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Una imagen, mil palabras: Cumbre de Cophenague

diciembre 19, 2009

Un acuerdo de mínimos, “de cumplimiento discrecional”, y al que se oponen grandes naciones como Nicaragua, Venezuela o Bolivia. Un fracaso, vaya.

Esta es la foto que resume el paripé danés: Merkel, Sarkozy, Brown, Obama y Barroso. ¿Quiénes son los demás? Conjeturemos un poco: la Canciller alemana aparece junto a un tipo calvo, agotado o distraído. Posiblemente se trate de su intérprete. Con intérprete a su vera vemos a Sarkozy. Algo de inglés hablarán (the “time” is good, decía nuestro presidente), pero para afinar pactos complejos, no basta con 1.000 palabras o lo que se aprende en el colegio.

Brown y Obama no tienen problema alguno. Barroso depende del inglés para seguir mangoneando desde la Comisión, así que tampoco. Los tipos que pululan y observan en un segundo plano, son asesores, expertos, gente de bien.

Una instantánea como la que vemos contribuye a congelar en el tiempo una fracción mínima de la realidad, obligando al espectador a tener que imaginar todo lo que se movía (y cocía) alrededor de la imagen captada. Un Zapatero con pose interesante, pero totalmente abstraído en los preparativos familiares de las fiestas navideñas con cargo al generoso presupuesto de La Moncloa, merodeando por la zona, en busca de una buena foto con la que resumir su paso por la cumbre del Clima. Chávez y Lula, hablando de sus cosas, de sus dos maneras de gobernar la miseria y aprovechar, o despreciar, las oportunidades que les brinda la mundialización económica.

No es una foto completa. ¿Dónde están los chinos y los indios? ¿Dónde están los líderes de la pobreza, dispuestos a nutrir su presupuesto gracias al comercio de derechos de emisión de CO2? Esta cumbre pretende reducir las emisiones de un gas inocuo, incoloro e insípido, clave en el equilibrio ambiental del planeta, cuyos niveles no son hoy, ni por asomo, superiores a los que había cuando el sáhara fue un vergel o, hace menos milenios, una ardilla podía cruzar la península ibérica sin bajarse de un árbol. El CO2 como instrumento de empobrecimiento masivo, olvidando en qué consiste la verdadera contaminación (verter, manchar, deteriorar ilícitamente la propiedad ajena), obsesionados con un ánima invisible convertida en fuente de todo mal.

Está la foto, la instantánea reproducida en todos los periódicos, por todo el planeta. La imagen de un fracaso motivado por el despropósito, alentado por el miedo y la mentira. Un nuevo pretexto para hacer a los pobres más pobres, a los ricos más acomplejados y concienciados. Una broma que costará vidas, riqueza y rigor intelectual. El Cambio Clímatico, como objeto de investigación científica, viene a ser lo que la Trinidad representa para la teología cristiana: un principio sin final, un callejón sin salida.

Saludos y Libertad!

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