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¿Amortizando a Zapatero?

septiembre 21, 2009

“Ningún poder se mantiene si ha perdido su virtud mágica”, decía Jouvenel estudiando por qué los oprimidos no se rebelaban contra sus opresores. “Ningún poder resiste a una opinión pública desfavorable”, se atrevió a afirmar Mises en tiempos de totalitarismo y guerra. Siendo cierto el fondo de sus aseveraciones, resulta indispensable tener en cuenta otros factores cuando de analizar el poder político de nuestros días se trata.

Zapatero está amortizado prácticamente desde el día de su victoria electoral el 14 de marzo de 2004. Sembrado el desconcierto apostó por la radicalidad en guante de seda y buenismo. Muchos le dieron por amortizado con ciertas medidas de ingeniería social como el rodeo del “matrimonio gay” o el esperpento jurídico de la adopción entre personas del mismo sexo. Se sorprendieron al comprobar que detrás de esto, el teatro de la violencia de género, y cuatro fuegos de artificio más, destacó la auténtica y feroz estrategia del ungido del rojerío revanchista: la refundación constitucional de España y el fin negociado del terrorismo. Esos fueron sus máximas de acción.

Llegó prometiendo el descenso del precio de la vivienda y legó la mayor burbuja inmobiliaria que ha conocido España en su corta historia de afán constructor. No quiso meter mano a las empresas del sector, no intervino ni en un sentido ni en otro, para mayor tranquilidad de un PP con el que seguramente el crecimiento insostenible habría adoptado un patrón similar. Siendo así la ceguera económica no comprometió la política de Zapatero hasta que las fallas internas se mostraron gracias a una crisis mundial con un origen de idéntica naturaleza económica.

Aun así Zapatero halló el consuelo de sus afines, y a pesar de las palabras de Mises, una maquinaria de desinformación y propaganda a años luz en superioridad de lo que fueron capaces Nazis o Comunistas, logró mantener en el redil al número suficiente de españoles. Algo tendría que ver la nefasta actitud opositora del PP o los errores cometidos por Aznar en su política de medios. Sea como fuere, Zapatero conservó magia y apoyo popular para seguir demostrando que en realidad, casi desde el primer día, su talla política rozaba lo mediocre.

Su radicalidad unida al adanismo de sus promesas y predicciones, a pesar de la mofa y la sensación de desconcierto generalizado, entre propios y extraños, ha logrado mantener la farsa casi inalterada durante más de cinco años.

Pero suenan los acordes de una más que posible debacle. Y las debacles, en política, vienen de dentro antes que de fuera, y suelen percibirse con nitidez cuando los propios comentan. Las críticas, tal y como está concebida la partidocracia europea, o tienen un fuerte respaldo dentro del aparato del partido, o no son. En ese sentido parece razonable que las voces no suban el tono en los actos y órganos que Zapatero controla a la perfección. Tampoco en los nuevos medios afines, más si cabe cuando debido a la gracia del poder han conseguido colarse en espacios de suculento negocio. Otros, revenidos o envenenados, en ocaso o dificultad, juntan el rigor con el rencor y comienzan a dar tirones de oreja a quien manda. Ese es un indicio pero no el definitivo. Quizá sea la discrepancia de los relativamente independientes la señal de que algo está cambiando entre las masas de oprimidos.

Zapatero juega con las bazas que tiene: un Estado Social refrendado en su expolio y dominio por los fines que pocos se atreven a cuestionar, por los sofismas con los que comulgan hasta sus enemigos ideológicos; un Estado totalitario en su versión más refinada y potente. El poder de dominarlos a todos sin que surja un espíritu de justos propietarios, de orgullosos trabajadores, conscientes de la inviabilidad del sistema que pagan con sus impuestos, de la partida diaria que echa el inefable Zapatero y sus secuaces moviendo millones, miles de millones, de los bolsillos a la deuda del Estado, de los bolsillos a la Agencia Tributaria, de los bolsillos a los amigos, de los bolsillos a los pedigüeños o grupos de extorsión y chantaje social. Bolsillos de todos nosotros, inconscientes de la opresión a la que nos somete este poder de hoy, gobernado por ineptos, ladrones todos, druidas de la solidaridad, gurús de supercherías arduamente labradas por ideólogos, teóricos y farsantes en los últimos tres siglos.

Zapatero nos somete por ese aurea mágica que rodea su posición como Presidente del Gobierno. Encantado de decidir y residir en La Moncloa, se enfrenta a un motín sibilino y silencioso que quizá, a pesar de la oposición que Dios nos ha dado, acabe con él aunque solo fuera por el gusto de verle derrotado. Después ya se verá qué y con quién…

Saludos y Libertad!

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