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El aborto y los problemas

noviembre 27, 2009

No podemos embarrarnos en la discusión sobre si feto o embrión son o no son seres humanos, si merecen o no cierta consideración, o sí la negación de estas dos obviedades, esconde necedad o inquina. El aborto, como otras muchas cosas, no deja de ser una solución “fácil” ante problemas complejos.

En otras épocas el aborto podía salvar a la mujer de la deshonra y la exclusión, incluso de la muerte. Hoy el aborto ha dejado de verse como una decisión difícil para convertirse en un mero trámite, un disgusto que aligera responsabilidades y salva dificultades. No sé muy bien cuándo el aborto pasó de ser una solución por exigencias de una moral mezquina, a convertirse en una acción merecedora de repulsa y condena. El trámite moral fue quizá difuso e irregular. Hoy por hoy, la opinión mayoritaria de los españoles, considera el aborto como algo incómodo pero legítimo. Por qué razón? No es ya la deshonra, sino el hedonismo y la comodidad, la creencia en que la vida debe ser todo lo que queremos que sea sin que el infortunio nos alcance. Y eso que el embarazo no llega por obra divina, sino tras un acto que, siendo consentido, es responsabilidad de quienes lo celebran (y vaya si lo celebran).

Tener un familiar con una enfermedad degenerativa, un cáncer, senilidad o vejez, es un estorbo para nuestro quehacer diario, para nuestras expectativas y posibilidades de divertirnos, trabajar y seguir con nuestras vidas. En este sentido, reflexionando sobre la “injusticia” de las situaciones, una carga familiar de este estilo podría asimilarse a un embarazo no deseado.

Quienes se esfuerzan por asimilar la eutanasia del terminal inconsciente con el mero suicidio asistido, son en realidad tan miserables como quienes niegan la libertad individual de acabar con la propia vida, aun en los casos donde no queda otra que pedir ayuda a un tercero. La eutanasia puede significar muerte dulce, y en este sentido, la sedación consentida del doliente, o en casos donde ya no es posible recuperar consciencia bastante para que se preste tal consentimiento es una forma legítima de mejorar la calidad de vida.

Pero lo que realmente buscan quienes se dicen valedores de la eutanasia, no es liberar al individuo o supervisar la paliación del dolor extremo. Buscan quitarse de en medio al que resulte incómodo. Un vitalismo que enmascara el desprecio por el otro y la irresponsabilidad moral más abyecta.

Tener a un anciano en una residencia, con sus facultades mermadas, pero vivo y sin sufrimientos insoportables, es muy parecido a soportar un embarazo durante 9 meses. Hay que pasarlo, no por ti, sino por quien de ti depende. La primera historia puede durar mucho o poco, pero siempre acaba con la muerte del anciano y la “liberación” del familiar. La segunda historia tiene una ventaja adicional: el dependiente ni se queja ni se ve, cabe la posibilidad de acabar con él sin que nadie lamente la pérdida. Es la ocasión perfecta para imponer la comodidad al dominio de las responsabilidades, morales, personales o no, pero exigibles.

Si pudiéramos asfixiar al anciano, con una almohada o cojín, quedaríamos igualmente exonerados de toda carga, pero tal vez alguien consideraría la situación como un acto criminal e intolerable. Con el aborto, aunque el fin sea el mismo y los medios parecidos, no sucede así. Cada vez es mucho más general la compresión de este tipo de prácticas. La polémica en torno a la ley de plazos para abortar, tiene tristemente un pobre recorrido. La mayoría de los españoles no están por la labor de señalar con el dedo o acusar a nadie de irresponsable homicida. Reina el miedo a verse ante semejante situación y experimentar parecido egoísmo de quien aborta sin razón.

Por eso las ministras se abrazan felices. Han contribuido a dar un paso más en la relajación moral de los individuos. Poco importa quién sea la víctima, o si ésta merece o no cierto reparo al tomarla como legítimo sacrificio ante la propia comodidad.

Llegará la eutanasia mala, esa que practicaron nazis y comunistas, liberando a la nación de los estorbos indeseables. Ahora, en este totalitarismo hedonista, dicha mala eutanasia apelará al capricho personal y no al diseño de una comunidad superior. Solo de esta manera se logrará la aquiescencia general. Es, ante todo, un conflicto entre fines en el que la vida ajena vale más como medio que como valor absoluto vertebrador de la convivencia.

Saludos y Libertad!

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11 comentarios leave one →
  1. Gabriel permalink
    noviembre 28, 2009 2:38 am

    Abortar es un asesinato. Pero, ¿es un peligro público una mujer que aborta o el médico que ejecuta al feto? ¿Es la cárcel su castigo adecuado? ¿Cuál es el castigo adecuado?

  2. Bastiat permalink
    noviembre 28, 2009 9:38 am

    A ver Gabriel…. Un señor que está sufriendo las vejaciones de su esposa, que duda de su masculinidad, que no le plancha la ropa pese a que se pasa todo el día en casa y el trabaja de sol a sol, que lo insulta y llega un día y, en un arrebato, mata a esa mujer que lo está humillando constantemente, un sufrimiento que no puede soportar. A ver, una vez acabada con la molestia que le supone tal situación…. ¿Qué peligrosidad puede tener ese hombre si sigue viudo, o si se casa con otra mujer amable y cariñosa? ¿A ver?
    No está mal que considere Ud. El aborto un asesinato. Sobre todo porque lo es. Ahora bien, de qué sirve tener claro qué es un asesinato si no se está convencido de establecer aquellos castigos que hagan de tal acto no sólo algo reprobable sino que las consecuencias de hacerlo lo desincentiven.
    Ud. puede considerar a una madre desnaturalizada como algo poco peligroso. Yo no. De hecho ha matado a quien la naturaleza le ha otorgado la maravilla de dar vida. ¿Cabe mayor aberración? ¿Y el médico? ¿Dónde queda el juramento hipocrático por el que tiene que luchar por la vida de sus pacientes? Ah! Bueno! que el niño un es su paciente, es un grano que su cliente, porque le paga bien, además, le ha pedido que le estirpe.
    La vida es un si o un no. O estás vivo o estás muerto. Nadie tiene derecho a quitar la vida, de tal manera es así porque la vida no surge de la voluntad de la madre y el padre, surge porque ha sido así. Puede no quererse esa vida, pero esa vida está ahí y, como sociedad sana, se ha de respetar.

  3. Bastiat permalink
    noviembre 28, 2009 9:43 am

    Hayek, totalmente de acuerdo.

    El socialismo necesita destruir la moral acomodándola gracias a minorar los males de la irresponsabilidad individual, para que así se sea más y más dependiente del Estado. La gestión del Todo, lo social, lo económico, no puede hacerse de manera “científica” si hay variables que no se pueden controlar. La dictadura perfecta debe tener controlado al individuo para que no surjan alteraciones en el plan. Alteraciones románticas que alteren el devenir calculado por la élite dotada de autoridad total.

  4. Gabriel permalink
    noviembre 29, 2009 3:22 pm

    Obviamente, pero asumimos con demasiada facilidad que el castigo por el asesinato ha de ser la cárcel. En el caso del marido harto sí: porque ha sucumbido a un impulso momentáneo, y eso es peligroso. Pero en el caso de una mujer que decide abortar, no está tan claro que el castigo adecuado sea la cárcel, sobre todo porque los castigos no son algo que castigue cosas “aberrantes” o “no aberrantes” (hay mucha gente que no lo considera aberrante, de hecho). Son para castigar cosas “peligrosas”. No son algo para que las consecuencias de los actos de alguien sean infladas artificialmente. Lo mismo es aplicable a sacarse los mocos: si existiera una ley diciendo que el que se los saque en público afronta diez años de cárcel, y alguien dijera que hay que disminuir la pena a 5 años, el texto de Hayek sería igual de aplicable, y sería absurdo.

  5. noviembre 29, 2009 3:44 pm

    El Estado impone un sistema penal Público, donde la víctima prácticamente desaparece. Los fines de la pena no son retributivos, sino redistributivos. Es decir, no se busca con la sanción el castigo y la reparación del daño cometido, contra perjudicados o damnificados, sino una lección general, un cálculo de utilidad social, siempre en clave de orden público y diseño social.
    En cualquier de los escenarios resulta incontestable que la sanción a la madre abortista es compleja, salvo que el ethos del Estado sea el que hoy defiende la Iglesia (que lo convertiría en un Estado “fundamentalista”). Solo el facultativo que asistiera el aborto podría ser sancionado con la inhabilitación. O en su caso, el padre que sí quisiera sostener el proceso de gestación hasta el alumbramiento, podría sentirse víctima de un aborto perpetrado en contra de su criterio.
    Saludos!

  6. Bastiat permalink
    noviembre 29, 2009 9:33 pm

    A parte de lo que apunta Hayek… ¿cuál debe ser la restitución obligada a alguien que quita la vida? No sólo con lo que dices están implantando un relativismo sino que estas asumiendo que el valor de la vida es un depende de quién sea el asesinado.

    ¿En qué momento evalúas diferente la actitud impulsiva de un marido vejado diariamente y objetivamente peor que el asesinato programado y largamente pensado de una vida inocente e indefensa? ¿Es más peligroso un impulso que una planificación? Lo que es absurdo es calificar de distinta manera un asesinato en función de quién es la víctima. Y eso, como tu mismo demuestras, está incluido dentro de un programa de inculcación de una teoría que relativiza el valor de la vida en función de valores ajenos al sentido mismo de la defensa de la vida y de la igualdad de todos ante la ley.

    La vida ya no es un derecho sino una concesión que quien manda puede retirar.

  7. Bastiat permalink
    noviembre 29, 2009 9:52 pm

    Hayek, la teoría que enuncio en el anterior comentario acepta tu criterio pero escribo ahora este para expresar mi disconformidad. La vida, si es un derecho reconocido por el estado liberal, es defendible por el común de manera inequívoca. En cualquier caso la vida ha de ser defendida y para ello, una vez consumado el acto irreparable de la muerte, ha de establecer mecanismos que desincentiven suficientemente que tal acto se lleve a cabo. Y eso no es redistribución de la pena, sino que es la aplicación de la pena por quien tiene la autoridad, otorgada por todos, asumida por todos como necesaria para tratar de asegurar la convivencia.

    Y esto es así, y este caso así lo demuestra, porque la víctima no puede reclamar en ningún momento restitución, puesto que si el padre, al que tú ya le das esa capacidad aplicando un ethos determinado, es el único autorizado para reclamar en su nombre, sin embargo ¿y si le conviene aún más que el niño muera? Imagínate que le obligan a aceptar su manutención y encima está casado sin ser dueño de los bienes matrimoniales, un braguetazo, por ejemplo. Esa víctima es una molestia y si nadie la defiende nadie paga por ella.

    Pero no sólo es un niño no nacido. Un vagabundo, una persona sin familia, al menos cerca del lugar en el que ha sido asesinada. Si nadie reclama por ella hay un asesinato impune. ¿Es una sociedad justa esa en la que la muerte de una persona queda impune?

  8. noviembre 29, 2009 10:25 pm

    Los sistemas penales compatibles con una sociedad extensa exigen que su definición sea sostenida y adaptada por un Poder público estable. La alternativa no es que sea incompatible, sino simplemente pretérita, anterior, está incorporada dentro del orden público efectivo. El error está en identificar orden público con Derecho, Derecho con Poder político, Estado con orden público, Estado con Poder político, y todas las combinaciones que se nos puedan ocurrir.
    La tipificación, la definición de sanciones, sistemas de integración de sanciones, concurso, reducción o sustitución, exigen que un criterio diseñe el orden penal. Su efectividad dependerá entonces de su acomodo con el resto de instituciones, normas y valores de la sociedad donde se pretenda hacer irresistible.
    Dicho esto, sólo el Estado y su ordenación penal excluye a la víctima, domina la acción y maneja la punibilidad de determinadas conductas, intenciones o resultados, de acuerdo con una jerarquía arbitraria de valores, o el cálculo de intervención en pos de resultados concretos.
    Saludos!

  9. Bastiat permalink
    noviembre 29, 2009 11:06 pm

    Bien, asumamos todas esas combinaciones. Pero defíneme los combinandos. Es más, indícame cual es el origen de cada uno de ellos, porque entiendo que el Derecho, es el resultado de una evolución que sí, tiene un origen, pretérito pues, tiene una actualización y una razón para que haya sido así. Defíneme qué es el Estado. Puesto que sí, ciertamente tiene una realidad inequívoca, pero también tiene, al igual que el Derecho un origen, pretérito igualmente. Pero si vamos asumiendo, si existe, y asumo que existe, una cosa llamado poder político, hemos de entender qué es el poder, qué es la política, cómo se origina, pretérito igualmente y actual.

    Mira que en el momento en el que entendemos que todos ellos tuvieron un origen, entendemos de igual manera que han tenido una evolución. Y de eso es lo que hablamos para entender que hay estados, ordenamientos más bien diría yo, que excluyen a la víctima. ¿No hay ningún ordenamiento en el que la víctima tenga autoridad alguna sobre quien ha causado el daño? Si eso es así, incluso si eso es así, también ha sido consecuencia de una evolución. Eso me llena de esperanza porque incluso siendo eso así, podríamos intentar hacer evolucionar hacia un ordenamiento distinto porque como la evolución demuestra nada esta escrito, nada permanece indefinidamente.

    ¿Cuál es o cual sería en sí el sistema que establezca una sanción ante una víctima que no tenga nadie que reclame restitución por ella si es que dicho sistema existiera reconociendo el derecho a alguien, porqué razón, de quien ha fallecido y no puede, por definición, reclamar dicha restitución?

  10. diciembre 31, 2012 12:26 am

    Es importante estar informada y cuidarse para no llegar a una instancia de decisión dura como el aborto a pesar de que sea legal en algunos países es importante la educación y cuidado sexual hoy día para la prevención

  11. febrero 13, 2013 3:15 am

    Últimamente las tasas de embarazos adolescentes han crecido y va en aumento a pesar de todas las herramientas posibles que tenemos hoy día a nuestro alcance

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