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El Paro

octubre 24, 2009

“El paro hiere nuestra dignidad de seres humanos”. ¿Adolf Hitler? No, Don Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias, marido de Doña Letizia Ortiz, de profesión, heredero.

Y dijo más: El Paro “exige que los Estados faciliten a quienes se encuentran en esa situación la necesaria protección social, al tiempo que poner en marcha todos los medios precisos para que los jóvenes puedan encontrar trabajo y los desempleados puedan reincorporarse cuanto antes a la vida laboral”.

Un calco del 9.2 de la CE. Igualdad positiva, redistribución, intervención, estatismo en su versión más depurada. Hitler, Stalin, Roosevelt, Zapatero, Obama… Todos se apresuran en convertir “el paro” en una suerte de fantasmagórica fuerza del mal, de origen desconocido o claramente vinculado al mercado libre, que nadie salvo el Estado, dominador implacable, puede combatir de forma efectiva. De nuevo, lo que se ve y lo que nunca se llega a ver, desgraciadamente, ya que el Estado no solo es fiero, sino manipulador. Los frutos de su acción son el alimento de su intervención futura, dentro de un círculo virtuosos de exaltación del poder organizador del ser humano.

El paro no es un producto del mercado, ni siquiera de la Crisis, como esencia maligna, encarnación de todos los males que aquel dispensa. El paro es una consecuencia de la descoordinación social, la falta de ajuste. Que el paro sea general y masivo debe tomarse como un evento difícil de asumir en un orden económico libre, donde los agentes compiten por ajustar, descubrir y transformar la realidad, de continuo y con ímpetu, cayendo derrotados aquellos que se duerman en los laureles. El paro masivo, como consecuencia de un brutal ajuste de origen sistémico, cíclico, y no real, no depende de la espontaneidad del mercado libre, sino de alguna distorsión previa provocada por una intervención arbitraria de quien detenta el Poder absoluto: el Estado. Teoría e historia, no tiene sentido que revisemos una y otra vez los dos últimos siglos, plagados de crisis, inflación y paro para demostrar que ese fantasma contra el que los grandes estadistas se rebelan no es sino su propia obra, el fruto de sus maquinaciones.

El mito del Pleno empleo no deja de ser una profecía adaptada por los gobernantes que saben poco de economía. Lo utilizó Aznar, seguramente con mejor intención que la demostrada por su sucesor en el mando. Zapatero ya no promete pleno empleo. Sabe que el estropicio no tiene solución a corto, medio plazo sin que el Estado, su idolatrada maquinaria de redistribución de la riqueza y productor de resultados, se retire, mengue, desaparezca en muchos ámbitos, sea testigo en el resto… Zapatero sabe que no toca hablar de empleo, sino de subsidio. De resignación, paro, y dignidad. Dignidad humana, dice el Príncipe Felipe, como si hiciese falta destacar la calidad de la misma, como si lo no humano gozara de semejante reconocimiento. Lo que hace digno a los hombres no es el trabajo, que por definición, es siempre un esfuerzo, un mal en sí mismo, sino la libertad, la capacidad de elegir entre trabajar y no hacerlo.

Considerar el paro como coacción extraña, inmerecida por los individuos, implica que, necesariamente, alguien se alce a modo de justiciero implacable. El Estado, que por su mera existencia ya es fuente de distorsiones gravísimas, es además el origen de la descoordinación masiva que hoy provoca en España el paro que tantos lamentos y desesperación genera. Apelar al Estado como artífice del milagro, promotor del empleo, corrector de las “injusticias” que mantienen a millones de individuos sin ocupación retributiva, es un insulto a la inteligencia que, además, hiere la dignidad de los afectados.

Frente al paro, libertad, perspicacia individual, responsabilidad, independencia personal… en definitiva, menos Estado.

Saludos y Libertad!

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7 comentarios leave one →
  1. Liberand permalink
    octubre 24, 2009 1:08 pm

    El Príncipe demuestra que es digno sucesor de sus antepasados. Ignorante y analfabeto funcional.

  2. octubre 24, 2009 1:17 pm

    Hombre, no te pases, estos discursos están preparadísimos. También apeló a la innovación, la creatividad y cosas así. Son discursos donde lo que a uno le suena mal acaba compensándose por algo que le suena menos mal, mejor o muy bien.
    Saludos!

  3. octubre 24, 2009 3:50 pm

    “El paro”, que ya hablan de él como si fuera una persona, un hereje, creo que no deja de ser una situación por la que todos hemos de pasar antes o despues, sin más, tampoco podemos personificarlo ni verlo como una amenaza porque simplemente es una situación transitoria. Estamos en crisis y nos esperan tiempos difíciles (he escuchado tanto esta frase que ya me sale de corrido), pero de ahi a que los medios de comunicación promuevan el miedo, asustándonos con cada informe y provocando que el dinero se mueva incluso menos hay un mundo. Y el príncipe, supongo yo, dice lo que le mandan, que para eso le pagamos unos buenos asesores.
    Un saludo.

  4. octubre 24, 2009 6:37 pm

    Llevas razón, Pilar, lo importante es activarse uno mismo y ver las cosas con optimismo. El príncipe prefiere que el Estado nos imprima la sensación de que todo lo bueno depende de él.
    Saludos!

  5. octubre 25, 2009 12:13 am

    El estado es el garantista del sistema social en el que funciona. Al estado no le interesa especialmente la situación concreta del individuo, así como no le importa a la sociedad. El paro es un error del sistema capitalista. Aclaro lo que quiero decir: Adam Smith preconizaba que un sistema basado en el capital se autoregula hasta volverse perfecto. Como sabemos, eso es imposible (una utopía más). Una de sus irregularidades es el paro. El pleno empleo no es posible porque una de las bases del capitalismo es que para que unos ganen otros tienen que perder. Eso se aplica también al empleo, que como sabemos, es llamado “mercado laboral”. Como en la competencia por el beneficio, si dos trabajadores quieren un empleo deben competir por él, y uno de ellos debe perder para que el otro gane. Como el número de empleos es limitado, siempre va a haber perdedores. El paro es una irregularidad, pero una irregularidad necesaria.

    Dicho esto, la socialdemocracia neomarxista (aunque ellos odien denominarse así) no puede admitir el paro, pero asume que se producirá, y por lo tanto, para que el paro no cause irregularidades en la sociedad, hay que compensarla con ayudas y compensaciones. La derecha asume que el paro es parte del sistema, aunque asume que no puede dejar desprotegido al parado, así que también lo ayuda, pero también exige más responsabilidad social por parte de los parados. El socialismo no. Asume que el parado no tiene porque tener responsabilidad en su desempleo, ya que asume que la culpa es de la otra parte del “mercado laboral”, es decir, los empleadores. Así, nos encontramos en una situación en que casi el 50% de los presupuestos van a ir a alguna partida relacionada con ayudas sociales, y la mayor parte al paro. Esta es la mentalidad que básicamente está llevando al fracaso al sistema económico español (entre otras razones, claro, pero ya que hablabamos de esto…).

  6. octubre 25, 2009 12:15 am

    Felipe es parte del estado garantista del sistema. Más que criticarle a él, hay que criticar al propio estado garantista.

Trackbacks

  1. El Rey socialista « LA LIBERTAD Y LA LEY

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