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La deuda aplazada a la Seguridad social

octubre 21, 2009

Ya son 16.500 millones de euros, y sigue subiendo. ¿Qué pasaría si nos enterásemos de que una gran empresa (gran, gran empresa), dedicada a la distribución (por poner un ejemplo elegido al azar), estuviera en tamaño apuro como para rogar un aplazamiento de su deuda a la Seguridad social?

Está ya sucediendo. Pequeñas, medianas y GRANDES empresas que no pueden más. Lo raro es que esto suceda cuando desde hace algunos meses, desde el gobierno, se nos viene diciendo que ya hemos pasado lo peor de la crisis. ¿Y si una de esas GRANDES empresas llegara a quebrar? Cuántos proveedores, cuantos productores que tengan en ella su principal o única cliente, cuántos trabajadores, directa o indirectamente, acabarían en la calle presas de la descomposición financiera de esa GRAN, GRAN EMPRESA.

Planes de salvamento para la Banca. Sonó razonable en su momento, no faltaron las críticas, ahora sabemos que ni fe justo, ni evitó el problema, ni asegura que 2010 sea mucho peor que los dos años que le preceden. La crisis no ha terminado, tampoco a nivel internacional. El atisbo de cierta recuperación no deja de ser un espejismo sintomático, un negocio para algunos, una baza que el Poder exprime en la campaña de extensión su dominio y regulación.

No hay mercados más intervenidos que el del dinero y las finanzas, y el del suelo y la vivienda. Curiosamente, ambos han sido el epicentro de esta crisis de expansión del crédito, sobreendeudamiento y malas inversiones. Toda la población contagiada y dependiente de un modelo económico planificado, con descaro y entrega, por sus gobiernos. ¿Dónde está el libre mercado? ¿Dónde la codicia y el egoísmo que no sea en las cabezas de quienes nos dirigen?

Una cascada de suspensiones de pagos. A eso nos venimos enfrentando desde hace año y medio. Deflación sostenida, caída del consumo, contracción del crédito y parálisis en la inversión. Resultado, más de uno no llega a fin de mes. Pero, ¿qué sucede cuando la que no llega a fin de mes es una GRAN, GRAN EMPRESA? Que tiene que pedir aplazamientos a la Seguridad Social.

A sus proveedores les paga a 90, 120 o más días… y con tal de cobrar, éstos callan y resisten. A Sus empleados les siguen pagando, no vaya a ser que salte la liebre y cunda el pánico. En la época de exuberancia, se sobredimensionó el negocio. Ahora toca reajustar sin que se note… y eso es imposible. Imaginemos que esa Gran empresa ya no inspira confianza. Hasta el más mediocre de sus clientes advierte la caída en la actividad, las ventas menguantes, casi inexistentes…

El Gobierno salvó a la banca. Evitó que cayeran las Grandes del sector de la construcción. Ayudó a la compra de automóviles, prometió inversiones muy específicas…  Quizá ahora se esté preparando para salvar a una de esas GRANDES de España; pero, cómo hacerlo sin que termine paralizándose y rota en mil pedazos. Cómo hacer evitando que sus restos acaben en una o varias manos, eso sí, sin tanto sometimiento a sus designios como en estos momentos sí demuestra…

2010 promete.

Cascada de suspensiones de pagos

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. anonimo permalink
    octubre 21, 2009 4:44 pm

    ¿Esa gran, gran empresa podría ser una que tiene su sede en Hernmosilla,112,Madrid?.

  2. anonimous permalink
    octubre 21, 2009 5:48 pm

    Tiene toda la pinta

  3. Kike permalink
    octubre 21, 2009 6:51 pm

    Que una empresa ineficiente cierre, a largo plazo siempre resulta positivo.

  4. Liberand permalink
    octubre 22, 2009 10:40 am

    ¿Demasiado grande para caer? Esta claro, esa Gran Gran Empresa es parte del Gran Gran Estado.

  5. octubre 22, 2009 3:11 pm

    No no, en el ejemplo que he puesto, que nada tiene que ver con la realidad, y quiero que así sea entendido (no vaya a ser que se malentienda y la tengamos…), hablo de una empresa privada.
    Claro, que si por “formar parte del Estado” entiendes vivir, crecer y reproducirse gracias a él, me temo que no solo esas empresas a las que te refieres, serían “parte del Estado”, sino también millones de españoles, entre pedigüeños, funcionarios y dependientes, que, de una forma u otra, aseguran en parte la sostenibilidad del Estado mismo.
    Succionadores, o “chupadores”, que diría De Jasay, o meros gorrones o receptores netos, que dirían otros.
    Saludos!

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