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Economía sostenible

noviembre 29, 2009

Es complicado, pero la elección realizada sobre los términos, induce a la confusión. España no es una “economía”, salvo que su “mercado” esté profundamente intervenido (ni aun así). No puede entenderse como “economía” a un orden social extenso, a no ser que éste sea concebido desde la perspectiva de un órgano de planificación central dispuesto a organizar producción, intercambios y preferencias. Un mercado profundamente intervenido deja de ser eficiente, cae en la descoordinación, deteniéndose el proceso de creación del nuevo conocimiento que hace posible un ajuste espontáneo. Será entonces cuando adquiera sentido el uso de los dos conceptos manejados por Zapatero: Economía (como administración de bienes escasos en un escenario de nula o reducida capacidad para crear nuevo conocimiento y ajustar) Sostenible (concebida la sostenibilidad como encaje de bolillos capaz de evitar el despilfarro, engrasar la maquinaria y sacar de lo ya existen el mayor rendimiento concebible).

Todas las medidas contenidas en la ley de reforma de la intervención que plantea el gobierno, son viejas conocidas además de poco creíbles. Desde que la planificación central triunfó, no solo en el Socialismo real, sino también en el resto de Europa y Norteamérica (centrándonos en las zonas industrializados), la relación tensa y dispar entre Estado y Mercado han dominado el pensamiento político, económico y jurídico. La Ley de Economía Sostenible recupera viejos parches procurando innovar en su definición, adaptándolos a los nuevos tiempos, realizando una cuidada asimilación ideológica de los nuevos mitos y fetiches. Toda innovar en una dirección: la sostenibilidad ambiental y la socialización de la renta del capital. Lo nuevo y lo viejo en forma de parches.

El origen de la insostenibilidad “económica”, o mejor, la naturaleza maniacodepresiva del crecimiento de la actividad y la riqueza del orden social, tiene un claro culpable: el Estado. Desde el momento en que, de forma imperativa, un ente de dominación irresistible interviene en aspectos de productivos o distributivos, procurando alcanzar resultados concretos a través de la dirección central de la economía (con mayor o menor intensidad), la descoordinación provocará fallos masivos. Fallos que serán utilizados por quien es su inductor, como fuentes de legitimación de ulteriores intervenciones.

Si la “economía” crece de forma insostenible es debido a la descoordinación de preferencias sobre consumo presente o futuro, o preferencia por el ahorro, promovida por la intervención que el Estado practica sobre tipos de interés y oferta monetaria. Con tipos bajos y crédito abundante los agentes, sin reducir su consumo presente, se enredan en largos procesos de producción intensivos en capital. La locura persiste mientras que dura la expansión del crédito y el inflacionismo. El colapso puede salvarse una vez, pero no de forma ilimitada. Cuanto más tarde sobreviene el ajuste más trágicas serán sus consecuencias.

Siendo la ordenación del suelo objeto de planificación soviética, en España carece de sentido atribuir al mercado libre el origen de todos los males derivados. Con tipos bajos, crédito abundante, ayuntamientos ávidos de ingresos y un Estado obsesionado con el pleno empleo y el diseño de una sociedad de pequeños propietarios, inmovilizados en un lugar y sin capacidad de invertir en nada que no sea un bien de consumo duradero (su propio hogar), resulta inevitable la catástrofe. Especulan constructores pero también particulares, ayuntamientos y gobiernos autonómicos. Se forran unos, pero también los otros, aunque sea mucho más fácil identificar al empresario voraz que al resto.

Si el suelo, merced del golpe de autoridad de quien tiene la facultad de decidir usos y volúmenes de edificabilidad, es el negocio más rentable, ¿por qué razón debe el inversor dedicar sus recursos a otros destinos? El Estado acaba monopolizando, a través de subvenciones, protección o leyes de estímulo y promoción, la inversión en el resto de ámbitos.

Zapatero pretende hacer sostenible su disparate personal. Una España cuajada de dependientes, poblada por funcionarios y trabajadores por cuenta ajena asimilados al sentir funcionarial. Pequeños empresarios subvencionados, grandes empresarios privilegiados. Mercados financieros más intervenidos aun. Pero todo bajo el halo de progresismo entusiasta de quien se presenta como valedor del necesitado y enemigo del opulento. Un círculo cuadrado sin pies ni cabeza, pero “sostenible”, “verde” y con mucho I+D+i, que se ha convertido ya en el nuevo fetiche del izquierdismo patrio.

España no es una organización económica. Su éxito no se basa en una asignación de recursos estáticamente eficiente. España es un gran mercado, un orden espontáneo cuya coordinación y prosperidad dependen, en todo caso, de la libertad individual y su capacidad creadora de nuevo conocimiento. Una mercería de barrio puede aspirar a una sostenibilidad al modo Zapatero, reduciendo costes y afinando en la administración de sus recursos. Pero incluso la mercería de barrio hará depender su éxito competitivo de la perspicacia y el ingenio creativo de sus dueños. El ajuste no procede del parcheo de las vías de agua evidentes.

La estupidez de Zapatero no hará que España caiga más de lo que ha caído, pero sí evitará que salga del abismo. Es más, comprometerá el crecimiento futuro, ahondando en las taras que, indefectiblemente, conducirán a una nueva y más terrible crisis económica. La sostenibilidad de Zapatero contribuirá, exclusivamente, a que crezcan los problemas que ya tenemos y, al mismo tiempo, surjan otros nuevos.

El País: Un Aluvión de pequeñas reformas

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. atroma permalink
    noviembre 29, 2009 2:53 pm

    Yo lo resumiría, con permiso del autor, en ¿Cómo puede ser sostenible una economía? Imposible. Ciertamente, sostenible ya es de por si la economía, no es por si una ciencia inestable. Inestable son las variables que interactúan dentro de un sistema económico. Por ello fracaso las ideas de los karl marx boys. Y esto es básicamente lo mismo, sostenible, para mí, es sostener. Sostener es subsidiario. Por tanto, economía subsidiaria. Nada nuevo.

    Un ejemplo; si montas un negocio de perecederos sin miedo a la variable tiempo, como demostró bohm bawerk, la compra venta sobre esos artículos serán uniformes. Digo que las ganancias serán de un porcentaje fijo, vendiéndose hoy, como el venderse caducado. Las ganancias serán la misma. Eso para mi es sostenible.

    saludos.

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