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La Tierra no es de nadie…

diciembre 18, 2009

Si Zapatero tuviera razón y la tierra no fuera nadie sino del viento, no estarían los líderes mundiales discutiendo sobre su porvenir. La profecía es uno de los elementos fundamentales de toda religión. Sin un valle de lágrimas, el fin del mundo o la promesa de un castigo sobrehumano, carece de sentido toda restricción presente. Las religiones seculares, o ateologías políticas (como las llama Dalmacio Negro), reproducen miméticamente todos los pasos de la religiones tradicionales, o trascendentes. En lo que a la climatología esquizoide se refiere, no cabe duda.

Zapatero es un tipo que se siente generacionalmente desubicado. Quiso haber nacido bien 10 años antes, bien 10 años después. Su quinta es la de “Carlitos”, de Cuéntame, testigo del cambio pero de tímido e irreflexivo protagonismo. Quizá la activación de dicho personaje haya sido algo más que un recurso dramático, guiñándole un ojo al traumatizado de nuestro presidente.

El caso es que dada su frustración generacional, Zapatero se esfuerza por aparecer como abanderado de causas que no le pegan. Es un Rojo que pretende refundar el régimen político nacido de la Transición. Al mismo tiempo se adhiere sin problema al movimiento gay, ecologista o de las “feministas del s.XXI”, todo ello a fin de adquirir complicidades contemporáneas con los grupúsculos colectivistas más radicales y activos.

La tontería de discurso pronunciado en Copenhague resume, como tantos otros, pero con singular floritura, el rasgo intelectual y psicológico descrito.

Si la tierra no fuera de nadie (entiéndase dicho “nadie” en clara alusión a un actor de reconocida personalidad, es decir, y hasta el momento, un ser humano) no tendría mucho sentido hablar de su sostenibilidad. Contaminar no quiere decir cosa distinta que perjudicar la propiedad ajena (incluida la integridad física del individuo) con vertidos no demandados por su legítimo propietario. Exige alteridad y propiedad plural, es decir, que no existan ámbitos fuera del dominio particular. En una interpretación extensa del principio podemos concluir que quien genera externalidades negativas merece ser coartado y sancionado en beneficio de quienes las sufran. Para ello parece obvio que debe considerarse la presencia de “otros”, y no caer en el nihilismo de Zapatero, que considera la lucha contra la contaminación como un valor en sí mismo, al margen de sus efectos sobre concretos individuos.

Los Estados llevan siglos protegiendo a los contaminadores que, de alguna forma, contribuían a su engrandecimiento. En un mundo relativamente libre los Estados deben reconducir el credo que alimentan y las alianzas que establecen. Resulta mucho más sostenible un régimen fundado sobre la convicción y la toma de conciencia de la mayoría de los ciudadanos, que el mero Poder extendido sobre estructuras de dominación. Es decir, en los tiempos que corren, vale más convencer y aborregar, que domeñar voluntades mediando concesiones expresamente parciales y abusivas para el resto no privilegiado.

Las políticas ecológicas o las cumbres de este estilo reúnen dos tipos de objetivos:

1. Servir de cónclave secular desde el verter preocupación y esperanza.

2. Ser a su vez una suerte de rectificación histórica por todo el periodo de tiempo en que los Estados han protegido a los contaminantes frente a los contaminados, evitando la definición y defensa de la propiedad y la integridad personal de quienes, impunemente, llevamos padeciendo los excesos contaminantes de determinados agentes.

Se parte de un principio de autocompensación: lo que me trago de tu tubo de escape lo emitiré yo mañana desde el mío. Pero no es así. El hecho mismo de que, a estas alturas, no dominen en el mercado las tecnologías no contaminantes in situ se debe, principalmente, a espurios intereses amparados por el Estado.

El ecologismo ha conseguido varias conquistas, entre las que se encuentra la creación de la conciencia ecológica como instrumento de salvación mundana del individuo. Además, sirviendo como excusa para más intervención y planificación social, se ha convertido en la mejor coartada para que los Estados insistan en su carácter revolucionario, o lo que es igual, su necesidad de cambios continuos y sorpresivos con el objetivo de impedir que los individuos descuenten por completo su intervención y acaben por percatarse de los perjuicios que genera su mera existencia.

Toda política ecológica que busque castigar a quien genera externalidades negativas sin compensación o restricción, aunque pudiera parecernos algo beneficioso, no deja de representar una agresión más en contra del dinamismo espontáneo del proceso social, donde la libre concurrencia de individuos tiende a resolver de forma mucho más eficiente un volumen mayor de desequilibrios. La contaminación no es erradicable en ningún caso, pero sí un motor de búsqueda de soluciones, de avance en la defensa y definición de derechos reales y personales.

Copenhague es la constatación del fracaso de los Estados. Del fundamentalismo secular que, poco a poco, domina nuestras conciencias y exprime nuestros bolsillos y libertades. El mejor pábulo para los impostores, los radicales, los populistas y los ensimismados Líderes mundiales. Zapatero está en su salsa. La profecía es su triste especialidad. Vive del radicalismo, del movimiento, de la perpetua revolución moral y religiosa.

Saludos y Libertad!

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3 comentarios leave one →
  1. Juano permalink
    diciembre 19, 2009 1:11 am

    Cuando el prezi habla de que la tierra no es de nadie no creo que tenga el concepto de propiedad en mente. Más bien creo que niega la situación preponderante del ser humano en la creación, lo cual creo que es muchísimo más grave.

    De ahí que tengamos una ley que da derechos a los monos. De ahí que se castigue más el que te hagas una tortilla con un huevo de buitre leonado que matar a un ser humano no nacido. Etc…

  2. atroma permalink
    diciembre 19, 2009 8:37 am

    Pienso que demasiada importancia le has dado a este botarate. Ciertamente, zapatero no es un profesional en nada, es un falso sabio. Otro que vende espiritualidad en dosis sensibles, con el fin de, como bien dices, desarrollar un reconocimiento a su ego. Lo veo así. Esa frase demuestra lo peligroso que es este insignificante pequeño saltamontes. Nada más. Pretende construir un ejército de ingenuos, con efectos emocionales, que sean sumisos al robo. Eso es lo que es, un charlatán, un vendedor de pócimas caseras que solo es agua endulzada.

  3. diciembre 19, 2009 11:00 am

    Zapatero no pretende nada, no tiene talento para ello. Su única postura es la improvisación. En cierto sentido puede que esté intentando conseguir continuidad como figurante en alguna de tantas instituciones internacionales una vez tenga que abandonar la presidencia de España. El cuento de la alianza de civilizaciones y ahora el ecologismo y todas estas estupideces que se le ocurren o a las que se apunta no son más que su particular manera de buscar empleo.

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