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Catalunya Lliure

noviembre 13, 2009

El TC filtra que el Estatut, al menos en sus puntos más publicitados, le parece inconstitucional. Digo “le parece” porque a nadie se le escapa que el Estatut rompe con el régimen constitucional vigente, no solo en los aspectos más polémicos, como es el término Nación (discutido y discutible) o la obligatoriedad del Catalán, sino también en otras materias que, dada la tormenta política y mediática, han pasado casi inadvertidas. Hasta dos tercios del Estatut colisiona frontalmente con las previsiones constitucionales, incluso si éstas fueran interpretadas de la forma más laxa concebible.

El catalanismo, en realidad, no aspira a otra cosa que a definir Cataluña con idéntica consideración que merece España y la Nación española en la CE de 1978. Es una pretensión legítima, pero contraviene el régimen político vigente. Lo grave no es que el Catalanismo sueñe con la independencia, ni siquiera que se convoquen referéndums extraoficiales muestreando una opinión pública favorable. Lo realmente alarmante es que desde el gobierno de España se haya impulsado la aprobación por las Cortes de un texto manifiestamente inconstitucional. Años de aplicación, una fuerte propaganda dentro de Cataluña, pero también en el resto de España, complican la labor del TC, maniatado, dividido y enfrentado. A pesar de todo parece que la cordura estimula a la mayoría de sus miembros. Cordura y rigor, porque su función, como garante de la constitución, no es acomodar el texto de 1978 a las exigencias políticas del momento, sino defenderlo e interpretarlo sin contravenir sus principios fundamentales. Lo que suceda después, poco debería importarles. Lo que sucede es que en España la separación de poderes no existe, la política lo impregna todo y el gobierno, casi peor que en una dictadura, marca el ritmo y el talante de todas las instituciones relevantes. Sucedió durante la negociación con ETA, proliferando los jueces dormidos, prácticamente concomitantes. El TC, sometido a presiones y vaivenes, estrategias varias de placaje y derribo, no ha sido capaz de dictar una sentencia rápida y completa.

Si el catalanismo tuviera razón y Cataluña fuera Nación (asunto que no voy a discutir aquí), fuera de un plano meramente constitucional, su posición, como aspiración razonada, sería tan legítima como la resistencia españolista en la reivindicación de España como Nación única. Los catalanistas reproducen el mismo pensamiento, sin aceptar posibles secesiones internas, una vez alcanzada su ansiada independencia. Si Gerona, Lérida, este o aquel valle, ciudad o comarca, decidieran singularizarse frente al resto de Cataluña, proclamando su derecho a la secesión, el catalanismo reaccionaría de inmediato. La cuestión es que algunos no han llegado a entender, desde Madrid o desde Barcelona, que el problema de los pueblos y la libertad de los individuos, no radica en tener o no tener Estado (al menos no en la Europa presente), sino en que el Estado que los domine mengue hasta desaparecer, si fuera posible.

El catalanismo es fascista, y de eso no hay duda. El españolismo sencillamente parte de hechos consumados. Si se diera una situación de especial tensión, por ejemplo, con un Estatut inconstitucionalizado, proliferación de consultas independentistas, y todos los partidos del Parlamento catalán (menos el PP y Ciudadanos) a favor de la secesión, el españolismo brotaría como expresión genuinamente fascista. Sería entonces cuando España y los españoles sufrirían un conflicto abierto entre facciones irreconciliables, ambas luchando por un Estado, ambas desde planteamientos colectivistas y totalitarios.

Tensionar sale gratis cuando la mayoría no está por el enfrentamiento. De eso vive la izquierda, y también el nacionalismo. La dificultad que ahora se nos presenta es que de la tensión se ha pasado al conflicto institucional, filtrando en el núcleo duro del constitucionalismo español, un virus estatutario, un texto tumoral, que si estallará, afectaría de tal modo al orden político y jurídico de España, que el orden social quedaría roto para siempre.

La responsabilidad es múltiple y concurrente: primero, el catalanismo, por reivindicar un Estado a imagen y semejanza de otro (el Español) que en absoluto representa una amenaza real contra los catalanes y sus intereses (muy al contrario); segundo, del PSOE y de Zapatero, por haber asumido el victimismo catalanista, y de ahí, apoyado la aprobación del Estatut. Pese a la claridad con la que podemos identificar a los culpables, serán los que reaccionen quienes se lleven la “culpabilidad histórica”. En mi opinión, llegado el conflicto, todos serán protagonistas de la infamia, sin que la generalización de la culpa nos impida apreciar el verdadero discurrir de los hechos que condujeron al eventual estallido.

Fue Lord Acton quien prefirió Estados plurinacionales, no por una frívola visión colectivista, sino por la capacidad que tendría esta realidad plurinacional de frenar el poder central. El federalismo, concebido desde posiciones liberales, ahonda en esta impresión. Viendo cómo han acabado los Estados plurinacionales, poca confianza debería despertar tal sugerencia. En realidad, el pluralismo o el federalismo de Acton y otros tantos liberales, incluidos los defensores del conocido como “nacionalismo liberal”, va más encaminado a regímenes políticos menos colectivizados, menos estatistas, incluidos en órdenes sociales de carácter profundamente individualista y abierto.

El nacionalismo, como exaltación de lo particular, no deja de ser una expresión atávica contraria al requisito principal de la sociedad extensa y dinámica, solo posible gracias al libre mercado y el individualismo: el cosmopolitismo.

Lo que suceda con el Estatuto catalán, con toda seguridad, impregnará los próximos años de desasosiego e inestabilidad política. El Estado español se tambaleará, pero merced del avance de la libertad individual, sino como efecto de su descomposición en Estados particulares, más fieros y extensos que él. Este resultado es el que debe preocuparnos a los liberales. La libertad de los catalanes está hoy más amenazada que nunca.

Saludos y Libertad!

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9 comentarios leave one →
  1. Bibiano permalink
    noviembre 13, 2009 5:51 pm

    “Lo realmente alarmante es que desde el gobierno de España se haya impulsado la aprobación por las Cortes de un texto manifiestamente inconstitucional.”

    Así es.

  2. Bibiano permalink
    noviembre 13, 2009 6:16 pm

    “El catalanismo es fascista, y de eso no hay duda.”

    Hombre, no todos los catalanistas son fascistas, pero muchos sí, por supuesto.

  3. noviembre 13, 2009 7:23 pm

    Hombre, me temo que la necesidad de definir la propia querencia patriótica con un -ismo denota radicalidad. Con fascismo me refiero al culto secular por la nación, como esencia, y por el Estado, como instrumento. El nacionalismo catalán reúne las dos facetas.
    Saludos!

  4. Bibiano permalink
    noviembre 14, 2009 1:11 am

    Permíteme un pequeño inciso: Es Catalunya LLIURE. Llibre significa libro.

  5. noviembre 14, 2009 10:29 am

    Ok, muchas gracias! 🙂

  6. Jayson permalink
    noviembre 21, 2009 5:41 pm

    Uno de los que defiende el nacionalismo liberal es Huerta e soto, lo que no me cuadra es que el nacionalismo parte de una base perseguir aquello que no es homogeneo, el catalán debe ser el único idioma, no basta con el ámbito institucional hay que instalar la inquisición nacionalista, perseguir mediante la ley aquellos que osan no predicar el mandamiento, ¿ha visto las multas a empresas por no rotular en catalán?

    Discrepo en lo menos centralizado más liberalizado, no es menos centralizado mayor regulación por las instituciones pequeñas, así podrán perseguir mejor, el Estado no es eficiente, en cambio si se da poder a las comuninades y ayuntamientos estos si se encargarán más en subir impuestos, regulaciones y otras invasiones y ataques individuales.

  7. joan permalink
    marzo 23, 2010 9:06 pm

    Catalunya es una nación, almenos para mi y para muchísima otra gente, y creo q tengo todo el derecho del mundo de creer esto, por lo tanto supongo q soy nacionalista, de la misma forma que todos ustedes son nacionalistas españoles. ¿Son todos ustedes mejores que yo por esto? ¿creen que sus ideas son mejores que la mias? ¿quien es el intolerante aquí?

    • marzo 23, 2010 9:18 pm

      No digo yo que no, pero ten algo por seguro, hasta que “Cataluña” efectivamente sea una “nación” (porque éstas sí que se crean, como se destruyen, mutan o transforman), no logrará la independencia. Ese día, si llega, yo mismo aplaudiré la secesión. Hasta entonces me temo que el catalanismo estatista de puertas a dentro, no deja de ser otro movimiento totalitario al que plantarle cara. Porque aquí somos coherentes hasta en eso: nuestro primer enemigo es el Estado español, pero no pienses que nos vamos a aliar con los estatistas periféricos para acabar con él, ni con ellos ni con los estatistas de otros países. Sería absurdo, no crees?
      Luego si quieres hablamos de historia, política y demás…
      Saludos!

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