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Un respeto, por Obama!

octubre 9, 2009

En algún momento que no recuerdo, he leído u oído dos comentarios sobre sendos personajes, de los que, constatando la realidad o, sencillamente, haciendo mofa de su arrogancia intelectual,  se decía que eran el mismo Dios. Se trataba de Keynes y Wittgenstein…

La peor de las obsesiones de la modernidad fue matar a Dios y encumbrar a la razón como fuente de todo conocimiento y reintegración social. Más triste ha sido y sigue siendo la manía posmoderna que, una vez lapidado y enterrado el Dios trascendente, se ha aferrado con ridícula fiereza a la exaltación del Estado como Dios mundano capaz de todo, instrumento al servicio del anhelo de inmortalidad del hombre contemporáneo.

Uno de los espectáculos más tristes y ridículos de los últimos años ha sido el tratamiento que le han brindado medios y clase política internacional (incluidos los regímenes “no democráticos”, por así decir) al bueno de Obama.

No es ninguna sorpresa que un personaje hueco, de discursos efectistas y mucha campaña de imagen a su alrededor llegue al poder en sociedades relativamente avanzadas. Es más, dados los tiempos que vivimos, parece hasta razonable que así sea. Pero Obama tiene algo, su atractivo destaca por encima del resto de adversarios en la captación de la atención del público, opinadores y medios. Obama es negro, es “joven”, es norteamericano, heredero en el poder del Presidente de los EE.UU más vilipendiado y ridiculizado desde Nixon… Una suerte de Zapatero, que sucedió Aznar sin que mediara merito propio alguno, gracias a la intoxicación de unos, los errores de comunicación y prioridad de otros, y copó el poder desplegando un programa político inaudito en una democracia occidental. Radicalismo enmascarado.

Obama es puro atractivo, conmoción y esperanza. Es un mesías cuando ya nadie confiaba en que llegara el ungido para marcarnos el camino que recorrer hasta el cielo de los justos. Pero ya no se trata de un paraíso trascendente, sino de un panorama mundano, secular, arropado por la baza científica, el culto a la tecnología, la religión de la salud y esa vieja aspiración humana de inmortalidad, ubicuidad y omnipotencia.  Obama colma todas las expectativas. Tiene imagen, tiene carisma, sabe construir discursos que emocionan y, lo que es más importante, se considera a sí mismo un salvador de espíritus, un enviado capaz de aglutinar esfuerzos, movilizar recursos y redimir penalidades.

El culto del ahora, el vitalismo mal entendido, desprecia la creencia trascendente para volcar todo el espíritu y ánimo religioso del Hombre en la política. Politizando cualquier aspecto de nuestras vidas, fascinados por nuestra capacidad para solventar problemas y perfeccionar nuestra existencia. El Estado, en su representación más abstracta, pese a los desmanes y contingencias, simboliza el yes we can que utilizó Obama en su campaña de alborotó electoral. Un mensaje tan sencillo que guarda, sin que sus creadores percibieran en realidad todo lo que contenía, la consigna más lúcida y trasparente emitida jamás por un ateólogo político. Religar creencia en torno a la mera posibilidad secular de cambiar las cosas, de alcanzar el cielo en la tierra, de convertir al Hombre en el Dios que siempre creyó merecer ser.

Obama es el fetiche de todo socialista, un estandarte que han blandido cada uno de los grandes líderes mundiales, pero ninguno con el ridículo y el servilismo de Zapatero, con su kenediano “no nos preguntemos qué puede hacer Obama por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros para ayudarle en su misión”.

Así que espero que no extrañe la concesión del premio Nobel de la Paz al bueno de Obama. Es el ungido. El año pasado preparó el terreno el galardón de economía concedido a su mejor sofista, el enajenado de Krugman. Poco a poco irán cayendo premios para todos los que envuelven de dogmatismo lo que Obama representa. Se venía haciendo desde hace décadas, esperando una oportunidad como ésta. Obama ha llegado, y no es de recibo dejar que se queme sin contribuir a su camino de perpetuación en los corazones y espíritus de los humanos.

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. octubre 15, 2009 7:15 pm

    Supongo que lo habrás indicado en otro texto del blog, pero Barack viene a significar “ungido”, “afortunado por designio divino”, “tocado por Dios”. Sí, es el Mesías laico. Dado que no hay vida eterna dentro de su esquema intelectual, hace falta que lo canonicen en vida.

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