propio Ayuntamiento de Madrid.

De ahí a decir que Gallardón es responsable de la muerte del joyero, hay un trecho que no deberíamos recorrer. La responsabilidad política es algo bien distinto, y nunca puede asimilarse con los altercados de este estilo. Que el AVE no llega a Barcelona a tiempo porque se han apresurado las obras y descartado los preceptivos informes sobre el terreno y la idoneidad del método constructivo: parece obvio que algo tendrá que decir el titular de Fomento. Imputar responsabilidades a Gallardón sería mucho más complicado a no ser que entendiéramos que por capricho suyo Serrano ha acabado manga por hombro entre zanjas y trincheras. Eso, con toda seguridad, es lo que pensaría el pobre fallecido levantando o echando el cierre de su Joyería.

Gallardón, y de eso sí es responsable, ha añadido desdicha a la ya complicada situación de los comerciantes de la Milla de Oro madrileña, iniciando unas obras que, en tiempos de crisis, por rigor presupuestario y sentido común, nunca debería haber emprendido. En Serrano los márgenes de beneficio son elevados, pero si dejan de entrar clientes, con dos o tres ventas menos, o un par de días yermos y desesperantes, los fuertes costes devoran la mera posibilidad del lucro. Alquileres y suelos, impuestos y publicidad. Disuadir con obras largas y accidentadas, incómodas y mal planificadas, echa por tierra una parte importante de las ventas esperadas.

Gallardón ha matado a los joyeros de la zona. No a este pobre señor, que tuvo mala fortuna, fuera o no un infarto lo que le liquidó. Gallardón ha favorecido directamente a una concesionaria de aparcamientos a cambio de un remozado de aceras y mejoras en la movilidad. No dudo de los efectos beneficiosos para comerciantes y ciudadanos una vez concluidas las obras, pero el político tiene la obligación de demostrar sentido de la oportunidad práctica, y no tanto espurio y hedonista oportunismo.

Madrid es una ciudad que se merece los alcaldes que tiene. Sus ciudadanos caminan desde la sana indiferencia hasta el complejo más ridículo posible. Cambiarlo todo para que nada parezca antiguo. Fuera las señas de identidad, novecentistas o del mismo siglo XX. Fuera suelos, fuera farolas, abajo hitos modernos, vayamos al minimalismo más cutre y mal acabado. Los socialistas brillaron por su ausencia en estos quehaceres. Manzano no lo hizo del todo mal. Pero Gallardón, ay Gallardón!, está liquidando lo poco que nos quedaba de ese Madrid explosivo y dinámico, ese toque de los 20, de los 30, los 40, los 50… Entiendo la obsesión por borrar los excesos del urbanismo franquista del desarrollismo expansivo, pero no que con esa indispensable labor nos llevemos por delante vestigios estéticos que merecen ser puestos en valor frente al vandalismo de tanto madrileño frustrado.

Saludos y Libertad!

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