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El viernes rojo

enero 12, 2010

La devaluación del Bolívar fuerte, el pasado viernes, 8 de enero de 2010, puede representar el principio del fin del chavismo. Lo que sí parece obvio es que el Presidente de Venezuela no ha leído a Hayek, y confía en que con su devaluación logrará salvar el cuello. En el último cuarto de siglo el Bolívar se ha depreciado un 99,9%. No hay estructura de precios relativos que soporte algo así, veamos por qué:

Hayek explica en su “Nacionalismo Monetario”, las consecuencias que tiene una manipulación arbitraria en los tipos de cambio de una moneda dentro de un escenario internacional donde cada área monetaria se reserva la capacidad de alterar dicho cambio entre su propia moneda y el resto.

Venezuela vive de las exportaciones de petróleo. Importa hasta el 80% de los bienes que demanda. Una caída en la demanda exterior de petróleo, o una reducción brusca en el precio internacional del mismo(o las dos cosas al mismo tiempo), contribuyen a agudizar la profunda crisis que vive el país. La devaluación monetaria es la política recurrente por la que, pese a sus desastrosos efectos, no pocos gobiernos han apostado como única alternativa al colapso.

Devaluando el bolívar se encarecen las importaciones, empobreciendo de inmediato a quienes demandan bienes extranjeros y no encuentran alternativa interior, viéndose forzados a renunciar al consumo de ciertos bienes nacionales, o seleccionando con más escrúpulo su adquisición de bienes extranjeros.

Las industrias exportadoras verán que sus rentas en moneda nacional crecen, aumentando su poder de compra, manteniendo o incrementando su demanda de bienes: de cara al interior, se beneficiarán de un poder de compra mayor; de cara al exterior, podrán mantener su consumo previo a la devaluación, alterarlo sin restricción e incluso incrementarlo. Los efectos son variados, pero internamente repercutirá en una subida de los precios de aquellos bienes que demanden las rentas provenientes de la exportación.

A esto se une cierto desvío en la orientación de la demanda, antes en bienes producidos en el exterior, ahora sustituidos por bienes nacionales (cuando éstos existieran), que a su vez, tenderán a sufrir una subida de precios, generando el ascenso de las rentas de quienes los produzcan, incrementando su demanda de bienes. Es decir, tanto los exportadores como los productores de bienes sustitutivos de bienes hasta entonces importados, verán crecer su riqueza a costa de quienes dependen de las importaciones, que verán incrementados sus costes y disminuidas sus rentas.

“El resultado final de la depreciación de la moneda nacional será que en lugar de que los precios y las rentas generadas en las industrias afectadas caigan todo lo que debieran, muchos otros precios y rentas tenderán a elevarse ahora para restablecer las proporciones adecuadas a las nuevas condiciones y hacer así que la producción se adapte a su nueva estructura relativa” (p. 66).

El descalabro en la estructura de precios resulta brutal. Ante el shock provocado a golpe de decreto, el mercado despliega fuerzas coordinadoras que, a su vez, se topan con innumerables restricciones e intervenciones (precios mínimos y máximos sobrevenidos, por ejemplo), contribuyendo aun más a la descoordinación masiva. Una devaluación, como hecho aislado, sin otra intervención, provoca inevitablemente un proceso inflacionario que, lejos de ser inmediato e inocuo, tiene consecuencias destructivas para amplios sectores de la población y la industria de un país. Ciertos sectores experimentarán un sobredimensionamiento capaz de absorber gran parte de la inversión. Cuando la estructura devenga insostenible y llegue el ajuste, las malas inversiones aflorarán haciendo a casi todos mucho más pobres.

El Estado tenderá a intervenir y controlar lo que antes funcionaba, con la excusa del fracaso desatado. El inflacionismo siempre genera descoordinación y expansión del Estado.

La devaluación de Chávez no impedirá la salida de dinero, sino que acabará generando el caos interno de Venezuela, con una moneda muerta e inservible y una estructura de precios totalmente desfasada e incompatible con un orden económico sostenible. La producción venezolana se hundirá y con ella la riqueza de sus ciudadanos.

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. enero 12, 2010 10:43 pm

    “El Estado tenderá a intervenir y controlar lo que antes funcionaba, con la excusa del fracaso desatado. El inflacionismo siempre genera descoordinación y expansión del Estado.”

    Es exactamente lo que pretende, así que la medida es perfecta para él ¿para los venezolanos….? Lo de siempre, y aquí incluyo a ADECOS, ¿recordáis a Carlos Andrés Perez? y COPEYANOS, ¿no fué Caldera el que indultó a este golpista?

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