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¿Intelectuales?

octubre 31, 2009

¿Por qué extraña razón se considera “intelectual” a quien compone, interpreta o imagina y crea belleza (relativa)? Los artistas son un activo de la izquierda. EL artista de derechas tiende a no pronunciarse, y cuando lo hace, cae en el ostracismo al que le someten la inmensa mayoría de sus colegas, estéticamente, y por pose, progresistas. Progresistas porque creen haber dado con las claves predictivas del progreso. Porque creen defender el credo capaz de establecer la correcta y “justa” distribución de los bienes y riquezas. Intelectuales, progresistas, porque sí, porque son artistas, porque de su vehemencia y carisma infieren un dominio conceptual y teórico que nunca se les exige demostrar. Se unen, se hacen la foto, y con eso basta. Son “intelectuales” porque son progresistas, de izquierdas, artistas.

Y lo siento, pero en Sabina, aunque tenga buenas canciones y en ellas se perciba meditada lectura, no veo el rostro de alguien que comprenda el complejo funcionamiento del proceso social, los fundamentos que hacen posible la sociedad abierta, extensa, donde ha tenido la suerte de nacer, proponer, “competir” (algunos directamente viven de la subvención y el canon pirata) y vivir de su arte.

Contemplo a Juan Diego Boto y sólo veo a un arrogante, ignorante y airado. Almudena Grandes, que escribe mejor que la media, no hace sino repetir tópicos, recurrir a mitos, falacias y sofismas, a fin de lanzar relatos acomplejados, donde habitan personajes imposibles, tan absurdos como su triste concatenación de ideas y argumentos.

Y se casan, los artistas, como en las peores tiranías que ha conocido el Hombre, con sindicatos y partidos izquierdistas. Se casan porque pertenecen a la misma clase de ignorantes, ignorantes arrogantes que creen saber lo imposible, que apuestan por poner en práctica, a costa de violencia e intimidación sobre el común de los mortales, sus veleidades intelectuales. 250 necios que no saben de lo que hablan, que viven de forma acomodada, que contemplan el universo con la altivez del infame -pero envalentonado-, de quien se apoya en las pasiones más sinceras de sus seguidores para construir una imagen de superioridad intelectual hecha de cartón piedra. Vehemencia que repugna, desfachatez que descompone. Esa es la clase de artistas que mantenemos con nuestras sentidas fidelidades, con nuestros gustos, pero también, y de forma indirecta pero sangrante, con nuestros impuestos y cánones, con los privilegios que se saben cobrar a cambio de estas sonadas representaciones.

Juan Ramón Rallo: Artistas contra su crisis

Saludos y Libertad!

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