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Urbanismo liberal

diciembre 9, 2009

El urbanismo es un tema que me apasiona, en el que me fijo y sobre el que reflexiono muy a menudo. A pesar del interés admito que mi conocimiento al respecto es limitado, más intuitivo que rigurosamente formado. Observando el proceso urbano de varias grandes ciudades, quizá podamos entrever la problemática fundamental que afecta a su ordenación, distribución y diseño de infraestructuras. La planificación urbana es posiblemente uno de los filones del intervencionismo y la limitación de la propiedad privada.

La antigua Roma nada tenía que ver con los asentamientos típicos que todos hemos estudiado en nuestros manuales de historia. No todas las ciudades romanas de nueva fundación, por así decirlo, respondieron al modelo de cuadrícula, con dos vías en cruz, un foro central y cuatro entradas. Roma no fue una ciudad planificada en sus aspectos principales. Desde un núcleo central el trazado urbano fue desarrollándose respetando vías preexistentes, servidumbres y zonas de confluencia consolidadas. Un desarrollo urbano institucional que llegó a ser caótico y sobre el que se intervino con mayor o menor respeto por la propiedad privada de los titulares legítimos. Acueductos, alcantarillado, plazas, mercados, baños, ampliación de la anchura de ciertas vías…

Una ciudad espontánea puede identificarse por el trazado irregular de sus calles, siguiendo antiguos cursos de agua o la orografía original del terreno. Esto no quiere decir que en todo momento fueran respetados los derechos de propiedad, pero sí es indicativo de que estos primaron sobre el ansia gubernamental por racionalizar su diseño. Desde el renacimiento, destacando la intensidad del urbanismo barroco y neoclásico, las ciudades relativamente espontáneas, aprovecharon la superación de sus murallas y límites primigenios, para ordenar el espacio de forma más racional, así como pretendidamente eficiente.

Si contemplamos tres grandes urbes del siglo XX podemos advertir tres modelos distintos de planificación urbana:

1. Nueva York, que aun siendo la meca del capitalismo financiero, en lo que a urbanismo se refiere, resulta de lo más socialista, obedece a una ordenación de 1811, modificada con posterioridad, pero que se conserva en sus aspectos principales: avenidas de un extremo a otro del lado más largo de Manhattan, y calles perpendiculares a las avenidas, en el lado más corto. Un gran parque central y una avenida a modo de colector que, en la parte central, y hasta el extremo sur u originario, corta en diagonal alguna de las avenidas restantes.

Desconozco la fórmula utilizada: expropiación, junta de compensación dirigida por la autoridad gubernamental, una coordinación entre propietarios más o menos impuesta… En ningún caso parece que se tratara de intercambios libres y acuerdo íntegro de voluntades.

2. París es, en sí misma, un diseño estatista. No hizo falta que llegara el Barón Haussmann para que París fuera lo que los monarcas franceses quisieran que fuera. Aun así, su diseño depuró la ciudad proporcionándole no solo su actual trazado, sino el diseño las fachadas, mobiliario urbano, parques, jardines, hasta un detalle impresionante. Se trazaron bulevares que tejen una red perfecta de conducciones de tráfico, liberando espacios y creando el ambiente majestuoso de una ciudad racionalizada, imperial y megalómana, pero sin perder refinamiento y encanto. París, siendo como es una obra del Estatismo más desorbitado, es también una de las obras estéticamente más perfectas que el urbanismo ha logrado. Expropiaciones selectivas, aunque de impacto masivo.

3. Londres tiene de todo, y aunque para muchos, con un simple golpe de vista a su trazado urbano, pueda parecerles la ciudad menos planificada de todas, no es así en realidad. Que no responda a una cuadrícula perfecta no quiere decir que el mismo espíritu de Hausmann no se respire en muchas de sus vías trasversales y amagos de rondas. Es una ciudad dominada por el Ferrocarril, donde queda muy marcada la presencia de un río caudaloso como barrera entre dos ámbitos definidos. Dos núcleos urbanos principales, la City y Westminster, unidos a otros de menor importancia y con grandes ejemplos de ordenación urbana del XVIII y el XIX, como son sus parques, plazas o avenidas principales. Aun así, parece cierto que se han respectados muchos de los trazados espontáneos.

Con estos tres ejemplos tenemos suficiente para advertir una sorprendente conclusión: ninguno de ellos ha excluido por completo la expropiación o la planificación urbana, y ninguno de ellos ha logrado una ordenación que no haya sido necesario revisar y adecuar en términos de eficiencia.

El trazado urbano de Nueva York no soporta el tráfico denso. Los cruces constantes no garantizan la existencia de vías rápidas, sino todo lo contrario. Una diagonal colapsa en vez de servir de gran colector. Londres es enorme, poco densa, con centros de negocios concentrados a los que solo puede accederse en transporte público. La saturación del metro y los puentes en determinadas horas del día, asfixia el resto de la ciudad exigiendo que los trabajadores inviertan mucho tiempo en sus desplazamientos. En este sentido Manhattan, con mucha más densidad, tanto residencial como terciaria, permite caminar al trabajo o que el tráfico colectivo no se llegue a saturar. El tráfico en París es insoportable. También lo es en Londres, donde no hay grandes avenidas y si no fuera por peajes y restricciones, tendría un centro urbano intransitable. Sin embargo, la capital francesa tiene la ventaja de contar con importantes vías periféricas, o circulares, que distribuyen mucho mejor el trasiego de vehículos.

La conclusión es que la ciudad institucional siempre se toma con el caos de estructuras que son incapaces de absorber el incremento de población y actividad. Si aumenta su densidad quizá resista más tiempo, pero siempre hará falta que cercenar los derechos consolidados (servidumbres de luces, por ejemplo), con mayor o menor acuerdo de las partes.

La planificación urbana no está reñida con la libertad y la propiedad. Grandes espacios pueden ser adquiridos por promotores que, libremente, diseñen trazados integrados y eficientes, al menos a priori, conscientes del entorno en que se integran. Una ciudad espontánea tendería a que sus zonas más caóticas acabarán degradándose o abandonándose, surgiendo así oportunidades de planificación competitiva. Es decir, el modelo urbano de la libertad debe combinar estos dos aspectos, pero siempre aspirando a que las decisiones sobre las distintas propiedades respondan a acuerdos voluntarios, y no a la pretensión de un ente de dominación por planificar vía imposición.

Planificación competitiva, como ya sucede en la diversidad de distribuciones interiores de los edificios. Cada espacio, cada realidad, hará que se consolide un modelo distinto de construcciones, en vertical o en horizontal, de acuerdo con las preferencias de quienes adquieran dichas viviendas, su lugar de trabajo y necesidades de desplazamiento. La planificación competitiva ofrecerá tanto sistemas integrados (residencial y comercial) como sistemas diferenciados. Las innovaciones urbanísticas de hoy, a pesar de que el urbano sea el mercado más intervenido después del monetario, apuntan hacia todo tipo de experiencias, buscando la adaptarse a las dificultades existentes, pero siempre apuntando soluciones más dinámicas. Se actúa como si realmente hubiera mercado libre, lo cual dice mucho en demérito de la planificación impositiva.

Saludos y Libertad!

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7 comentarios leave one →
  1. Bastiat permalink
    diciembre 9, 2009 8:03 pm

    Era principios del siglo XIX. Unos colonos, emigrantes, invasores para algunos, deciden establecerse en Roca Negra. Llaman a aquel lugar, Black Rock. Y establecen sus hogares. Por cosas que pasan deciden establecerse todos juntos, será cuestión de sentirse seguros, protegidos, pero igualmente sentirse acompañados en aquel lugar inhóspito y desconocido en el que decidieron establecerse en busca de una mejor vida. Y por cosas que pasan ellos, los primeros, deciden que el territorio de la ciudad, definido por las casas de quienes llegaron allí primero, se dispongan a lo largo de la Main Street a ambos lados. Treinta y tantos edificios dispuestos así por acuerdo del grupo…

    Podría seguir contándote una novela del origen de Black Rock, algunas historias personales para adornar, algunos hechos luctuosos, los enfrentamientos con los originarios pobladores… aunque no establecidos de forma permanente pero que si usaban aquellos territorios para la caza, ecológica dirían algunos, pero de oportunidad y supervivencia en su estricto sentido. Pero el porqué empiezo con esta historia es por dos razones: 1º Las ciudades evolucionan como evolucionan la técnica, la economía, los negocios y las relaciones sociales. Lo que en un principio parecía adecuado con el tiempo se demuestra insuficiente. Y 2º, y como consecuencia también de lo anterior pero en el origen de mi pequeña ciudad, es el acuerdo de los miembros de los pobladores quien estableció la forma en la que se disponían las propiedades individuales, el espacio que usaban, los derechos y deberes de los propietarios. Es el acuerdo del grupo el que formaliza y configura, en este caso, la geografía urbana de la población, es el acuerdo del grupo el que define el cómo se toman las decisiones sobre lo común.

    Hablar continuamente de la imposición del Estado sobre las cosas y pretender elaborar una teoría sin intervención alguna dejando de lado los acuerdos a los que los individuos llegan para facilitar algo tan básico en las relaciones sociales como las calles, su capacidad, su funcionalidad, sus derechos de paso y servidumbres varias… libremente elegidas y libremente aceptadas desfigura el debate sobre el liberalismo llevándolo a un grados de irrealidad difícilmente aceptable.

    Cierto es que existen y existirán derechos de propiedad. Uno de los derechos, sin embargo, más peculiares por sus especiales características… es un bien inmueble… en el sentido mas literal del término, es el derecho a la tierra. Este bien está, como he comentado, sometido al acuerdo sobre el que se llegue por el grupo que ejerza dominio y establezca estado de derecho y ley sobre la totalidad del territorio en el que está incluida mi pequeña ciudad.

    ¿Implica esto que digo necesariamente una intervención decididamente estatista en el todo? No. Lo que implica es algo ciertamente inquietante para cualquier liberal extremo, no voy a hablar de anarquismo, como es el reconocimiento del grupo y la asunción del territorio como expresión de realización del propio grupo. Pero eso no implica límites insuperables de libertad, sino que las leyes, las normas serán consecuencia del acuerdo de sus miembros, se quiera o no. Como será consecuencia del acuerdo de sus miembros establecer límites insuperables a la acción del grupo sobre las propiedades y los derechos de los individuos uno a uno. Será consecuencia de la decisión del grupo.

    Es por eso que el planteamiento tuyo de ver la eficiencia de cual es el sistema urbano es el mas adecuado y dejarlo al albur del mercado chirría por las características evolutivas de la ciudad y la sociedad en el tiempo, así como la imperiosa necesidad de aceptar el hecho ineludible del acuerdo al que los ciudadanos decidan el cómo organizar algo tan vital para las relaciones sociales como son los espacios comunes.

  2. diciembre 9, 2009 9:10 pm

    Bastiat, no seas dogmático y aprende a leer. Yo no he dicho nada de lo que me imputas, este post es una simple reflexión sobre el urbanismo. Muchos liberales reniegan del término “planificación”, cuando en realidad todos los individuos planifican sus acciones, en mayor o menor medida. Por desgracia, parafraseando a Hayek, el colectivismo se ha apropiado también de la “planificación”, y ahora todo parece sonarnos a imposición y falta de libertad. De lo que hablo es de la posibilidad de urbanizar espacios sin vulnerar derechos de propiedad, simplemente eso. Cuando el Estado (o una “Ciudad-Estado”) expropia para urbanizar, no están aplicándose esos acuerdos voluntarios entre ciudadanos, sino que los derechos individuales quedan sometidos a la arbitraria decisión distributiva y teleológica de una estructura de dominación. Cosa muy distinta son las instituciones Públicas, políticas o administrativas, que de forma espontánea surgen en la puesta en común de concretas preocupaciones y espacios. La Cosa Pública no debe confundir con el Estado. Para el que sepa algo de Derecho Romano e historia de Roma, no le costará darse cuenta de ello.
    Las ciudades, como bien dices, pueden surgir de dos formas: espontánea o acumulativamente, o por una planificación previa. Cuando hablo de que el 90% de Nueva York es producto de la planificación, no estoy condenando dicha realidad: lo que me interesa es saber si dicha planificación es producto de la expropiación directa o de la unión de intereses voluntarios de los propietarios afectados, o de una combinación de ambas. Ese debe ser el objeto de estudio para juzgar la conveniencia y resultados de uno y otro sistema.
    Cuando hablo de ciudades espontáneas con ligeras intervenciones, las distingo por completo de los modelos meramente “expropiativos” y estatalistas.
    De lo que no sé es de lo que tú hablas, porque me temo que sigues enredado en conceptos básicos como son Estado, Poder Público, Derecho o Propiedad privada. Te lías, enredas y compones historietas que refrendan lo que dices. Pero en eso no consiste la reflexión seria. Analicemos realidades, acudamos a la teoría, y concluyamos algo. Tu liberalismo es tan conformista que se desdibuja en cada argumento.
    Saludos!

  3. Bastiat permalink
    diciembre 9, 2009 10:14 pm

    Hayek… quien sepa algo de derecho romano e historia de Roma lo que conocerá es algo de derecho romano e historia de Roma. ¿Y qué? La cuestión que yo planteo y lo único que, como tú dices, te imputo, es la insistencia en separar las decisiones grupales de la realidad del Estado. La realidad.

    Eso si, parece ser que el hablar de la realidad es de ser conformista. Pero no. Según mi punto de vista hablar de realidad es tratar de encontrar un sólido punto de partida sobre el que edificar un verdadero liberalismo. Si es que quieres hablar de mi liberalismo… que sinceramente, por las formas, lo dudo.

    Ciñéndome a tu comentario. Los individuos no sólo planifican sus acciones, sino que los individuos planifican sus acciones también DE ACUERDO con aquellos a los que se siente unido. Una planificación es la de las calles comunes, porque comunes son los intereses, el interés en ir de una casa a otra, de un comercio a otro libremente asumiendo una realidad, que su libertad está condicionada por la de los otros y el acuerdo al que se ha llegado con los demás. Eso es realidad… dime, qué tiene que ver eso con el conformismo.

    Y si se ha llegado acuerdo en que el territorio está sometido a la voluntad de la mayoría. Y es un acuerdo posible… y tanto. Entonces, ¿asumimos la realidad de que se puede expropiar las tierras conforme al acuerdo ese que se ha llegado? No digo, pese a que puede haber subido tu adrenalina unos cuantos grados mas, que eso no lo asumas tu, lo que estoy es planteando los principios haciendo honor a las palabras del gran Hayek que adornan el frontispicio de tu página: “La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos”. ¿Cuáles son esos principios si se elude el más importante de todos como es el cocimiento de la realidad?

    Al reducir tu la posibilidad de planificación sólo a la unión de interese voluntarios de los propietarios afectados, cosa que yo no niego que pueda formar parte de un posible acuerdo grupal, lo que si que estas haciendo es sectorializando el interés común sólo al interés de unos pocos. Es decir, se parte de la idea que el interés de unos poco está por encima del interés del acuerdo voluntario del grupo originario. ¿Qué hubiera ocurrido si en vez de llegar a un acuerdo voluntario, mayoritario al menos, de organización de la ciudad y llega uno cualquiera y en vez de dejar libre el espacio de Main Street coloca un gran almacén de hardware en mitad de la calle aprovechando que está colocada en un lugar céntrico y de paso? Pero es más, no están tambien afectados todos aquellos cuyas haciendas y propiedades estén siendo afectadas por el no acuerdo de unos pocos?

    No pretendo burlarme, ojo, lo que te quiero decir y que parece que os cuesta comprender es que el acuerdo logrado por los pioneros obliga a todos a mantener dicho dibujo, dicha planificación. Ésta no habrá sido realizada por el Estado, tal y como lo veis, pero si lo ha sido por las instituciones instauradas por ellos que en un principio sería algo así como el concejo abierto y en un paso posterior por el ayuntamiento. Son instituciones, son espontáneas, son coactivas. ¿O no? Por cierto…. ¿Tú consideras a un Ayuntamiento, sobre todo así surgido, como Estado o no? Tiene capacidad coactiva. Si los ciudadanos le otorgan autoridad, tiene capacidad expropiatoria… ¿o no?

    Y vuelvo a seguir dando vueltas al tema. Existen ciudades plenamente planificadas. Brasilia. Existen ciudades para nada sometidas a planificación… Cáceres, Toledo. La planificación, en si mismo, como bien dices ni es buena ni es mala. La cuestión que en el fondo planteas es si es preferible la planificación coactiva o la voluntaria… Pero es que ahí estás en el error. No hay posibilidad de planificación voluntaria de una parte cuando el acuerdo inicial ya está planteando desde la voluntariedad el acuerdo de todos de someter el territorio al escrutinio del todos.

    Salvo…. Que el acuerdo del todos así lo estipule.

    Y es que ahí es dónde voy. ¿Es posible un liberalismo que excluya la realidad del grupo, de las zonas comunes, de la planificación, de la coacción…? Analiza la realidad, expresa una teoría y a ver si concluimos algo…

  4. Juano permalink
    diciembre 10, 2009 12:30 am

    La naturaleza de la ciudad como núcleo urbano densamente poblado conlleva un confrontamiento intenso de intereses particulares. Y aún así los moradores deciden unirse a ese colectivo concentrado en un territorio específico porque esperan beneficios de esa pertenencia (economías de escala, seguridad, cercanía de servicios, etc, etc…).
    En tal escenario es absolutamente necesaria la planificación. Tal concentración de individuos, por muy libres que sean, es inviable sin dar cierta prioridad al colectivo en los campos donde más confrontación pueda darse.
    Cualquiera que haya visto la diferencia entre un entorno urbano planificado con un mínimo de visión y otro sin ningún tipo de planificación siempre preferirá vivir en el primero. Cuando los que hemos tenido la suerte de nacer en occidente nos damos una vuelta por las fabelas o los barrios de ciudades africanas la planificación urbanística es de las primeras cosas que echamos en falta, por muy pintoresco que sea el cuadro que se ponga ante nuestros ojos.
    Ya no sólo la existencia, sino la viabilidad de un sistema de alcantarillado es algo que uno no valora hasta que está en estos sitios. Sumemos la posibilidad de un tráfico medianamente ordenado, el que haya sitio para aparcar, alumbrado en las calles…

    Otra cosa es el medio rural, los núcleos urbanos de tamaño reducido, las granjas australianas… Ahí la planificación no tiene ningún sentido, pues los individuos pueden consensuar entre ellos sin problema alguno.

  5. diciembre 10, 2009 9:41 am

    Bastiat, no trates de convertirme en tu particular saco de boxeo. Si tienes problemas teóricos (que los tienes), relájate, lee algo bueno y piensa. Todo lo que aquí dices no deja de ser muestra de una rabieta pseudo intelectual de un ingenuo que quiere ser liberal. Me alegro de que quieras serlo pero, por favor, cuida tus argumentos. Mi comentario deja perfectamente diferenciados tanto los aspectos más abstractos como los más descriptivos. Léetelo otra vez, si quieres, extracta partes de él y rebátelo, pero no vengas a soltar tu discursillo facilón.
    Si no sabes distinguir entre lo que es el Estado, lo que son los poderes públicos institucionales, la política, la sucesión política, la integración social, el orden, la organización comunitaria, y tantas cosas, mejor que seas más cauto en tus comentarios.
    El Ayuntamiento de Madrid, por poner un ejemplo, decide que donde había un río se construya una autovía, y donde estaba una autovía, un parque. También decide transformar barrios industriales en residenciales, demoler el centro para trazar una Gran vía, expropiar terrenos para planificar nuevos usos… Decide peatonalizar, decide agujerear… Decide hoy cosas que afectan a ese “pacto originario” del que hablas, que altera la ciudad, que perturba el disfrute de multitud de viejos y nuevos propietarios. Comprender la naturaleza de la municipalidad es mucho más complejo de lo que tu planteas. Es uno de los temas más complicados para el que no existen respuestas totales como la que tú crees defender. Se prudente y no te obceques en perseguir a quien sí se esfuerza por reflexionar sobre el asunto.
    Saludos!

  6. Bastiat permalink
    diciembre 10, 2009 10:53 am

    A parte de la regañina que me has echado, he de decirte que mi discursillo facilón como tu le llamas, creo que ataca precisamente la creencia instaurada en el liberalismo mas extremo de pensar que el estado es un señor malo y no el resultado evolutivo de las sociedades primigenias por consenso mayoritario de un grupo humano. El que el Estado tenga pues mas o menos atribuciones, que estas nos parezcan mas o menos liberales, no es consecuencia de la existencia del Estado sino de la volunta política basado en el pacto originario y que se le ha ido cediendo no por voluntad del Estado sino por voluntad, mas o menos consciente, de los ciudadanos que conforman dicho pacto originario desde que se constituyó hasta el día de hoy.

    No sé si tu postura es abiertamente Ancap o no, pero he de decir que en el momento en el que has planteado el tema del urbanismo has tocado uno de los aspectos en los que entiendo, con mis limitaciones, supongo, mas afectado se encuentra dicho ideario y todo el liberalismo que niega legitimidad al Estado simplemente por ser Estado.

    Son las relaciones sociales, las comerciales, las económicas, pero, sobre todo, el entorno, los aspectos que hay que gestionar y las sociedades, los grupos humanos, han elegido a lo largo del tiempo diversas formas de llevarlo a cabo. De las primeras puede haber mucho mas acuerdo, puesto que como liberal entiendo que nadie puede estar por encima del individuo a la hora de establecer relaciones con otros libremente aceptadas, pero es en el aspecto del territorio, de su ordenación, urbanismo y vías de comunicación, donde la libertad está más fácilmente sometida al criterio del grupo al ser ese aspecto algo no propiamente individual sino sometido al acuerdo en el que se establece el cómo y la forma en el que se adquiere la propiedad sobre la tierra. Sobre todo, hay uno que es ineludible: el deseo de pertenencia al grupo. Si no existe tal deseo no existe posibilidad de defensa, porque para pertenecer el aceptar las normas del grupo es condición básica. Y como cuento en mi ejemplito, son los grupos los que establecen las normas y las establecen no sólo sobre los individuos sino sobre los territorios. Y en la competición por el espacio los pobladores originarios perdieron.

    Puedes afirmar que tal situación fue injusta. No lo niego, pero lo haces porque planteas una forma en concreto de interpretar esa justicia. Otros plantean otras y es en esa discrepancia en la que se tienen que establecer modos y mecanismos para la defensa de unos frente a los otros. O, incluso, para establecer motivos por los cuales arrebatarles a los otros las tierras no sólo es necesario sino, incluso legítimo. No depende de ti, ni depende de tu teoría, dependen en definitiva de la fuerza con la que estés dispuesto a defender sus argumentos. Y con la fuerza con la que cuentes para defender tus tierras, tus posesiones y tu libertad. Por eso es necesario el grupo.

    Dónde me lleva esto. Puedes pensar que el Ayuntamiento de Madrid se está extralimitando en sus funciones. Yo también. Ahora bien…. ¿Es ilegítimo? Me da que no. En el momento en el que sigue las normas establecidas para la toma de decisiones sobre lo que el grupo ha decidido tiene capacidad su legitimidad está fuera de toda duda. Ahora bien… ¿se puede cambiar? Por supuesto, pero no se cambiará la realidad sobre la existencia de instituciones, sino sobre lo que éstas pueden hacer y lo que no. Y eso es decisión política.

    Por cierto, si te he molestado, disculpa.

  7. diciembre 10, 2009 1:01 pm

    No tengo una especial opinión sobre urbanística porque ciertamente no entiendo del tema en absoluto. Pero sí entiendo una cosa, de vivir en ciudades. He vivido en tres (Valladolid, Madrid y Zaragoza), y las tres son radicalmente diferentes en muchos aspectos. También he estado en Londres, y aunque no he vivido allí, pude percatarme de sus diferencias (nada sutiles), con otra gran ciudad como Madrid. Por ende, también he tenido la oportunidad de estar en Barcelona, y una vez más es radicalmente distinta. Como he dicho, no voy a meterme en camisa de once varas porque no soy la persona apropiada, pero se nota muy mucho cuando una ciudad es planificada y cuando no. Barcelona se planificó desde sus inicios, y que yo sepa (que me corrija alguien si me equivoco), en el siglo XIX prácticamente la hicieron nueva. Recuerdo un viaje en taxi en que pensaba que me estaba quedando tonto porque el taxi iba hacia delante sin detenerse y yo veía la misma casa una y otra vez… Así durante varios minutos. Pensaba que estabamos dando vueltas a la manzana porque las casas era idénticas. Evidentemente, durante la planificación tuvieron que realizarse muchas acciones contra del derecho de propiedad de los barceloneses. Otras ciudades menos estructuradas, como las que indicaba antes, se han ido haciendo al tuntún, ciertamente, pero para mi son preferibles para vivir (aunque Madrid al final me dejó bastante insatisfecho, la verdad, pero sobre todo por las obras y algunos servicios). Soy más de vivir en ciudades más pequeñas, más manejables, donde puedas ir andando a muchos sitios. Particularmente soy partidario de que las ciudades deben desarrollarse libremente, naturalmente no dejando que cualquier plante un pino donde quiera, pero dando una libertad para que la gente viva como quiera, dentro de un cierto orden. Que alguien llegue y diga: “esa ciudad va a ser así porque a mi me da la gana” siempre me ha parecido monstruoso.

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