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Elemental

enero 24, 2010

Hay dos cosas que Guy Ritchie no ha llegado a entender (o eso parece), a pesar de la experiencia (y la evidencia): que un matrimonio con una diva no dura para siempre, trae problemas y muchos dolores de cabeza, y, que la distancia entre el Tower Bridge y el Parlamento no puede recorrerse en apenas tres secuencias. Dicho lo cual, su última película, Sherlock Holmes, es un trabajo bien hecho, entretenido, sin demasiadas licencias y muy fino en el tratamiento de los personajes. Las actuaciones de Law y Downey jr impecables, la ambientación excelente y la historia redonda, aunque tengamos que esperar a la más que previsible secuela para ver en acción al mítico trío de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle.

Y como en toda película que veo, dos ideas que me interesa resaltar. Primero, la más evidente: el genio del individuo hábil y creativo frente a la maquinaria organizada de persecución del crimen. Hablo de Holmes y de los criminales que siembran sus acciones de enigmas indescifrables. No es la policía quien resuelve robos, complots o asesinatos; son mentes brillantes, de individuos que, dentro o fuera de una organización, despliegan facultades e intelecto en la ardua tarea de componer respuestas a partir de circunstancias complejas.

Y con esta última idea introduzco el segundo comentario: en un momento de la película, conversando Holmes y Watson, dice el primero que son los hechos, y no las teorías, lo que debe ir primero en el esfuerzo intelectual por resolver enigmas, es más, cuando el observador acude a los hechos tratando de ver cumplidas sus teorías previas, los pervierte y contamina, impidiendo o dificultando la obtención de conclusiones rigurosas o exactas. Permitámosle la licencia intelectualoide al guionista, pero corrijamos la afirmación echando mano de las aportaciones epistemológicas y metodológicas de Popper y Hayek: la mente, como orden sensorial tramado, es una red de teorías, de memorias, relaciones causales conectadas, percepciones archivadas, gracias a la cual puede el individuo tratar de comprender lo que le rodea y percibe por sus sentidos. La teoría es previa a la experiencia, si bien los hechos pueden remover viejas certezas y fundar nuevas reglas, pero no en la forma que defiende el inductismo de Holmes. Cuando observa los hechos, fijándose en las pequeñas cosas por ser más relevantes (eso dice en la película), lo hace gracias a teorías sensoriales previas, seleccionado datos, combinándolos e incluyéndolos en una forma de comprender la realidad que ya existía antes de acudir a tales hechos. El método que utiliza Holmes, por muy altivo que sea, es el deductivo. Su brillantez, su complejo y rico orden sensorial, le permiten componer respuestas inaccesibles para mentes menos hábiles. La experiencia, los hechos, la prueba y el error, corrigen sus teorías previas, sirven de marco para conectarlas, contrastarlas y refutarlas, en un esfuerzo de falsación de hipótesis previas. No existe el observador que no altere los hechos, discriminando y desechando, en prelación o relación específica. Todo ello forma parte de la estructura mental, de esa red de teorías cognitivas sin las que ni Holmes, ni nadie, seríamos capaces de atisbar la más nimia explicación sobre la realidad que nos rodea.

Dicho esto, recomiendo la película, creo que después del resacón de Avatar, merece la mena pagar por creaciones tan completas y satisfactorias como el Sherlock Holmes de Guy Ritchie.

Saludos y Libertad!

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