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Los negros, a Haití

enero 21, 2010

Existe un clamor al respecto: el pueblo quiere endurecer la ley de inmigración. La solución Vic no es mal vista por la mayoría de los españoles, y sin embargo, todos nos afanamos en ayudar a los pobres haitianos y sus temblores. Fuera inmigrantes cuando nos resultan incómodos (el Estado de Bienestar tiene estas cosas), que se queden en sus países, multiplicándose y asilvestrándose al cobijo de la ayuda al desarrollo y las ONG. Haití es hoy, pero también lo era un minuto antes del fatal terremoto, el país con más ONGs del mundo. También luce otras medallas: los haitianos son los más pobres de América. Con su renta per cápita anual aquí en España nos compramos un portátil bien armado. ¿Y nos preguntamos por qué hay inmigrantes?

A la izquierda., un Haití deforestado. A la derecha, una República Dominicana verde. | Getty Images

A la izquierda., un Haití deforestado. A la derecha, una República Dominicana verde. | Getty Images

El amancebamiento al que sometemos a los negros haitianos no es suficiente para muchos. La emigración es la única vía para escapar al horror de una sociedad estancada, entumecida, incapaz de generar oportunidades. Haití tiene problemas, institucionales y políticos. Es imposible que un pueblo con una renta tan baja, una esperanza de vida inferior a los 50 años y una tasa de enfermedades infecciosas tan elevada, duplique su población en apenas medio siglo. Algo sucede con Haití, el segundo país independiente de América (después de los EE.UU), el primero en abolir la esclavitud. Bien por mala conciencia, por interés estratégico, o lo que sea, dos siglos lleva el país caribeño viviendo de la ayuda exterior.

EE.UU quiere ocuparlo, no tengo claro si por Cuba, Venezuela o el azúcar. Lo hizo hace una centuria, aprovechando tumultos y caos. Lo intentó hace unos años, por los mismos motivos. El terremoto y los 70.000 muertos se lo han puesto en bandeja. Y mientras tanto Haití seguirá siendo una fábrica de pobres, niños para adoptar, asilvestrados y emigrantes.

Seguimos moviéndonos por la culpa, en la religión secular de la cooperación internacional ayudar al miserable alivia conciencias. El Estado de Bienestar se funda en valores atávicos, ajenos a la sociedad extensa de hombres y mujeres libres. Valores que nos empujan a solidarizarnos con los pobres negritos de Haití. No está mal, cuando se trata de algo puntual, de extrema necesidad. Es la medida de la bondad. Pero lo que propone el Estado de Bienestar encarna violencia, entre pagadores y beneficiarios, pero también entre propios y extraños. Al de fuera solo se le tolera en tiempos de bonanza. Cuando aprieta, se le mira con inquina y desprecio. Solución: cada pobre a su país que ya mandaremos ayuda cuando la tele nos muestre sus heridas y desgracias.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. Liberand permalink
    enero 21, 2010 6:54 pm

    Me indigna la hipocresía que estamos observando en estos días: todo el mundo llora y pide ayuda para los haitianos, se lamentan de su miseria y suplican a sus gobiernos que hagan “algo”. Pero a su vez esa misma gente, se le hierve la sangre cuando es un inmigrante el que se coloca delante en la cola del ambulatorio o al que le dan una vivienda de protección. Curiosamente muchos de ellos son los descendientes de aquellos que emigraron de un “sinfuturo” en sus provincias a la periferia de Barcelona, Madrid o Bilbao en busca de una mejor vida y se beneficiaron durante muchos años de una redistribución de la riqueza en su favor.

    • enero 21, 2010 7:57 pm

      No existe ese tipo de memoria, descuida… Creemos tener derecho a todo lo que disfrutamos y a más. Lo curioso es que, hasta que se tiene mucho, siempre se quiere lo de los demás. Cuando se entra en el club de los “acomodados”, comienza el desprecio por el pedigüeño. Es otro de los vicios que crea y alimenta el Estado de Bienestar: puro atavismo.
      Saludos!

      • Espectador permalink
        enero 22, 2010 2:10 pm

        Es curioso: parece que el éxito consiste en pasar de envidiar a los que tienen más, a despreciar a los que tienen menos. Es como el test de la mediana edad; es el momento en que se pasa de criticar a los más viejos a hacerlo con los más jóvenes. Quizás sea un imperativo biológico.

        En cuanto al racismo, es fácil no ser racista cuando alrededor apenas hay miembros de otras razas, como en la España de hace unas décadas, en la que se decía: “Aquí no somos racistas” (salvo por los gitanos, claro). Es más difícil y meritorio seguir siendo no racista o xenófobo cuando “los otros” abundan, sobre todo si las circunstancias económicas son malas.

  2. LuisVaezdeTorres permalink
    enero 21, 2010 8:41 pm

    Te recomiendo el libro “Colapso” de Jared Diamond.Hay un capitulo titulado:Una isla,dos pueblos,dos historias:La Republica Dominicana y Haiti”.
    El autor no entiende como los dictadores dominicanos Trujillo y Balaguer pudieron ser tan ecologistas y previsores, en contraposicion a los dictadores de Haiti, nacion independiente de Francia desde 1804.
    Por supuesto el autor aclara quela poblacion es diferente en los dos lados de la isla pero no establece ningun determinismo biologico,ya se guardaria.

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