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Quién financia a quién

octubre 31, 2009

En tiempos de bonanza el crédito fluye y la deuda se dispara. Todos vivimos por encima de nuestras posibilidades y la confianza en la evolución de ventas,  precios y producción, se alinea como la más brillante conjunción astral de prodigios. El dinero corre que se las pela y las suspensiones de pagos se reducen al mínimo, quedando quiebras y concursos como estrategia de refundación empresarial, palmarios errores de inversión y poco más

¿Qué sucede cuando el crédito se retrae del mercado, la deuda amanece insana y las inversiones truncan sus expectativas de precios, ventas y producción? Que llega el crack, y con él,  una tendencia irrefrenable al impago y la financiación caliente, que pasa de mano a mano en busca del más débil, que es quien termina sufriendo los privilegios legalmente conferidos a los más fuertes.

Como lo que se trata de evitar es que quiebren los grandes, los que más recursos emplean, más asalariados tienen, más importancia relativa poseen en la estructura productiva y distributiva de una economía, todos, Poder de los hombres y Poder de las leyes (Poder de los hombres merced del imperio legislativo), acaban beneficiando a algunos, siempre a costa del resto.

Si un cliente no puede pagar al vencimiento de sus obligaciones, contractual y voluntariamente fijadas, solicita a sus proveedores y ofertantes de bienes finales, que le refinancien por un periodo de tiempo x. Lo normal es que el juego con proveedores sea este, pero cuando los afectados son productores finales, que a su vez no disponen de proveedores con los que negociar un sistema de retrofinanciación, el drama está servido. Siempre pagan quienes no cobran a través de pagarés o letras, y no encuentran entidades financieras dispuestas a descontar sus derechos de cobro futuro con un tipo de interés asumible.

La cascada de suspensiones, entre empresas dedicadas a proveer bienes de consumo, y la cadena de proveedores subsiguientes, llega cuando el productor final, quien ofrece el bien de consumo, no paga dentro de un plazo razonable. Excediendo los 30, 60, 90 o 120 días, se corre el riesgo de que la demora excesiva conduzca a todos los productores intermedios u originales a la quiebra. Financiarse los unos a los otros tiene sentido cuando se sabe que al final pagará el primero de la cadena. El descuento será posible y otros refinanciaran la estructura de pagos. Pero si la duda sobre la viabilidad empresarial centra su atención en el gran, gran distribuidor, parece obvio que sus promesas de pago futuras o súper futuras no valdrán nada de nada.

Saludos y Libertad!

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