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Bilbao

diciembre 27, 2009

Entre lo moderno y la vanguardia estética de nuestros días, Bilbao resurge de sus cenizas industriales para convertirse en un cogollito de pulcritud, estilo y buena arquitectura contemporánea. 12 años han pasado desde la inauguración del monstruo acostado de titanio diseñado por Frank O. Gehry. Resumen de una época, extravagancia estética que engulló cientos de millones provenientes del bolsillo de vascos, resto de españoles y algunos europeos. Bilbao, sabiamente gobernado por la ambición del PNV, supo acertar, movilizar recursos  e iniciar un proceso de renovación integral del espacio y la estética urbana de una amalgama decadente de ciudades.

Bilbao es poderosa, desde el Arriaga hasta los Tamarises, sumando a un margen y a otro de la Ría del Nervión un conjunto urbano singular, caótico pero vertebrado, a pesar de los obstáculos y los errores de planificación cometidos. El metro, diseñado por Norman Foster, ondula en torno a la Ría, atraviesa Getxo hasta irrumpir en Plentzia, y más recientemente, da servicio a la margen izquierda, desde San Inazio hasta Santurce; trata de resolver carencias que seguirán exigiendo altas dosis de imaginación e iniciativa, para conseguir que el sueño del Gran Bilbao llegue a ser una realidad razonablemente integrada.

De Bilbao destaca su excelente arquitectura moderna y racionalista, de una calidad y elegancia que por su concentración y conservación destacan y sorprenden a los que apreciamos el valor estético de estos periodos. Se distinguen perfectamente las distintas épocas y los gustos arquitectónicos que primaban en cada una de ellas. Pasear por La Gran Vía y llegar hasta los jardines de Albia resumen, en pocos metros, el Bilbao burgués, sibarita y orgulloso que favorecieron sus años dorados de finales del XIX y principios del XX. Penetrar en el ensanche, fijarse en los edificios de bancos o compañías de seguros, y también de viviendas, levantados desde los treinta hasta los sesenta, permite descubrir que en Bilbao, el buen gusto y la calidad estética  no se dejaron llevar por un complejo romántico e historicista, pero tampoco por el exceso de una arquitectura práctica y aséptica.

Bilbao ha sido siempre ciudad libre y espacio donde los españoles han encontrado, no sólo un puerto o una plaza para llevar a cabo sus negocios, sino también un espíritu emprendedor y cosmopolita singular. Es cierto que el bilbaíno es conocido por ser engreído o no haber perdido el toque provinciano, pero aun con todo, Bilbao es una de las ciudades españolas más atractivas y despojadas de los vicios y penurias que en otras siguen imperando.

El nacionalismo ha dejado su huella, pero no merece ni destacar los estragos cometidos. Aunque gobierne el PNV, nada tiene que ver Bilbao con las profundidades de la pantomima nacionalista vasca. Quienes, como yo, confían en la fuerza y el espíritu libre de esta ciudad, prefieren ver más allá de siglas y etiquetas, y afirmar hoy, con más fuerza que nunca, que Bilbao merece su consulado, merece no caer en las redes arcaicas y rurales de quienes pretenden, en pleno siglo XXI, convertir falacias y absurdos complejos en la seña de identidad de un pueblo tan magnífico como es el pueblo vasco.

Saludos y Libertad!

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