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La vivienda protegida, historia de una necesidad

enero 15, 2010

Es el título de la exposición que acoge la arquería de Nuevos Ministerios, en Madrid. Aunque bien podría llamarse: “la vivienda protegida, historia de un despropósito”, o peor, “… historia de cómo hacer un barrio marginal, enquistar a cientos de miles de personas en las peores condiciones urbanas posibles”.

La planificación urbana y la arquitectura son dos de mis temas favoritos. Basta con observar ciudades como Madrid o Barcelona para comprender el gran fracaso que ha supuesto el socialismo. Planificar espacios o edificios para ricos o clases medias, resulta sencillo. Las consecuencias no deseadas tienden a ser corregidas por el ímpetu de quienes serán sus habitantes, o superadas gracias al acervo institucional que posean. Sin embargo, planificar para pobres o recién llegados a la sociedad extensa, no es tan fácil como puedan pensar los arrogantes arquitectos y planeadores urbanos desde sus despachos: no se trata de una masa en bruto dispuesta a ser moldeada bajo esquemas perfectos de organización social.

Los barrios obreros de la periferia madrileña son el mejor ejemplo de lo que hablo: con la excusa de proveer de vivienda a un gran número de personas, presuntamente incapaces de acceder a la misma a precios de mercado, el Estado toma las riendas y apuesta por la vanguardia más estrafalaria, por el socialismo más recalcitrante, una suerte de híperracionalismo entre la aberración y la condena social. Moles repetidas, amontonadas, en torno a un eje o un centro de servicios. Calles sin vida, pasajes, hormigón, jardines imposibles de mantener. Viviendas de materiales baratos, diseños caprichosos e nula proyección urbana. No se hace ciudad, se improvisa. Dejados en manos de la genialidad y visión de cuatro delineantes arrogantes, los “obreros” acaban condenados a vivir en barrios esperpéntidos, condenados a la marginalidad, al provincianismo intraurbano y la decadencia. Eso son los barrios obreros en estado puro.

Y luego está la falacia de que sin semejante solución, por muy perversa, gris, uniformizadora y marginal que sea, los hijos, nietos y biznietos de quienes antes vivían en cuevas al margen de la carretera de Andalucía, hoy no tendrían techo (y qué techos!). También se nos dice que en nuestros días, por culpa de la especulación urbanística y demás, si no fuera por la redistribución habitacional (vivienda protegida-subvencionada, vaya), una generación entera acabaría sus días en casa de sus padres, cuando no en un trastero de 5 m2.

No hay mercado más intervenido (sin contar el monetario o el financiero) que el mercado de la vivienda, el suelo y la ordenación urbana. Un siglo de vivienda “social” equivalente a un siglo de planificación arquitectónica y urbanística. Yo creo que basta para exonerar al mercado de unos resultados negativos que no le pertenecen. La escalada de precios tiene dos orígenes claros: la expansión del crédito, por un lado, y la planificación urbana (en sentido amplio), en un segundo lugar. Unidos, un resultado asombroso: exceso de oferta y precios elevadísimos.

Hemos tenido tiempo, y aun tendremos más, para comentar los desfases presentes, así que aprovecharemos este post para introducir dos reflexiones muy acertadas sobre lo que sucedió en el pasado, en eso años que hoy pretenden rememorar con benigna mirada en la exposición de marras:

1. En 1908 Ludwig von Mises, como miembro del “Centro para la reforma de la vivienda”, redactó un informe sobre una reforma fiscal en dicho ámbito. Sus conclusiones fueron demoledoras: La baja calidad de la vivienda en Austria, la insuficiente oferta constructiva, se debía básicamente a la ausencia de ESPECULACIÓN INMOBILIARIA. Impuestos que gravaban la compraventa y asfixiaban a las sociedades anónimas hacían poco atractivo a los grandes capitales entrar en el “mercado” de la vivienda. A esto se unían los fuertes impuestos sobre el patrimonio, que unidos a los anteriores, se comían hasta el 40% de la renta bruta que podía obtenerse de una vivienda en alquiler; de ahí su elevado precio. Ni constructores ni propietarios estaban dispuestos a potenciar un mercado que, por culpa del Estado, sencillamente no existía. Fue gracias a la bajada de impuestos y regulaciones por lo que se empezó a satisfacer la demanda creciente de vivienda. La construcción protegida o la vivienda social no supusieron sino obstáculos, ya que contribuyeron a gravar aun más las rentas y patrimonios de los únicos que podían crear un mercado eficiente (Todo esto y más podéis encontrarlo en “Autobiografía de un Liberal”, de L.von Mises.

2. En siguiente texto pertenece a la novela de Ayn Rand, El Manantial:

“¿Qué arquitecto no está interesado en proyectos habitacionales?”. Odio esa maldita idea. Creo que es una valiosa empresa proveer de una vivienda decente a alguien que gana quince dólares por semana. Pero no si es a expensas de otros. No si eso aumenta los impuestos, si aumenta todos los demás alquileres y el que gana cuarenta dólares está condenado a vivir en una ratonera. Eso es lo que está ocurriendo en Nueva York. Nadie puede permitirse un hogar moderno a excepción de los muy ricos o los más indigentes. ¿Has visto los viejos edificios recuperados en los que tienen que residir la mayoría de los matrimonio promedio que viven del fruto de su trabajo? ¿Has visto sus minúsculas cocinas y sus cañerías? Están forzados a vivir así porque no son los suficientemente incompetentes. Ganan cuarenta dólares por semana y no se les permitiría vivir en una casa barata, pero son los que aportan el dinero para el maldito proyecto. Ellos pagan los impuestos. Y los impuestos elevan su propio alquiler. Y tienen que mudarse de una vieja casa de piedra recuperada a una sin remodelar y de ahí a un vagón de tren. No deseo castigar a un hombre sólo porque gana quince dólares por semana. Pero que me condenen si comprendo por qué un hombre que gana cuarenta debe ser castigado a favor de uno menos competente. Seguramente habrá una gran cantidad de teorías sobre ese tema y sus correspondientes volúmenes. Pero mira los resultados. Todos los arquitectos están a favor de las viviendas estatales. ¿Has visto a algún arquitecto que no esté gritando a favor de la planificación urbana? Me gustaría preguntarle cómo puede estar seguro de que el plan adoptado será el suyo. Si lo es, ¿qué derecho tiene a imponerlo a los demás? Y si no lo es, ¿qué les sucede a su trabajo? Supongo que dirá que no quiere ninguno de los dos casos. Quiere un consejo, una conferencia, cooperación y colaboración, y el resultado será La Marcha de los Siglos. Cada uno de ustedes, en ese equipo, hizo mejores trabajos separadamente, que lo que hicieron los ocho juntos de forma colectiva. Alguna vez pregúntate la razón.

Howard Roark

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. enero 15, 2010 7:31 pm

    Yo vi el telediario en el que daban cuenta de la exposición y me resultó tremendamente tendencioso…

    ¡Qué gran novela, “El Manantial”!

    • enero 15, 2010 8:01 pm

      Es buena, sí, pero me dejó un poco insatisfecho: tiene pocos alegatos de este estilo (aunque los que hay, son geniales).
      Saludos! :)

  2. enero 15, 2010 10:09 pm

    Incluso a los del PP les pirra sortear viviendas ,dar llaves de pisos y hacerse una foto con los afortunados.El socialismo falangista y la doctrina social de la iglesia, supongo…

    • enero 16, 2010 12:52 am

      Totalmente, aquí nadie se libra. Es más, mucho proponer la “liberalización” del suelo, y luego… más de lo mismo

  3. enero 16, 2010 3:14 am

    La foto que has puesto me ha recordado la frase de un buen amigo, que cuando aún éramos estudiantes, él de arquitectura, cada vez que pasaba delante de un edificio horrible decía:

    Mira, Premio Nacional de Arquitectura Francisco Franco

    Un saludo

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