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La Mala Educación

enero 18, 2010

El PP ha presentado su propuesta educativa. Se trata de máximas, poco perfiladas, con las que encarar unas conversaciones complejas entre el Ministerio del ramo y el principal partido la oposición. Lo que más ha sorprendido a algunos es la renuncia a remover la dichosa “Educación para la Ciudadanía” del currículo oficial. Pero no tiene nada de descabellado cuando son los propios tribunales quienes vienen fallando a favor de la existencia de la asignatura, si bien advirtiendo sobre sus contenidos. Pero, ¿qué asignatura no tiene contenidos liberticidas, falaces, anticlericales y todas esas que cosas que asustan a sus detractores? Por mi experiencia personal como estudiante: ninguna. Lo cierto es que si bien el ánfora no colisiona con las libertades constitucionales, su contenido, traducido en libros de texto, resulta extremadamente radical en algunos aspectos. No es tanto la asignatura como lo que se quiera hacer con ella. Pero me temo que, con una educación planificada curricularmente por el Estado, siendo coherentes, no debería concentrarse la objeción de conciencia en la famosa “Educación para la Ciudadanía”, sino extenderse sobre el resto, fuertemente ideologizadas y manipuladas sin excepción.

Dicho esto, las propuestas del PP suenan a la Ley Villar, de 1970, a la que pretenden retrotraerse como punto de inflexión u origen del mal. España, ni siquiera con el Franquismo, se libró del influjo nihilista del sesentayochismo. La gran reforma previa a la LOGSE preparó el país para la socialdemocracia, no fue en absoluto una excepción de lo que abundaba por Europa Occidental.

Bachillerato de 4 años quiere Rajoy, olvidando COU y volviendo a lo de antes. Supongo que la secundaria desaparecería como tal, regresando esos tres años a lo que fue la Educación General Básica. Ese fue mi plan de estudios, poco más o menos, salvándome de la ESO por los pelos, gracias a un claustro numantino que consiguió resistirse a la reforma todo lo que estuvo en su mano.

La socialdemocracia tiene cosas tremendas: se apela al “derecho” a la educación, cuando en realidad se trata de una Obligación a permanecer interno (a tiempo parcial) y recibir formación hasta los 16 años de edad. Con el pretexto de alfabetizar a la población se ha logrado un resultado curioso: engrosar el número de analfabetos funcionales. Su paso por la escuela y el instituto les deja un poso endeble, apenas saben leer y escribir, hacer cuentas y ubicar el Ebro en el mapa de España. Pero muchos se mueren por seguir estudiando, ejercer su “derecho” a alcanzar titulación universitaria. Gracias a ese espejismo, a semejante distorsión de prioridades, hoy tenemos la generación más con más años de estudio a sus espaldas. ¿Y todo para qué? Paro, frustración, vuelta a la universidad a estudiar otra carrera, itinerario de cursos y másteres… La degradación de una institución fundada en la excelencia y que hoy no pasa de ser un contenedor de vagos nihilistas desorientados. Muchos aciertan, escalan, destacan y aprovechan los medios a su disposición. Los de siempre, ni más ni menos. El resto, aquellos que sirvieron de excusa para vulgarizar la universidad, constituir carreras al uso, degradar títulos y prestigio, se quedan en el mismo lugar donde les dejó el bachillerato, la secundaria, la primaria… en la nada. Una generación perdida entregada al ocio hedonista, unos disipados, los otros con la misma soberbia del que cree haber tomado conciencia… ¿de qué? Ni ellos mismos lo saben.

Esa es la educación que pretende enmendar el PP, pactando o gobernando. No lo logró y no lo logrará. No desde esos planteamientos tibios y retrógrados. No se trata de cambiar planes de estudio, sino valores. No es cuestión de componer una Ley potente, sino de descomponer el origen mismo del vicio que entumece al sistema: la falta de competencia, el monopolio del Estado, el igualitarismo, el desprecio de la excelencia, el elitismo, la lucha individualista, el esfuerzo persona. Para conseguir mentes formadas debe empezarse desde el principio, no basta con construir universidades y masificarlas. Los primeros años, la cultura básica, la inculcación de contenidos a temprana edad, el hábito de estudio… todo se forja antes de los 14 años. Pocos enmiendan carencias anteriores. Si no se hace hincapié en todo lo que respecta a la educación infantil, primaria y secundaria, de poco servirán un bachillerato, una universidad o una escuela profesional de altura y exigentes. Nada importa en la altura intelectual básica de un individuo que llegará a cursar las licenciaturas de Derecho, Historia o Física. Un sistema eficiente es aquel que consigue fontaneros, mecánicos, abogados o médicos con una base formativa equivalente en lo fundamental. Para ello deben desaparecer complejos, falsas expectativas, debe alejarse a padres y alumnos del culto a la universidad, aun cuando ésta tenga que ser degradada merced de nuevas licenciaturas y diplomaturas que en nada comulgan con su espíritu original. La universidad no es el destino, ni el referente de la frustración, o la salvación del prestigio familiar o personal. Debe ser un cauce para generar profesionales con demanda en el mercado, al igual que las escuelas profesionales.

Si el PP quiere mejorar la educación de los españoles debe advertir la causa real de todos los males que padece: el estatismo, la universalidad y los prejuicios y valores más lastimeros y acomplejados del progresismo.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. enero 18, 2010 6:56 pm

    Creo que lo básico es abandonar el término “educación” y utilizar ENSEÑANZA, la educación es en la familia, la enseñanza en colegios institutos y universidades (de carácter privado y de libre elección y si el estado quiere “garantizar”/”obligar” algo en este sentido que sea mediante el cheque escolar)

    • enero 18, 2010 8:54 pm

      Estoy de acuerdo.

    • enero 21, 2010 12:48 am

      Como profesor de secundaria no podía estar más de acuerdo contigo.

      • enero 21, 2010 7:54 pm

        Primaria y secundaria son la base, lo fundamental. Sin diseñar bien los contenidos y métodos de enseñanza en esos periodos, el resultado final (universitario, profesional o de fracaso escolar) será siempre nefasto.
        Saludos! 🙂

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