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Cadena perpetua

enero 27, 2010

El asunto de las penas y su endurecimiento salta a primera plana cada vez que los medios de comunicación dan una noticia sobre un delincuente concreto, que gracias a los beneficios del código penal (o la ley penal del menor) de su momento, pasea libremente por las calles. Sucedió con De Juana Chaos, sucede ahora con “el Rafita”.

El buenismo acude a tres argumentos:

1. El endurecimiento de penas, la cadena perpetua misma, o incluso la pena capital, no contribuyen a reducir la criminalidad: este argumento es tan grosero que complica una réplica igualmente concisa. Penas más duras sí contribuyen a disuadir el crimen de baja intensidad. Se aferran a los grandes crímenes para respaldar su afirmación, cuando en realidad éstos no representan sino una parte ínfima del total de actos delictivos en cualquier sociedad occidental.

2. Nadie es absolutamente responsable de sus actos, creen los buenistas, pecando de un burdo pero atractivo determinismo. De este modo todos nos vemos reflejados en la persona del criminal y sus circunstancias, salvo que los crímenes cometidos atenten contra alguno de los bienes híper protegidos por el progresismo. Si no eres un maltratador, un violador, un racista o un pedófilo, siempre hallarás comprensión por parte de algún “intelectual”. Incluso los asesinos, cuando su objetivo superior sea de tipo colectivo, terminarán por encontrar indulto entre la progresía.

3. Conectado con el anterior, las penas deben servir para la reeducación del criminal, y no para su castigo (salvo cuando atente contra los bienes señalados, donde las penas representarán un castigo feroz e implacable “de toda la sociedad”). Dado que no se cree en la otra vida, es en este mundo donde cada individuo merece su particular purgatorio. Dado que la acción humana no es libre y responsable por completo, siempre cabrá la posibilidad de recuperar al criminal a la vida social.

El buenismo, en todo caso, olvida un elemento fundamental en todo sistema de tipificación delictiva y señalamiento de penas: la víctima. El colectivismo ciega la realidad personal, subjetiva, de cada crimen. Son individuos quienes sufren las consecuencias de las acciones ilícitas. Muy al contrario el socialismo tiende a realizar cálculos de utilidad social olvidando por completo la situación de quienes sufren el daño. Manejan a víctimas y criminales como pequeños granos de arena de un juego dominado por intereses superiores, generales.

La tipificación de conductas, el diseño de penas y su gradación o concurso, tienen su origen en un proceso evolutivo de formación institucional. Lo que las diferencia de otros contenidos normativos es que, en todo lo que se refiere a la definición de acciones ilícitas y sus consecuencias irresistibles, ha primado, a favor de la libertad individual, el carácter explícito de la norma, así como la limitación expresa y sistemática de la pena que de ella deriva. Rara es la civilización sin un orden formal de delitos y penas, codificado de alguna manera, por todos conocido, a fin de dotar de cierta seguridad sobre las decisiones al tiempo que levantar un límite rígido para quienes tuvieran que aplicarlo.

Robar es tomar, con fuerza, violencia o intimidación, lo que no te pertenece. Si al ladrón se le sanciona con la mera devolución, la víctima no se verá resarcida en todo el daño soportado, como tampoco se eliminará el incentivo para que el delincuente lo vuelva a intentar. Si a la devolución de lo usurpado se añade una pena adicional, es probable que la víctima se sienta resarcida, pero no que el ladrón pierda totalmente el incentivo de seguir robando. La cuadratura del círculo estriba en que la sanción marque al delincuente, a modo de castigo, pero también medida de protección para el resto de individuos: cortar la mano de quien roba procede, con toda seguridad, de una búsqueda marcada por los objetivos comentados.

Lo que diferencia a los sistemas penales estatistas de la modernidad hasta la fecha, es que el orden público queda definido en función de los intereses de quien domina al resto de individuos. Cuando la dominación se ejerce de forma impersonal, a través de la maquinaria estatal, obteniendo la legitimación, o recibiendo su soberanía, del fetiche llamado “interés general”, los sistemas penales olvidan, paulatinamente, el interés de la víctima. Se centran en reeducar, en marcar al criminal, en buscar el acotamiento de los incentivos. Curiosamente, a medida que orillan a la víctima, pierden también la eficiencia soñada.

La cadena perpetua no debe verse, desde una perspectiva liberal, subjetivista, individualista, como estrategia para reducir el número de crímenes. Es una pena calculada en términos de justicia, no de interés general. Si el daño así lo exige, la privación perpetua de libertad, puede ser una pena Justa para la víctima, y por tanto, justa para el criminal.

El Estado, o el poder público encargado en su caso, intercede entre víctima y criminal a fin de garantizar el orden público. Su función es esa y no otra: defender lo recto, perseguir el crimen en ayuda de la víctima y evitar que ésta se tome la justicia por su mano, favoreciendo un sistema formal de castigo que satisfaga las legítimas pretensiones de los damnificados y perjudicados. Para que la madre de Sandra Palo no se vea en la compleja y desagradable posición de perseguir y matar a “el Rafita”, el Estado, o el poder público en su caso, debe interceder, encargarse él de capturar al criminal, aclarar los hechos, condenarlo, y bien acabar con su vida, o apartarlo de por vida del resto de individuos (legitimados para acabar con la vida de quien no se merece consideración alguna).

Semejante poder, el de tipificar conductas delictivas, perseguirlas, castigarlas y ejecutar dichos castigos durante cierto tiempo, mediante determinadas vías, exige control, límites, la formalización de sistemas objetivos de tipos, penas y procedimientos.

La reivindicación de la cadena perpetua como castigo adjudicado a concretas conductas, especialmente dañinas, debe argumentarse como una medida a favor de la víctima, no de “la sociedad” en su conjunto. No es una decisión encaminada a reducir la criminalidad. Es una decisión de Justicia conmutativa, Justicia en sentido estricto (lejos de la deformación conocida como “justicia social”, o distributiva). Quienes defiendan la implantación de la reforma deben hacerlo conscientes de qué argumentos la sostienen y justifican. Solo así lograrán mantener la coherencia y la solidez de sus argumentos.

Saludos y Libertad!

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22 comentarios leave one →
  1. enero 27, 2010 7:18 pm

    Perdón pero al entender que yo soy una de esas “buenismas” los que piensan lo contrario, ¿son “malismos” O_o

    • Yosoyhayek permalink
      enero 27, 2010 10:13 pm

      Que seas buenista no implica que seas buena persona, sí que antepones el verdugo a la victima, que no te importa el individuo sino algo etéreo llamado “sociedad”, que premias al que hace el mal por miedo a verte tú en su situación, porque al final os sucede eso, os apiadáis por mala conciencia, por miedo a la responsabilidad, porque preferís la evasión del determinismo a la “crudeza” de la libertad… Sigo?

      • enero 27, 2010 10:22 pm

        No, no, no, ni siquiera he dicho nada de las víctimas.

        Y oye, muy interesante ese psicoanálisis que me has hecho, no das ni una, pero me ha resultado muy curioso.

        Yo sólo quería saber que si unos son “buenísimos” qué nombre les das a los que opinan como tú, nada más.

      • enero 27, 2010 10:41 pm

        No te voy a seguir el rollo, en serio, esos juegos te delatan: prefieres no opinar sobre el fondo de la cuestión.
        El buenismo es una categoría política de nuevo cuño, post Zapatero, entiendes?
        Saludos!

      • enero 27, 2010 10:55 pm

        No a ver. No es que no quiera responder sobre el fondo del post. Pero sí quería hacerme a la idea de lo que estábamos hablando.

        Cierto que el que me entres descalificando me presenta dudas sobre si vamos a poder tener un debate. Entiéndeme, a una a veces no le apetece que la insulten. Pero si tú estás dispuesto, yo no tengo problema en entrar en el fondo del meollo.

        Un saludo 😉

      • enero 28, 2010 6:29 pm

        ¿Por qué crees que no es Justa la cadena perpetua?

  2. enero 27, 2010 8:26 pm

    Yo creo que la finalidad preventiva también es muy importante: impedir que una persona no reinsertada y que se sabe por sus características, tanto delictivas como psicológico-psiquiátricas, que va a volver a delinquir, que efectivamente lo haga. Es impedir que su siguiente víctima sufra las consecuencias de la “mente criminal” del sujeto en cuestión.

    Por lo demás estoy de acuerdo que se ha perdido totalmente la idea de responsabilidad personal y de defensa de la víctima. Con unos efectos nefastos, desde luego.

  3. JFM permalink
    enero 27, 2010 8:28 pm

    Hay otra optica y es sencillamente la prevencion del crimen futuro: existen criminales para los cuales la probabilidad de reincidencia es de un 100 por cien. Dejarlo salir es una pena de muerte para un inocente. La sangre de la victima estara sobre las manos del que lo haya soltado, Y esto va mas alla del juez, tambien incluye al politico que se ha negado a cambiar la ley y al periodista buenista que le ha intimidado. En mi opinion los familiares de la victima estan fundados a exigir responsabilidades y si se les niega esa posibilidad a tomar venganza.

    • enero 27, 2010 9:03 pm

      No te falta razón, pero repito, mi argumento es de mera justicia: determinadas conductas sólo cabe castigarlas con la mayor de las penas, y puesto que existe cierto consenso contra la pena de muerte, la única opción posible es la cadena perpetua. Dicho esto, tu comentario resulta oportuno, pero no deja de responder a un cálculo de utilidad social y prevención que nunca, por si mismo, justificaría la privación de libertad de por vida: no se puede mantener recluido a alguien por si acaso.
      Saludos!

      • JFM permalink
        enero 28, 2010 11:35 am

        Tampoco puedes liberar a Marc Dutroux por si acaso se ha vuelto un buen chico (recuerda que en nuestras prisones laicas al detenido simplemente se le encierra sin buscar su arrepentimiento) confiando en que no decida reemprender su muy lucrativo negocio de rapto de pre-adolescentes, videos porno y asesinato cuando esten gastadas.

        Por cierto que si reflexionas sobre la sorprendente leniencia del estalinismo con los delincuentes comunes te daras cuenta de que estos son utiles a un regimen opresor para tener amedrentada a la poblacion, para que esta reclame mas estado y, eventualmente, como vivero para hacer los trabajos demasiado sucios incluso para el NKVD. Por ejemplo las violaciones masivas que ocurrieron al paso del ejercito rojo despues de que se vetiera en él lo peor que habia en las carceles. Lee el capitulo sobre el Gulag en guerra en el segundo tomo de el “Archipielago”.

  4. atroma permalink
    enero 28, 2010 9:34 am

    Pues no sé si definirlo como buenismo es acertado, cuando en realidad si pudiésemos comparar sistemas, lo mismo el buenismo se alinea con el malismo. Porque cierto es que las penas son menores en cuanto a delitos de sangre, o crímenes, y aun más ofensivo es cuando valorado el delito, se obtiene ciertos beneficios dudosos. En ese aspecto el buenismo puede causar un mal todavía más injusto. Sin embargo, el buenismo no suele ser tan dócil con los que no pagan impuestos, conducen borracho, o compran tabaco en Portugal para venderlo en España. En esa dualidad de criterios posiblemente el buenismo no sea tan vigoroso.

    Y cabe más que decir, que uno es buenista con el sistema penal de delitos que afectan individualmente a personas, por el vago principio de solidaridad. Y eso sólo tiene una lectura posible; pensar que te puede llegar a pasar por el lado contrario de los que verdaderamente sufren.

  5. enero 28, 2010 10:53 am

    “El endurecimiento de penas, la cadena perpetua misma, o incluso la pena capital, no contribuyen a reducir la criminalidad: este argumento es tan grosero que complica una réplica igualmente concisa.”

    No es grosería, es la realidad:

    http://www.criminologia.net/pdf/reic/ano1-2003/a12003art2.pdf

    “La cadena perpetua no debe verse, desde una perspectiva liberal, subjetivista, individualista, como estrategia para reducir el número de crímenes. Es una pena calculada en términos de justicia, no de interés general. Si el daño así lo exige, la privación perpetua de libertad, puede ser una pena Justa para la víctima, y por tanto, justa para el criminal.”

    Las leyes deberían ser efectivas y no sólo cantos al sol. A mi me interesa que cuando se piensa en leyes se piense en cosas que funcionan. La lucha por las cosas etereas es muy divertida, pero la lucha por reducir la criminalidad en el mundo real está aún mejor.

    Lo que es “buenista” es defender la lucha éterea y platónica antes que la solución práctica de los problemas reales.

    • JFM permalink
      enero 29, 2010 11:23 am

      Para ser cinico diré que una abogada defiende su negocio. Y que en paper que citas ni hay otras opiniones aparte de la del autor, ni una atisbo de otro enfoque que el juridico-buenista ese de la reinsercion y que se jodan las victimas, ni claro esta la menor heuella de numeros

      Sandra Palo no hubeise sido asesinada si sus asesinos que tenian ya literlamente cientos de delitos a cuestas hubiesen estado cumpliendo sus penas. Tampoco las victimas de Marc Dutroux. O las dos mujres policias de Hospitalet, viioladas y asesinadas por un liberado.

      Ahora yo estoy muy de acuerdo con que se libere al liberado ese que hé mencionado. Siempre que esté en un recinto hermetico, a solas con la abogada esa.

  6. enero 28, 2010 9:39 pm

    Respondiendo a tu pregunta, porque no creo que haya seres humanos malos por naturales “porqué si”.

    Creo que en gran medida las causas son más sociales que otra cosa. Y también creo que todos somos responsables de ellas en mayor o menor medida.

    El fin de una pena ha de ser la reinserción. Pero para eso hay que hacerlo bien. Hay que tener dinero. Y no es el caso. Así que se busca la fórmula fácil. El castigo. Así sólo es una medida punitiva.

    La pregunta es ¿tú eres el mismo hoy que cuando tenías 18 años? Los seres humanos evolucionamos. Maduramos, cambiamos. Si se pone una pena de cadena perpetua estás castigando a una persona, que quizá luego no sea la que en primer lugar delinquió.

    Yo entiendo que las víctimas tienen derecho a que haya justicia y que haya una reparación por medio de una pena. Pero hay ahí una línea muy débil entre justicia y venganza.

    También creo que una decisión como esta las carga el diablo. ¿Quién decide lo que se merece una cadena perpetua y quien no? Eso de la gravedad del delito. ¿Es peor un asesinato (dejas de sufrir) o una violación (puedes sufrir toda tu vida)? ¿Los metemos todos en las cárceles y que se pudran?

    No lo veo. Y no creo que solucione nada.

    Porque creo que el problema que tenemos es otro. Se necesita una reforma judicial. Pero no ya en el sentido de endurecer penas. Sino en vigilar al vigilante. O mejor dicho, en algún tipo de organismo o como lo quieras llamar que mire si tienen sentido según qué decisiones de los jueces.

    Un juez decidió soltar a un violador porque la víctima llevaba minifalda, otro porque la víctima era muy culta y sabía cinco idiomas. Hace nada, se ha dejado libre a un profesor de baile que se acostó con dos niñas de 14 años porque ellas se podían haber negado a entrar en una habitación.

    ¿De qué sirve tener una cadena perpetua si el criminal no llega a la cárcel?

    Por otro lado sí que estoy de acuerdo en que si no hay modo de reinsertar a un delincuente, no esté en la calle, aprovechándose del la incongruencia de la ley. Creo que en esos casos, se debería tratar, pero psiquiátricamente.

    Además, los errores de meter inocentes en la cárcel ya son suficientemente graves y numeroso cómo para además “castigar a una persona a dejarle sin ninguna esperanza”.

    Un saludo y gracias por interesarte.

    • enero 28, 2010 10:49 pm

      Estoy de acuerdo, el poder debe ser supervisado y escrutado en sus decisiones, no solo por otros poderes públicos.
      No estamos hablando de maldad o bondad original. Los individuos, mereciendo autonomía e independencia personal, han de ser igualmente responsables de sus acciones voluntarias. Cuando hablas de “la sociedad” como inductora de ciertos resultados, no dices nada queriéndolo decir todo.
      La víctima tiene derecho a que se haga justicia, y la justicia si no es proporcional y compensatoria, no es. La presencia de un poder público (controlado) ejerciendo de intermediario, lo que garantiza es el orden, es más, es un resultado de dicho orden, de la evolución institucional que genera sociedades extensas, compatibles con la libertad individual… y la responsabilidad. En sistemas previos a la irrupción del Estado, como expropiador de la acción penal, antes en manos de la víctima, ahora del interés general o los intereses del gobernante concreto, el juez disponía un límite máximo a la pena. La víctima era dueña de ejecutarla en su grado sumo e incluso indultar al criminal. No creo que esta sea una solución coherente con el tipo de orden social que vivimos, pero sí orientativa.
      El criminal debe pagar por sus actos, no merece que un juicio o cálculo de utilidad social, mera política, interceda entre el derecho de la víctima y la integridad de su verdugo. El poder debe interceder para evitar la venganza, debe articular penas objetivas, pero también debe ser justo con quien sufre el daño. La cadena perpetua es la única forma de compensar, castigar y hacer justicia cuando el daño es irreparable en un sentido extremo.
      Saludos!

      • enero 29, 2010 1:25 am

        El problema que yo le veo en eso de dejar que sea la víctima quien decida es que en gran medida, no será justicia, sino venganza. (Aunque pudiera hasta indultarlo).

        Sí un fulano abusa de mi hija, yo lo mato. Eso es lo que sentiría. Si en un momento de dolor, tengo que elegir, no estoy cabal.

        Aún así (de eso podríamos hasta filosofar mucho), si nos atenemos a la realidad de hoy. Tú estás basando el sistema de justicia y castigo en la víctima. Ahora centrándonos en lo que sí tenemos hoy. ¿Qué pasa si la víctima no piensa como tú? Si no quiere sentir la responsabilidad de tener que pensar, o pelearse entre sus instintos y su conciencia? A esas víctimas les estás quitando ese derecho que sí les otorgas a las otras.

        Por eso, desde el respeto más absoluto a cualquier víctima, creo que no se debe dejar que sean ellos los que nos dicten las reglas.

        Y cuando hablo de sociedad, hablo de dejación de responsabilidades. Todo el mundo ha de tener qué comer, ha de tener educación, ha de tener sanidad. Unos mínimos. Creo que con esto se evitaría muchos delitos. Obviamente no todos. Y Obviamente quien decide delinquir ha de ser responsable de lo que ha hecho. Pero hay veces que los delincuentes no se hacen, sino que los hacemos.

        Un placer! 😀

      • enero 29, 2010 3:53 pm

        No existe el derecho a comer, ser educado o recibir atención médica. ¿Frente a quién?, ah, claro, frente a “la sociedad”… pero quién lo paga: todos y cada uno de nosotros. ¿Qué pasa si yo no quiero? Muy sencillo, que se me impone un criterio moral, atávico, colectivista, me guste o no. Y si me niego, me embargan o meten en la carcel. Eso sí que es injusto, dado que en el supuesto de que me negase a pagarle la sanidad, la eduación o lo que fuera a otros, no estaría vulnerando derecho alguno, puesto que tales cosas no son derechos, sino actos de redistribución coactiva. Eso sí que es injusticia y no que una víctima disponga sobre la pena que debe imponerse a un delincuente, cuya culpabilidad ha quedado probada, en virtud de hechos que sí generan responsabilidad y por tanto, un derecho a favor de quien recibe el daño.
        Saludos!

      • enero 29, 2010 6:28 pm

        En esto sí que dudo que nos vayamos a poner de acuerdo, entre otras cosas porque ambas maneras de verla sociedad son antagónicas. Yo creo que en la responsabilidad colectiva y tú en la individual (digo para con la sociedad y/o ciudadanos).

        Aún asi en el caso del ¿y qué pasa si yo no quiero? es lo mismo con el qué pasa ¿si yo no quiero que la sanidad sea privada, o la educación…? que al final, manda la mayoría, nos guste o no. Y lo más seguro es que los resultados no nos dejen contentos ni a ti ni a mi. Y ante eso lo único que podemos hacer es reivindicar lo que consideramos justo allá dónde consideremos oportuno.

        Ahora te planteo otra cosa. ¿Quién es la víctima? Imagínate un caso de un asesinato, víctimas son ¿los padres, los hermanos, los abuelos, los amigos, la pareja, los hijos? ¿Quién es víctima? Si dejamos sólo a los padres, por poner un ejemplo a “decidir” el castigo al asesino. ¿Qué pasa si no están de acuerdo?
        Pongamos que ha sido un homicidio involuntario. Y se arrepiente mucho, les pide perdón a los padres. Uno de ellos quiere que se pudra en la cárcel, el otro entiende la situación que se dió, empatiza con ese joven que es de la edad de su hijo y prefiere que el castigo contemple horas a la sociedad, educación y que pueda salir con posibilidades de ganarse la vida.

        ¿A quien hacemos caso? ¿Tiene el juez que inclinarse entre una víctima u otra?

        Un saludo 😀

  7. JFM permalink
    enero 29, 2010 11:54 am

    Por otro lado sí que estoy de acuerdo en que si no hay modo de reinsertar a un delincuente, no esté en la calle, aprovechándose del la incongruencia de la ley. Creo que en esos casos, se debería tratar, pero psiquiátricamente.

    Desde cuando el hecho de que un delincuente no sea reinsertable significa que esta loco? Marc Dutroux no era ni es un caso psiquiatrico. Lo hacia por dinero.

    Además, los errores de meter inocentes en la cárcel ya son suficientemente graves y numeroso cómo para además “castigar a una persona a dejarle sin ninguna esperanza”.

    A mi me parece mas grave condenar a niñas a muerte porque personas como tú no han querido dejar sin esperanza a su asesino.

    • enero 29, 2010 12:21 pm

      1.- ¿Y de cuantos estamos hablando? ¿De 1? pues para eso las penas que hay actualmente son más que suficientes.

      2.- ¿Y usted prefiere que se condene a inocentes, con tal de “salvarlas”? (juicio de valor sobre usted tan válido cómo él que acaba de escribir usted)

      Y la solución por supuesto es la cadena perpetua y no una reforma de la ley de la judicatura. No sé si se ha leído dónde he comentado sobre los que cometiendo el crimen no llegan a ser condenados.

      Pero no se preocupe, que la solución es “cadena perpétua”.

      Y así nos luce, claro.

      • JFM permalink
        enero 29, 2010 2:14 pm

        A la niña se la estaá condenando a muerte y muchas veces tras sufrimeientos indecibles. Nada en comun con lo que sufre el preso.
        Por cierto permitame una pregunta indiscreta: Usted no tiene hijas verdad?

        En cuanto a lo de tomar pretexto de los errores judiciales para no tener cadena perpetua permitame decirle que es un razonamiento profundamente estupido. Los errores judiciales se tratan con vigilancia durante el juicio incial y con procedimientos de revision del caso (recordemos que el reo no ha sido ejecutado). Usted lo que me esta diciendo es que bajo pretexto de que hay una pequeña posibilidad de que Fulano pudiese ser inocente, Mengano sobre el que tenemos videos en color y cinemascope de el cometiendo no uno sino varios asesinatos y que ademas sabemos sigue siendo peligroso va a salir al cabo de X años. Y sus futuras victimas pues, nada, meras estadisticas.

        Oiga porque no se pone usted a la salida de la carcel tal torero a la salida de los chiqueros en vez de dejarle cebarse en otras personas?

      • enero 29, 2010 3:44 pm

        Uno no puede imponer una norma de la sociedad basándose en lo que alguien puede o no hacer un futuro.

        Tampoco se puede hacer daño a un ser humano para salvar a otro. Lo que se ha de hacer es encontrar algo que los proteja a ambos. Incluído si uno es un delincuente o no.

        De eso se trata los DDHH.

        (P.D.: No, no tengo hijas. Ahora permítame a usted hacerle otra pregunta. ¿No es usted mujer, verdad?)

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