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Cosas de Casa

septiembre 26, 2009

Zapatero se avergüenza de sus hijas. Hasta ahora nos han querido vender que su ocultación, la petición de respeto a los medios, pertenecía a una actitud de protección por parte de sus padres. Ya sabemos que tal patraña es mentira. Todo político vive de su imagen, salvo los fontaneros monclovitas o genovenses, los asesores o miembros de gabinete. Su imagen importa, tanto que puede llegar a convertirse en el eje de su capacidad de captación de apoyos. En EE.UU saben muy bien de estos temas. Preocupa la vida íntima, el orden familiar, las costumbres personales. Un político no será nunca respetado si su forma de vida no se adapta a patrones de los que pueda inferirse cierta estabilidad emocional, mesura y entrega. A los políticos se les pide siempre que sean altruistas. Para egoístas ya tenemos a los fieros capitalistas ávidos de beneficio empresarial. Sin embargo el político es todo bondad, compromiso con la gente, entrega desinteresada al servicio público. Y para que esto resulte creíble, a pesar de que todos sepamos que el egoísmo es el motor fundamental del Poder (y el deseo de Poder), nunca conviene tener trapos sucios que guardar o proyectar una imagen familiar idílica que sea fácil de desenmascarar. En este país, como en tantas otras democracias, muchos solteros, homosexuales, divorciados, adúlteros y disipados han tenido que renunciar a una carrera política que por otros méritos sí les hubiera correspondido. Esto está cambiando, pero siempre idéntico requisito: no vender lo que no hay y que tu vida, sea la que sea, desprenda la suficiente integridad moral como ara convencer a la gente de tu credibilidad. Porque no hay cosa peor que un político mentiroso, más si cabe en asuntos íntimos o familiares. Lo vemos con el concejal de Palma, homosexual, pero además sediento de alterne, chaperos y cocaína. De cara a la galería, un buen padre de familia, bien arreglado, comedido y algo más que católico festivo. Un descuido con la tarjeta de crédito hizo saltar la libre. Dudo que sus compañeros de partido no lo supieran, que incluso los miembros de otros partidos no tuvieran noticia de sus salidas nocturnas y dispendios sexuales. Pero todos se tapan, porque en principio, bajo una actitud corporativista que une izquierda con derecha, españolistas con  nacionalistas, todos callan y lo dejan pasar siguiendo la máxima de: te puede pasar a ti.

Quienes como Zapatero no tienen nada que esconder, o eso parece, levantan sospechas cuando demuestran un interés extremo en proteger su vida íntima. Vida íntima que practica en La Moncloa, en Doñana, en el dichoso palacio de Lanzarote, en Aviones del ejército, en consulados extranjeros, en viajes oficiales con todos los gastos pagados. Parece raro que un matrimonio bien avenido, con dos hijas lozanas y sonrientes, no se atreva a dar una imagen de más naturalidad, sin exagerar, sin querer aparentar lo que no son, pero sin ocultar la presumible concordia familiar que se respira en su hogar. La gente se siente reconfortada cuando percibe “normalidad”, y con “normalidad” no quiero decir que sus líderes se comporten como la media de españoles; normal es fluido, sosegado, estable, silencioso, comedido y centrado. Sea como sea la forma de vida o el tipo de familia que tenga cada uno. Zapatero no tiene nada de lo que avergonzarse… o sí?

No creo que estas dos siniestrillas sean algo del otro mundo. A todos nos ha chocado verlas. De la nada, de la máxima ocultación, de repente dos adolescentes, más bajitas que sus padres, una rubia, otra morena, ambas ataviadas con túnicas rituales de no se sabe qué modisto o modista de ultratumba. Si ZP quería que las niñas conocieran Nueva York y posaran con Obama, esa atracción viviente, ese ungido tan parecido a “papi”, que no lo hubiera hecho con motivo de la asamblea general de la ONU o la cena de gala a la que invitó el Presidente de los EE.UU a todos sus asistentes. La foto revela la voluntad de Zapatero de colocar a su familia en un ambiente oficial, un espacio reservado para los mandamases, las “primeras familias”, pagado con nuestros impuestos. Ese error de cálculo, creyendo en la gratuidad del atrevimiento, le ha salido mal esta vez al Presidente. En otras ocasiones, cuando con medios públicos organiza las vacaciones familiares, ha logrado que la prensa ceda al chantaje victimista y tuitivo apelando al interés del menor. En realidad sucede algo bien distinto: Zapatero, consciente de lo que tiene en casa, sabe que dar una sensación de normalidad sin ocultar a sus hijas podría traerle más problemas que beneficios. Y a los hechos me remito. Si ambas fueran idílicas tengamos por seguro que, dado el feroz gusto por hacerse fotos y aparentar de nuestro Presidente, las niñas serían viejas conocidas de todos los españoles. Como son bajitas, rarunas, no sé si con mucha o con poca personalidad, y algo problemáticas en su instituto, mejor guardarlas bajo llave no vaya a ser que la gente empiece a sospechar que la familia presidencial es un poquito extraña.

Y lo que me temo es que la prole de Zapatero no es lo más raro de la foto. Los raros son los padres, José Luis y Sonsoles, y sabiéndolo prefieren evitar estampas que les delaten. Muchos padres creen que sus hijos salen rana por obra y milagro de entes extraños, amistades o la Sociedad misma. La mayoría de ellos se equivocan mirando hacia fuera, porque los hijos, normalmente, son el mejor reflejo de la personalidad de sus padres, su capacidad para educar y transmitir valores, o su equilibrio emocional. Esa es la foto que no quiere Zapatero. Que las niñas sean más o menos góticas, es lo de menos. Estoy convencido que en su estrafalaria imagen son en realidad mucho más normales que el sonrisitas de su padre y la seca de su madre.

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One Comment leave one →
  1. atroma permalink
    septiembre 26, 2009 12:21 pm

    Los adolescentes necesitan héroes, o alguien en quien reflejarse. No tienen todavía definida su personalidad, y a lo que aspiran es a ser lo que admiran. Dicho sea eso, me sugiere las dos únicas posibilidades de sus acciones al ver la foto. O bien su estilo gótico viene de cómo dices, de sentirse desplazadas por el sobre mundo en el que viven. O bien que zapatero y la sonso, en la intimidad, son también de un estilo parecido al que sus hijas lucen. Una posibilidad que descarto es que les de lo mismo que sus hijas vayan como quieran. No la comparto al ver los tintes totalitarios del patriarca rodríguez. Esos creyendo que el patriarca de la familia sea el hombre.

    Pobre niñas.

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