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Primero los matan, luego los subvencionan

septiembre 28, 2009

La historia de Pablo Pineda es un claro ejemplo de lo que Mises llamó “ley de asociación de Ricardo”. Todos tenemos algo que en un mercado libre puede ser valorado por otros agentes en un grado superior a la estima que nosotros mimos sentimos por ese “algo”. Y mucho más: realizando una labor, produciendo un bien o prestando un servicio, peor de lo que otros podrían llegar a hacerlo, en un mercado libre tienden a asignarse los recursos allí donde son más valorados, es decir, aun cuando todos los abogados, neuro cirujanos y arquitectos del mundo serían mucho mejores ujieres, barrenderos, albañiles o contadores de tornillos, gracias a la división del conocimiento (del trabajo) siempre habrá alguien que libere de esas ocupaciones a quienes puedan ofrecer bienes o servicios más valorados.

Sin un mercado de trabajo intervenido, carente de regulación sobre el salario mínimo, existe una tendencia a que todo individuo que pretenda ofrecer su fuerza de trabajo encuentre un destino y un precio libre para ello. Hasta el menos capacitado hallaría ocupación, gracias, eso sí, al acuerdo de voluntades entre ofertante y demandante dentro de un orden institucional basado en el respeto de la libertad individual.

Ahora dirijamos la atención a la cuestión de los síndrome de Down. Son seres humanos, son personas, tienen ciertas capacidades, y por todo ello, son dignos merecedores del reconocimiento sobre el que se yergue la sociedad humana. Los hay con más problemas, más incontrolables, menos dóciles. Algunos viven mucho, otros poco. Pero todos se ríen, casi todos aprenden a hablar, interaccionan, obedecen, aprenden y tienen sueños y proyectos. Los hay que como Pablo Pineda estudian una carrera universitaria, con mayor o menor apoyo y comprensión por parte de los docentes. Incluso consiguen realizar un trabajo complejo, sufrido, como la interpretación, y de forma creíble y exitosa, hasta el extremo de ser merecedor de un galardón como la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián.

Pero hay algo que perturba estos hechos, factibles, que no deberían sorprendernos, dada la innegable capacidad de las personas con síndrome de Down. El progresismo, la progresía, la doble moral, la insana conciencia del socialista, interviene de forma determinante en todas estas estampas de presunta superación y aparente solidaridad con el discapacitado. Los progres tienen la mala costumbre de subvencionar, de creerse en posición de plantear soluciones de discriminación positiva en forma de programas de integración. La actividad en sí resulta encomiable, lo que inquieta es la fuente de los recursos implicados en la misma: impuestos cobrados a punta de pistola y asignados por un arbitrario gobernante allí donde más le conviene o, como es el caso, allí donde más le duele.

Porque es típico de la progresía considerar que la vida en formación debe estar sometida al capricho de quien la sostiene; hasta el parto, eso sí, porque una vez que el nuevo ciudadano irrumpe en este mundo el Estado, el Socialismo, pasa a preocuparse en extremo por él. Tanto, que rompe todos los obstáculos entre el mismo y el propio Estado: es decir, los padres, en cuanto estorbo, son desplazados por un Estado educador e incluso reclutador, que tutela y caída al menor aun con los efectos perniciosos que todos conocemos.

El progresismo permite abortar, pero también quita la custodia a los “malos” padres, escolariza por la fuerza hasta los 16 años, y subvenciona a esos mismos discapacitados, sobre los que previamente, y siempre en fase de gestación, da carta blanca para que sean asesinados. Primero los mata y luego los subvenciona.

Otros socialistas, menos exitosos que esos que se dicen “socialdemócratas”, optaron por la coherencia no interrumpiendo la nula consideración que les merecían esos “subnormales”. Su interés eugenésico y su desprecio por la “imperfección” abrieron la puerta del exterminio de esos costosos peleles. Pero no os confundamos, el principio fundamental no ha variado apenas. Entre la “liberación de la mujer” y el espíritu caritativo transformado en la Diosa Solidaridad, el Estado no pierde esa doble vara de medir: los mata antes del parto, y para curar su mala conciencia, alimenta y estimula a los pocos supervivientes.

Así funcionan las mentes de quienes son incapaces de reconocer en embriones y fetos lo que son en realidad: seres humanos presentes, no futuros, eso sí, en fase de formación. Y dado que en la sociedad que vivimos se rinde culto a la perfección idealizando lo humano hasta extremos que rozan el absurdo, practica el socialismo la máxima de no dejar que nadie padezca el infortunio siempre que dicho infortunio sea extirpable mientras que el crimen no sea evidente. Obsesionados con la mera apariencia, abortar no deja de ser tan inocuo como discreto. La pobre madre, de otro modo condenada a tener un hijo algo imperfecto, queda liberada y lista para volver a intentarlo. Porque no hablamos de parálisis cerebrales o mal formaciones incompatibles con la vida, o con la vida “humana” (y de esto se puede discutir mucho), sino que hablamos de individuos discapacitados mentales, pero no vegetales. Su merma no es terrible a pesar de todo, y la muestra son estas personas que, con esfuerzo y dedicación alcanzan resultados que muchos, presuntamente más perfectos, son incapaces de rozar siquiera con la yema de sus dedos.

Las subvenciones, atenciones y privilegios públicos que reciben los síndrome de Down no deben verse como la clave de su éxito o integración. La libertad concede un lugar para todos, una forma de vida, oportunidades y esperanzas. Y si falla eso, la conciencia del hombre libre, mucho más activa y condescendiente, promoverá desde la voluntariedad, todo tipo de apoyos y soportes competitivos a fin de proteger a quien lo necesite. Solo el socialista desconfía del ser humano, queriendo incluso alterar su naturaleza, volcando semejante descrédito en la construcción de un ente artificial y despersonalizado a modo de encarnación moral absoluta. Este grave error, esa muestra de ignorancia y desprecio por lo humano, es la fuente de todo mal provocado. El mercado no garantiza resultados. El Estado, diciéndose capaz de hacerlo, no llega a lograrlo, pero es que si lo hiciera, sería a costa de tanto dolor y sufrimiento que el resultado aparentemente positivo quedaría eclipsado por completo.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. Pablo el herrero permalink
    septiembre 28, 2009 8:52 pm

    Muy buena tu entrada yosoyhayek, como denuncia de las leyes indiscriminadas del aborto. Hace años que llevo reflexionando al respecto de este tema del aborto (por cierto en su evolución tan unido a la propia evolución de la ideología feminista). Y así he ido viendo (y por tanto afirmo), que en la medida que el feminismo se ha ido radicalizando, en esa misma medida las leyes del aborto lo han hecho también.

    La última ley que nos quiere imponer el feminismo zapateril de aborto libre es un ejemplo claro de fascistización. En primer lugar porque legaliza la liquidación de la vida humana a lo largo del embarazo. En segundo lugar, porque es sexista (en este caso de tipo hembrista), ya que convierte al nascituros en propiedad de la madre obviando derechos equiparables al padre de dicho nascituros. En tercer lugar, porque todo aborto libre es en esencia una ley eugenésica para acabar con las vidas que la ideología totalitaria de turno defina que no son normales (incluidas, llegado el caso, las referidas a los porcentajes de población).

    El proceso histórico de la radicalización de las actuales leyes abortivas es el mismo que en su día ya fue realizado por los fascismos nazi y soviético del siglo XX, con la única salvedad que a diferencia de los anteriores que comenzaban legitimándose en los derechos étnicos y de raza, aquí son legitimados por la sacralización de los derechos de la mujer. El problema es que una vez “abierta la caza” del nascituros, la lista de causas para acabar con sus vidas no dejan de aumentar. Así por ejemplo, el feminismo comenzó defendiendo el aborto por razones de violación (tales embarazos no llegan al 1%); siguieron defendiendo el aborto por razones de malformación (un caso sería el de los nascituros con síndrome de Down); prosiguieron más tarde legitimando el derecho al aborto por razones psicológicas de la mujer (coladero infinito de los abortos realizados en España); a esta lista hay que añadir ahora la nueva ley de plazos (con la que nos pretenden imponer cuando un feto es o no humano); ya se está intentando también legalizar el aborto por razón de eleción de sexo….

    En paralelo a dicho proceso de radicalización de las leyes abortivas, hay que denunciar que la paternidad como valor individual, familiar y social, en sus derechos ha quedado totalmente anulada (con todo lo que conlleva de injusticia y problemas para los hijos).

    Pero no sólo con las actuales leyes de aborto libre las sociedades occidentales estamos viviendo las consecuencias señaladas, pues también afectan a preocupantes envejecimientos demográficos de países y continentes enteros, como es el caso de Europa (con lo que ello implica para su supervivencia como civilización). Hay más aún, pues como pasó en el siglo XX en sus fascismos, una vez abierta la legalización del aborto libre, su lista de razones termina siempre imponiendo a las mujeres el aborto en contra de su voluntad (caso de China, y las propuestas ya existentes en esa dirección por el feminismo socialdemócrata holandés). Siempre he afirmado que una vez destruida la paternidad, el siguiente objetivo a destruir será (está siendo ya) la maternidad. En esta trampa ha caído el feminismo a través de sus feministas más radicales, al ser estas coautoras de dichos objetivos para con las mujeres en general.

    Y defino al feminismo como una ideología fascistizada, porque una ideología se fascistiza cuando de alguna forma, en algún momento, se adueña de nuestras vidas en paralelo a negarnos derechos que se otorgan en exclusiva para ellas. Cuando una ideología comienza tratando la vida de sus semejantes a capricho, acaba convirtiendo en víctima inevitable al colectivo que dice representar. Les pasó a los obreros con el totalitarismo soviético, otro tanto les sucedió a los alemanes con el nazismo; les guste o no a las mujeres les acabará sucediendo lo mismo con el feminismo. Les está sucediendo ya con el tema del aborto, aunque la maquinaria mediática feminista lo silencia siempre (que se lo pregunten a los cientos de mujeres que en viven en soledad los síndromes postaborto, y no són las unicas mujeres víctimas del feminismo).

    Un cordial saludo.

    Pablo el herrero

  2. geremias permalink
    septiembre 28, 2009 11:26 pm

    Parece que , sin tanto rollo paliza como el tuyo, lo que quiere Pablo es que lo coloquen de funcionario en el ayuntamiento de malaga.
    http://www.malagahoy.es/article/ocio/525868/pablo/pineda/prepara/unas/oposiciones/porque/quiere/salir/casa.html
    Osea como la mayoria de jovenes españoles.
    Tonto pero no tanto…

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