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Una intuición sobre el derecho de compensación por copia privada

enero 20, 2010

Supongamos que exista el derecho a ser compensado por copia privada: el propietario de una copia (en cierto soporte material) autorizada por el titular del derecho de autor, permite su recopia, normalmente en favor de un tercero, que desde ese momento se convierte en propietario del soporte que contiene el objeto protegido por derechos de autor, pero sin el consentimiento directo de su justo titular.

El derecho de compensación, dice la ley, es irrenunciable por autor, que en todo caso podría decidir a qué precio ofertar su creación, incluso donarla. La contradicción resulta evidente: un autor que comunica su creación, permitiendo la recopia indiscriminada y gratuita, pero que, sin embargo, carece de la facultad de renuncia a “su” derecho de compensación por copia privada. Algo que es irrenunciable para el individuo, no puede considerarse suyo, dada la imposibilidad que tiene de transarlo. La Iglesia dice que nuestra vida no nos pertenece a nosotros, sino a Dios. Algo parecido sucede con la SGAE y el Ministerio de Cultura: el derecho de autor no nos pertenece, es del viento… que es igual a afirmar que pertenece a todos, a la cultura, al interés de los artistas, o el eufemismo que prefieran.

Pero hay algo más. El autor no solo no puede renunciar a la compensación (absurdo, como hemos visto, dado que sí puede renunciar al lucro sobre la transmisión de su obra, ergo, no habría nada que compensar), sino que en caso de reivindicarlo, no puede exigirlo por sí mismo, como una acción individual. La ley concede su gestión y recaudación a las entidades colectivas que representan derechos de autor. Es decir, autores lo somos todos. Si colgamos una fotografía o una canción en internet, renunciando tácitamente al posible lucro que pudiéramos obtener de ella, no perdemos en cambio nuestro derecho a ser compensados (¡!) por las copias privadas que de nuestra obra pudieran hacerse. Pero a pesar de que la ley obliga a quienes fabrican medios capaces de albergar nuestra creación a compensar indiscriminadamente, sean o no utilizados dichos medios para contener copias privadas de ésta, o de la creación de cualquiera, no existe el correlativo derecho a exigir directamente lo que se nos reconoce. Debe hacerse de forma colectiva, pero impersonal.

Las entidades de gestión de derechos se deben a sus asociados. Reciben fondos indiferentemente a su identidad, es decir, se financian bajo un criterio de representatividad abstracta, pero no personal. Es un criterio confuso pero que deriva en sociedades de autores nutridas a través de un cálculo estimativo y colectivista, y no en consecuencia de la cantidad de autores y sus creaciones (o el lucro que generan en el mercado) asociados en las mismas.

La ley diseña el canon y las entidades de gestión, previo reconocimiento del Ministerio, ingresan, en función de su representatividad estimativa o abstracta, lo que de aquel se recauda. El criterio de reparto debe contenerse en sus estatutos, presumiblemente filtrados por el Ministerio en el acto de validación. La ley solo exige que sea un reparto equitativo entre los socios.

Veamos las contradicciones: se recauda en función de un criterio colectivo, de representatividad abstracta o impersonal, pero se reparte entre los asociados efectivos, pese a que la mayoría de las copias privadas de creaciones protegidas por derechos de autor son sobre obras producidas por autores no asociados en ninguna entidad de gestión. Dado que se permite la renuncia al derecho, la compensación se legitima por la mera creación, de cualquiera, si bien se dirige única y exclusivamente hacia los bolsillos de quienes se asocian y, según el criterio de reparto estatutariamente definido, tienen reconocido el derecho a recibir una parte de lo recaudado.

Se trata de un impuesto, camuflado bajo el nombre de canon o compensación, regulado de manera sospechosa y en gran medida contradictoria con el régimen general tributario y las exigencias, también generales, en materia presupuestaria, cuya gestión se concede a cierto tipo de asociaciones, y cuyo destino no es otro que sostenerlas institucionalmente, así como lucrar a sus asociados. En definitiva, un robo amparado en una legislación con claros visos de ser difícilmente integrable con el resto de normativa (ejem…). La propia Ley de Propiedad Intelectual es un despropósito en sí misma, llena de contradicciones, reconocimientos incoherentes o incompatibles.

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. atroma permalink
    enero 20, 2010 8:18 pm

    Una tontería. Propiedad no es ¿pro y piedad? Es decir, a favor de la compasión. Pues bien nos vendría que la demostraran.

    Otra, no tengo muy claro si es o no tontería, pero ¿se puede considerar propiedad aquello que deja de serlo a los 70 años del fallecimiento? ¿Podría ser, por tanto, una propiedad horizontal?

    Salud.

  2. enero 20, 2010 10:39 pm

    Hola,

    creo que es más sencillo que todo eso :

    – Hay que pagarle al fabricante de coche X un canon de derecho de propiedad intelectual por el prestamo del coche al hijo del papa que lo compró ?
    – Cuando le presto un vasito de azucar a la vecina, ¿ he de pagar derecho de propiedad intelectual a la fábrica de azucar ?
    – Cuando le cuento a mi hijo algo de lo que me enseña mi profesor ¿ le pago derecho de propiedad al profesor ?
    – ¿ los herederos de Einstein, Monturiol, Cajal, Riemann, ….cuanto reciben de derecho de propiedad intelectual ?
    – Lopez Pujal ( el de telepizza ) ¿ cobra por cada pizza que me mandan a casa ?
    – cuando mi jefe presenta el informe que he preparado informe ¿ le pido derecho de propiedad intelectual ?

    El derecho de propiedad intelectual como tal derecho si es que existe :
    – tiene de tener como contrapartida el derecho a poder elegir comprar o no ¿ quien quiere jugar a poner su resultado intelectual en la calle y que el personal elija si quiere comprar o no ?
    – Te obliga a una cosa muy sencilla : Ser creativo, ser intelectual … y eso no puede ser el resultado de vivir de las glorias contrastadas o no del pasado.

    • enero 20, 2010 11:13 pm

      He querido atacar al canon desde la propia regulación vigente, en otro sitio definiré cuál es mi posición respecto del reconocimiento de dominio sobre composiciones intelectuales distinguibles. No es tan sencillo. Lo cierto es que el canon es contradictorio con el mero reconocimiento de la licitud de la copia privada, pero es que además se articula como una forma impositiva irregular, desproporcionada e incongruente.
      Saludos!

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