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La necedad como virtud

octubre 25, 2009

Defender lo indefendible proporciona un halo de altanería intelectual que en la izquierda ha sido y es, posiblemente, su mejor instrumento de exoneración de toda culpa derivada de la refutación de sus profecías.

En un orden social libre, todos o casi todos los ideales tienen cabida y pueden ser promovidos con activismo y dedicación. El único límite: la dignidad del ser humano, que no es otra cosa que el derecho de cada uno a ser dueño de sí, de sus decisiones y patrimonio legítimamente logrado. Con esa delgada línea roja como umbral de referencia, la explosión creativa, la libre persecución de ideas y conjeturas, define por completo la naturaleza espontánea y dinámica del orden social.

Acciones competitivas, que son la antítesis de aquello que cabe definirse como actos positivos de dominación. Sólo el Poder absoluto tiene en su mano la imposición de determinadas opciones.

La izquierda apela continuamente al derecho que tienen sus visionarios de poner en práctica ciertas medidas de reforma social. Inconformes con los resultados que vagamente advierten en el proceso social, se alzan en la capacidad de rediseñarlo. Valores inspirados en el atavismo, necios principios que desconocen por completo la complejidad que sostiene los niveles de descentralización, información y conocimiento que caracterizan a la Sociedad extensa. Son esos los resortes y justificaciones que soportan por completo la falsa legitimidad del Socialismo.

En 1920 L.v. Mises enunció el Teorema de la Imposiblidad del Socialismo. Solo tres años después de que estallara la Revolución Rusa. Cuando Mises dio a conocer sus conclusiones sobre la imposibilidad del cálculo económico en un sistema de planificación centralizada de la producción y la distribución, los hechos ya habían corroborado su hipótesis. Un problema de conocimiento, de transmisión e interpretación de información, de traslado de las valoraciones subjetivas al mundo de lo mensurable, de lo cuantificable, y, por tanto, donde sí resulta posible realizar un cálculo ajustado. Precios de mercado, conocimiento tácito y función empresarial. Tres elementos que los teóricos del socialismo desconocían o, directamente, arrinconaban sin prestarles la debida atención. Creyéndose en disposición de todo el conocimiento relevante, se lanzaron a la búsqueda del maná: coordinación social de resultados preconcebidos y “justos”. Un ideal de justicia que, a modo de camelo sensiblero, sedujo a propios y extraños, logrando para el Socialismo esa superioridad moral que lo hizo invulnerable ante los ataques teóricos provenientes desde el liberalismo.

El socialismo no es ciencia, sino pasión, credo e ilusión sinóptica. Mera arrogancia intelectual sostenida sobre un error sin paliativos. Se sabía en 1920, incluso antes, pero aun así el espíritu progresista quiso intentarlo. La reforma agraria de la USRSS mató en apenas dos o tres años, a millones de personas de hambre. No se rectificó entonces.

La Segunda Guerra Mundial surgió del Socialismo, del poder de los Estados de controlar y dirigir toda la riqueza nacional, incluidos los “recursos humanos”, hacia una guerra masiva. El objetivo: imponer un tipo concreto de profecía socialista, ni más, ni menos. Tampoco en 1945 se rectificó ese camino de servidumbre por donde avanzaba la civilización occidental… El resto, es historia.

Dos citas que considero ajustadas y oportunas. Dos citas que deberían provocar cierta conmoción en aquellos que aun hoy, como pose o como mera frivolidad de acomodado, desprecian la realidad de un siglo XX sacudido por el socialismo, manteniendo sofismas y héroes, pero, lo que es peor, ese halo autocomplaciente de superioridad intelectual y moral que no es sino muestra de una supina ignorancia.

 

Ludwig von Mises: “Sólo deficientes mentales osarían desafiar las leyes físicas y biológicas. En cambio, son innumerables los que creen poder ignorar las leyes económicas”. (p. 899 La Acción Humana)

 

Jesús Huerta de Soto: “Esperar, por tanto, a que la historia “confirme” si un sistema económico es o no factible, no sólo es una imposibilidad lógica, pues la historia no puede confirmar ni refutar ninguna teoría, sino que además implica caer en el absurdo de renunciar a priori a las enseñanzas de las teorías correctas desarrolladas al margen de la experiencia, invitando, además, a que cualquier absurdo o utopía sea intentada con unos costos humanos desproporcionados, so pretexto de hacer posible el análisis de los correspondientes “resultados experimentales””. (p.407 Socialismo, Cálculo económico y Función empresarial)

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. Pablo el herrero permalink
    octubre 25, 2009 1:30 pm

    Muy bueno tu artículo, me lo guardo.
    Un cordial saludo,
    Pablo el herrero

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