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El nuevo Peugeot BB1 y el fetiche ecológico

noviembre 23, 2009

No diremos que es bonito, al menos a primera vista. Su diseño impresiona. Parece un Smart con la capota aplastada. La idea de coche urbanita, pequeño y versátil, tiene años. También la del vehículo eléctrico, a caballo entre el motocarro y el coche convencional.

Lo que llama la atención del BB1 (y así nos lo quieren vender en su campaña promocional) es que por fin se ha logrado aunar diseño, bajo consumo energético y aplicaciones técnicas a la última en un coche eléctrico.

Su publicidad dice cosas como: “su padre es una scooter. Su madre un coche”. No nos queda claro el reparto de roles, todo lo políticamente correcto que han sido capaces los creativos encargados (Moto es femenino, pequeño, inferior en prestaciones… Coche es masculino, y comporta un sinfín de complementos, seguridad, etc… para evitar connotaciones sexistas, qué mejor que invertir los papeles). Y, por supuesto, el fetiche de nuestros días: el BB1 es “100% ecológico”.

Celebro que Peugeot apueste por este tipo de productos. Se ajustan bastante a mis necesidades. Un “concept car”, no comercializado, pero que promete atestar nuestras calles y avenidas.

Lo que molesta, y atenta contra la inteligencia de quien se preocupa por ser mínimamente crítico, es que una buena idea, como es la de evitar emisiones contaminantes (es decir, perjudiciales para los derechos o propiedades de terceros) de motos y coches convencionales, se recurre al consumo de energía eléctrica, y no fósil, para dotar de movilidad al transporte motorizado.

Metro, autobuses, motos, bicicletas con motor, coches eléctricos… todo ello contribuye a mejorar la calidad del aire de las ciudades, es medio ambientalmente saludable, hace de la vida urbana algo mejor, evita contaminación lanzada contra millones de personas… pero, ¿cómo lograr tales beneficios? Muy sencillo, desplazando la fuente de producción energética.

Los motores de explosión han logrado maximizar la producción in situ de energía y, al mismo tiempo, minimizar las emisiones in situ de contaminación. El mismo número de vehículos que hoy atestan ciudades como Madrid o Barcelona, hace solo 20 años habrían hecho su aire irrespirable. Lo fundamental aquí no han sido las ayudas o los gravámenes estatales en semejante dirección. La “conciencia” medio ambiental ciudadana ha crecido, lo que, unido al precio del petróleo y la relativa inestabilidad del suministro, hacen muy atractivo para las empresas privadas invertir en tecnología baja en emisiones. De hecho, han sido los intereses politizados la causa principal del abuso del petróleo como fuente de energía con la que mover vehículos. La no definición y defensa de los legítimos derechos individuales a no ser contaminados con emisiones ajenas ha acabado formando un ambiente social donde las emisiones contaminantes son autocompensadas, degradando la calidad de vida de todos merced de que todos contaminamos “por igual”.

 El metro o los coches como el BB1, sí emiten, aunque no in situ. Lo hacen localizado a gran distancia del lugar donde son consumidos y disfrutados en sus ventajas ambientales. La energía que gastan debe producirse en plantas que, seguramente, se sirvan de fuentes fósiles para su generación.

El fetiche “ecológico” corrompe la capacidad crítica. A diferencia de la “astrología”, hoy denostada frente a la astronomía, la Ecología ha tomado fuerza como rama del saber, sin que sepamos, exactamente, qué contiene exactamente. Economía, en sentido estricto, trata sobre la asignación de bienes escasos, la valoración de los mismos, su utilidad y la eficiencia en su producción y consumo. Sobre el mercado, las relaciones de intercambio y los órdenes sociales, versa la Cataláctica. Tristemente el economista tipo peca de soberbia intelectual, un fundamento epistemológico nefasto, así como un deje positivista en el método, que anula la calidad explicativa de todas sus disertaciones. Matematizar lo subjetivo e inventar regularidades mensurando lo inmensurable, junto con un concepto cerrado de eficiencia estática (negando la dinámica), conforman el ideal económico de nuestros días. Su romance con la ecología es más política que científica, dado que lo segundo no deja de ser una mera amalgama emotiva de tópicos, falacias y temores recurrentes.

El BB1 es medio ambientalmente óptimo, al menos lo es más que sus compañeros híbridos o fósiles. Contamina lejos de donde vive la mayoría de la población. En términos económicos, puede incluso que contribuya a minimizar costes, centralizando la producción energética, reduciendo la contaminación (que es un coste más, aunque el Estado se empeñe en no dejar que sea valorado por el Mercado)… pero todo esto depende de la tecnología, del precio de los servicios que reporta este tipo de transporte limpio (in situ) y las preferencias y valoraciones subjetivas de los consumidores a quienes va dirigido.

No es bueno porque sí. Es bueno por varias razones, y ninguna de ellas responde a consignas netamente “ecologistas”. Si su éxito depende del intercambio voluntario, bravo por él. Será la muestra de que la inversión que representa satisface la demanda de los consumidores. Si realmente contribuye a la eficiencia energética, podremos dedicar los recursos que hasta ahora gastamos en producir energía, a otros fines que contribuirán a dinamizar y expandir el orden social y la calidad de vida de todos.

El BB1 es un fruto de la creatividad empresarial de individuos expectantes, confiados en su idea, que aprovechan la deriva “ecologista” de la opinión pública, a fin de proveer de un bien novedoso. En este sentido, no estamos frente a un ingenio estatista, sino al resultado del proceso de mercado, capaz de ajustar incluso un turbio como el actual.

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. jashondo permalink
    noviembre 24, 2009 4:56 pm

    Su madre es un coche y el bicho salio por la puerta de atras.¿De donde hubiera salido si la madre es una moto?
    Vamos, ni con cesarea….

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