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Ciencia y ocurrencia

octubre 29, 2009

Parece mentira, pero el mainstream económico sigue sosteniendo la existencia de una correlación simple entre demanda global de bienes y servicios y pleno empleo. De ahí que ante la crisis se recurra, como medida estrella, a las políticas de gasto. Gasto público, sin importar su destino, aunque habida cuenta de los errores de comunicación del casi consumido Plan-E, toque vincular el nuevo fondo de 5.000 millones a proyectos de integración y sostenibilidad: lo que viene a ser aceras rebajadas para sillas de ruedas, carriles bici y placas solares alimentando cada farola…

Pleno empleo y demanda agregada, como si de magnitudes y agregados simples se trataran, el cientismo los toma como la física dispone de Masa y Velocidad, o densidad y aceleración, o las variables realmente simples que proporcionan capacidad predictiva en la física mecánica. La sutil diferencia radica en que las ciencias sociales no tratan sobre entidades sencillas, sino sobre realidades complejas, donde intervienen tantos elementos que no cabe establecer predicciones y correlaciones tan gruesas como las que en física o química sí proporcionan resultados óptimos.

Siguen los economistas y las universidades de economía (con contadas excepciones) vendiendo sofismas y repitiendo falacias. El Paro, como acierta Hayek, tiene su explicación en “la existencia de discrepancias entre la distribución de la demanda de los diferentes bienes y servicios y la asignación del trabajo y demás recursos necesarios para producir esos bienes y servicios”. Resumiendo, efectos de descoordinación general que, en el caso de Paro masivo, solo pueden ser atribuibles a importantes distorsiones en las señales del mercado. La crisis que hoy padecemos procede la confianza en la falacia que conecta inflación con pleno empleo, y este último con la demanda agregada. Políticas que activan la producción pero, al mismo tiempo, inician contradicciones, malas inversiones, señales erróneas, confluencia masiva hacia determinados sectores, burbujas especulativas, decisiones generalizadas en un sentido que termina deviniendo insostenible. Esta crisis es el fruto de las políticas que hoy pretenden ejecutar para sacarnos de ella.

Ante todo esto, la postura hayekiana o de los economistas pertenecientes a la auténtica Escuela Austriaca de economía, puede parecer insuficiente o poco satisfactoria a los ojos de quien contempla los éxitos predictivos y técnicos servidos por las ciencias naturales. Se trata, como en todo, de una cuestión metodológica y epistemológica de bulto. Nada tiene que ver el objeto de estudio de las ciencias naturales con el que es centro de atención en las ciencias sociales.

Los precios, libres, y los salarios, igualmente libres, ajustan esas discrepancias entre inversión, demanda y asignación de trabajo y otros recursos. En este sentido el economista, frente a un escenario de libre mercado, donde ninguna estructura de dominación impone con violencia sus decisiones de asignación de recursos o límites al intercambio voluntario, el científico social exclusivamente conoce condiciones generales, pero nunca los factores particulares que propiciarán el mejor ajuste posible en cada momento. Es decir, por una cuestión de conocimiento, no cabe, ni por asomo, plantear una manipulación arbitraria de precios, salarios, demanda agregada o asignación de recursos que obtenga el resultado deseado. Es más, cualquier intervención, en el sentido que sea, dificultará que la multitud de incontrolables elementos que intervienen en el mercado, lleguen a un ajuste, a una coordinación, que se aproxime siquiera al máximo empleo de recursos imaginable.

Salarios mínimos, indemnizaciones por despido impuestas en la ley, coacción sindical, inflación, gasto público… todo ello, aun cuando es presentado como solución, como garantía del empleo, su calidad y accesibilidad para los ciudadanos, es, sin embargo, causa fundamental de todos los efectos perjudiciales que tanto en tiempos de bonanza como en periodos de recesión, padecen los individuos: precariedad en el empleo, paro masivo, bajos salarios, actividad económica insuficiente para absorber de forma “satisfactoria” una oferta de trabajo “razonable” (entrecomillo porque los términos están usados a efectos dialécticos, lejos del rigor que se pretende tanto en el argumento como en los conceptos manejados).

Saludos y Libertad!

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